Súper exagerada esa mujer...
Me niego a que mi ex esposa me diga cuándo puedo ver a mi hija

Cuando dos personas se casan y deciden formar una familia, lo hacen pensando en el “para siempre”. Nadie se casa creyendo que esa vida durará unos años. Y sin embargo, sucede, y es algo que -por suerte- ya no está condenado por la sociedad. A veces, simplemente, los matrimonios no funcionan. Y la vida sigue. El problema es cuando los hijos pagan los platos rotos, como en esta historia que compartió un lector de Genial.
Estuve casado con Mariana durante cinco años, tuvimos a nuestra hija, Julia, que hoy tiene ocho años. Con Mariana decidimos divorciarnos por motivos de convivencia: éramos incompatibles en la vida diaria, los hábitos, los horarios. Yo siempre fui más nocturno y ella a las once de la noche ya estaba durmiendo. Como yo trabajo con mi computadora, y manejo mis horarios, puedo estar despierto hasta las cuatro, cinco de la mañana sin ningún inconveniente. Mariana trabaja como administrativa en un hospital, y se levanta a las seis. Siempre fue raro eso de no coincidir con los horarios exceptuando algunas horas en común, pero no fue un verdadero problema hasta que nació Julia.
Cuando nació Julia, todo se volvió más rígido, más áspero. Los horarios dejaron de ser una “incompatibilidad” y pasaron a ser un problema real. Mariana necesitaba dormir sí o sí para rendir en el hospital. Yo, en cambio, seguía pensando que la noche era mi mejor momento para trabajar. El ruido del teclado, la luz de la pantalla, mis idas y vueltas por la casa... todo empezó a molestarle.
Al principio intentamos organizarnos. Yo prometía acostarme antes. Ella intentaba ser más flexible. Pero ninguno de los dos cambió de verdad. Y en el medio estaba Julia, que lloraba a las tres de la mañana y a veces me encontraba a mí despierto, y otras a su madre agotada.
Con el tiempo empezamos a discutir por todo. No era solo el sueño. Era cómo criarla, qué darle de comer, cuánto tiempo podía usar la tablet, a qué hora debía dormirse. Mariana quería orden. Yo era más relajado. Para mí no pasaba nada si Julia se quedaba viendo dibujos hasta tarde un viernes. Para Mariana, eso rompía toda la rutina.
El divorcio llegó con mucho desgaste. Acordamos compartir el tiempo con Julia. Al principio funcionó. Yo la buscaba los fines de semana, jugábamos, veíamos películas, salíamos a caminar. Esos días eran lo mejor de mi semana. Pero pronto empezaron los roces otra vez. Mariana decía que Julia volvía desordenada, que cambiaba sus horarios, que después le costaba volver a la rutina. Yo sentía que exageraba. Que un par de días conmigo, durmiendo desde la madrugada hasta el mediodía, no podían hacer tanto daño.
Hace unas semanas, todo este tema explotó, y Mariana me dijo que, si es necesario, va a poner un abogado especializado en familias (no sé qué es eso) para que yo vea a mi hija solo un rato por las tardes, sábado o domingo, no ambos días, y que no se quede a dormir en mi casa porque mis hábitos y mis horarios le descontrolan la rutina durante toda la semana. Yo me niego a que mi ex mujer me diga cuándo y por qué puedo ver a mi hija, pero no sé qué sucederá, y estoy realmente preocupado con esto.
¿Qué opinas? ¿Crees que los niños necesitan un horario firme para dormir, o pueden desvelarse algunas noches? ¿La ex esposa de nuestro lector es muy estricta, o tiene razón?
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