La broma “inocente” que le jugué a mi esposa hizo que todo el internet esté en mi contra


Cuando te tocan buenos vecinos hay que agradecer al destino, porque hay historias de convivencia vecinal que nos indignan o nos hacen estremecer. Ruidos molestos, gente maleducada, uso excesivo de un espacio en común... hay de todo en los manuales vecinales. En el caso que compartió una lectora de Genial, el conflicto toca una fibra más profunda: la perra viejita de la protagonista.
Hace meses que tengo este problema y ya no sé qué hacer. El asunto es este: vivo en una casa que le alquilo a mi vecina de al lado. Es decir, ella es la dueña de las dos casas, que comparten un jardín. Vivo acá desde hace cinco años, y la relación con mi vecina nunca fue problemática; no somos amigas, pero nos saludamos y nunca tuvimos ningún cruce de palabras. Incluso ella conoce a mi familia y a mi ex novio, y siempre se mostró amable.
El problema empezó hace unos meses a causa de mi perra, y no sé cómo voy a solucionarlo.
Adopté a Lila cuando era una cachorrita, hace quince años. Siempre estuvo conmigo. Siempre. Cuando me voy de vacaciones a San Bernardo, la llevo conmigo; la gente del balneario la conoce, todos mis vecinos la conocen, mis amigos y mi familia saben que Lila fue mi soporte durante unos momentos muy duros que me tocó vivir y de los que no voy a hablar ahora. Mi perra es mi compañera, mi amiga, mi familia, y también es mi responsabilidad. Ni en mis peores pesadillas la abandonaría justo ahora, que está vieja y me necesita más que nunca.
Y eso es justamente lo que pretende mi vecina.
Debido a su vejez, Lila debe hacer sus necesidades más seguido. Siempre utilizamos el jardín de mi casa, que comparto con mi vecina. Por supuesto, siempre dejo todo limpio, como si no hubiéramos pasado por ahí, y la realidad es que mi vecina nunca me había reclamado nada (a ver, no había nada para reclamar).
Pero ahora, que Lila necesita hacer sus cosas más veces al día, y se detiene a oler las flores y el pasto (es como una distracción para ella, además de una necesidad), mi vecina me dijo que no quiere ver más a mi perra en su jardín. Le comenté que el jardín es compartido, que así figura en el contrato de alquiler. Me respondió de una manera muy brusca: “Bueno, pero la dueña soy yo y ya me cansé de que tu perra pise todo el pasto y las flores”. Y agregó que si es necesario llamará a la municipalidad para que se lleven a mi perra.
Realmente no entiendo el cambio en mi vecina, y estoy muy preocupada. ¿La municipalidad puede llevarse a mi perra? ¿Pueden hacer eso? Es una perra buenísima, nunca lastimó a nadie, al contrario, mi Lila es parte del equilibrio positivo del mundo. Si se la llevan, me voy con ella.
No sé qué hacer con todo esto.
¿Qué opinas de esta historia? ¿Tienes animales de compañía? ¿Te tocó discutir con un vecino a causa de ellos?
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