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10 Datos sobre los bailes de gala del pasado que no habríamos imaginado

Una guía escocesa del siglo XIX decía que el salón de baile era “el campo de batalla de la mujer”, ya que era en estos eventos donde ella podía mostrar su carisma, gracia y belleza en su mejor forma. Era un descanso de sus actividades diarias, las cuales consistían en alimentar y vestir a los demás miembros de la familia. Por eso, estos eventos se regían por varias reglas que hoy podrían parecernos sorprendentes.

1. El carné de baile

Una dama victoriana, además de escoger sus mejores ropas de acuerdo con su edad y posición para los bailes, tenía que llevar su carné, el cual era una pequeña tarjeta donde estaban las piezas de música que se iban a bailar y donde las mujeres escribían el nombre de la persona con la que danzarían cada composición musical. Este tenía el añadido de un lápiz, el cual colgaba de un cordón o cinta. Los materiales con los que estaba hecho variaban, y tenían mucho que ver con la posición económica y el estado civil de la dama: los carnés de nácar eran para la solteras, los de marfil para las casadas y los de azabache para las viudas.

2. Tenían que asistir más hombres que mujeres

Según el Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, publicado en 1859, cuando se organizaba un evento de este tipo, se debía tener especial cuidado en que el número de mujeres no fuera mayor que el de los caballeros invitados. Esto se debía a que estaba mal visto que una dama se quedara sentada durante un baile.

3. La persona que organizaba un baile no podía opacar a los invitados con su vestimenta

Una guía de 1840 señalaba que cada invitación que se enviaba para un baile debía de dejar muy claro el tipo de vestimenta que se requería y debía mandarse con mucho tiempo de anticipación. Si era posible, también había que agregar los títulos de las piezas para que las personas pudieran aprender los bailes.

También se pedía a la mujer anfitriona que ese día vistiera con “elegancia simple”, para que no compitiera con los invitados, y debía estar preparada para cualquier emergencia que pudiera surgir con las asistentes y sus largos y ostentosos vestidos.

4. Negar un baile estaba prohibido

Según los manuales de etiqueta, si una mujer se negaba por alguna razón a bailar con un caballero, ella debía de abstenerse de danzar en toda la noche. Por otro lado, si era un hombre el que decidía no bailar con una mujer, se le prohibía asistir a los siguientes tres bailes por su falta de educación.

5. Estaba prohibido usar joyería falsa

A pesar de que la mayoría de las invitadas a estos bailes llevaban sus mejores vestidos y joyas, esto no debía ser impedimento para que una mujer que no fuera tan acaudalada asistiera a esos eventos. Según un manual de 1880, se podía usar un vestido no tan ostentoso, pero debían seguirse tres reglas: no pretender ser alguien que no se era, vestir pulcramente (no de forma exagerada), y nunca usar joyería falsa.

6. Después de una boda había muchos bailes para los recién casados

Cuando había un baile de boda, las familias de los invitados ofrecían a los novios más bailes o comidas en su honor, las cuales se hacían después de quince días de la ceremonia. Estos festejos posteriores se llamaban tornabodas, y eran de etiqueta, con el mayor lujo posible.

7. Había un código para enviar mensajes con el abanico y los guantes

A fines del siglo XIX, circulaban varias guías sobre cómo usar los guantes, el abanico, el parasol y el pañuelo para enviar mensajes a lo largo del salón de baile. Algunas de las señales eran:

  • Pasarse el pañuelo por los labios: “Deseo una cita”
  • Poner el pañuelo sobre el hombro: “Sígueme”
  • Sacar el dedo pulgar del guante derecho: “Bésame”
  • Tirar los dos guantes al piso: “Te amo”
  • Echarse aire rápidamente con el abanico: “Estoy comprometida”
  • Echarse aire lentamente: “Estoy casada”

8. El anfitrión debía vigilar que todos bailaran y que lo hicieran bien

El anfitrión de un baile debía supervisar que todos bailaran. Si encontraba a alguien que no lo estaba haciendo, debía hallarle alguna pareja. Por el contrario, si veía que un invitado no bailaba bien, tenía que acercarse y decírselo discretamente, con el fin de que no ocurriera de nuevo. Si una persona seguía bailando mal, podía ser borrada de la lista de las futuras reuniones.

9. Estaba prohibido invitar a bailar a una desconocida

Según el Manual de Carreño, publicado en 1860, y al contrario de lo que vemos en muchas películas, los asistentes a los bailes tenían prohibido por las reglas de urbanidad atreverse a invitar a una persona a la que no conocían o a una que no le habían presentado. La única forma de poder hacerlo era si algún miembro de la familia de la muchacha o un amigo en común los presentaba con anterioridad.

10. Había bailes públicos y privados

Las reglas de urbanidad marcaban que una persona de “buena sociedad” no debía asistir a los bailes públicos de invitación abierta muy seguido. Se recomendaba que una chica de sociedad no acudiera a más de 3 al año. Por otro lado, asistir a un baile de caridad se consideraba una “abominable anomalía”.

¿Qué tradiciones del pasado recuerdas o sigues practicando en la actualidad?

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