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Un viajero contó sobre su cena en un restaurante con una estrella Michelin, que costó un poco más de 200 dólares

La Guía Roja “Michelin” se edita desde principios del siglo XX. Los restaurantes distinguidos por sus estrellas son considerados unos verdaderos rincones del paraíso gourmet. Pero ¿alguna vez te has preguntado cómo se sentiría una persona común en un establecimiento así? Eso fue lo que decidió comprobar el usuario de Pikabu con el nick narian88 y, al mismo tiempo, cumplió su sueño. Fue a un restaurante con 1 estrella Michelin, que se considera muy bueno para su tipo de cocina.

Genial.guru le gustó esta historia liviana e informativa. Y estamos seguros de que no dejará indiferentes a quienes aman la comida sabrosa y las nuevas experiencias.

No hace mucho tiempo, mi esposa y yo hicimos un viaje corto a Estocolmo. Es una ciudad hermosa, bastante limpia, acogedora y cara. Pero ese no es el punto. No soy un comensal gourmet, no entrecierro los ojos lánguidamente mientras mastico un trozo de carne; simplemente me gusta la comida abundante y sabrosa. Y durante mucho tiempo he tenido, bueno, no un sueño, sino, digamos, un objetivo interesante: ir a un restaurante que tenga una estrella Michelin. Y ver cómo se siente.

Con más o menos un mes y medio de anticipación, comencé a buscar restaurantes adecuados en Estocolmo. Buscaba uno con una sola estrella Michelin, ya que en los demás los precios eran simplemente desorbitantes. Y Suecia no es un país barato. Al recorrer la guía (tiene su propio sitio web oficial), elegí un pequeño restaurante y reservé una mesa. Leí que eso se debe hacer por adelantado, con una anticipación de un mes o dos, ya que hay mucha gente que quiere ir.

La entrada al restaurante y una pequeña etiqueta “Michelin”.

Mi esposa y yo llegamos al restaurante unos 15 minutos antes. No nos complicamos demasiado con la ropa: yo estaba en un suéter y un jean, y el restaurante en sí no era pomposo, el estilo era loft. En el interior solo había 16 sillas, en su mayoría mesas para 2 personas. Todos los camareros iban vestidos de negro y hablaban buen inglés.

Esperaba ver algo exagerado: personas con trajes de etiqueta caros, mujeres con “nidos” en la cabeza (sí, esa es mi idea de provinciano de restaurantes caros). Pero la gente estaba vestida con ropa bastante cómoda: jeans, camisas a cuadros, zapatillas de deporte. Aunque asumo que los jeans y las camisas no eran de tiendas de segunda mano.

La mesa era bastante pequeña, casi cuadrada, con un contenedor incorporado para cubiertos en el borde. Había al menos 12 juegos de ellos (es decir, un cuchillo, un tenedor, una cuchara). El camarero trajo el menú. Yo había leído que el truco en ese restaurante (y, por cierto, en muchos otros Michelin) es que el menú está dividido en los llamados pasos. Es decir, puedes ordenar alimentos diferentes de forma selectiva: se te ofrece una comida de 3 a 5 pasos o más preparados por el chef. Elegimos uno de 6 pasos sin alcohol. Con alcohol salía más o menos 2 veces más caro.

Vino el camarero, tomó el pedido y trajo el agua en una botella que, probablemente con fines publicitarios, puso con la etiqueta con el logotipo hacia nosotros. O tal vez deba hacerse así, no lo sé. 5 minutos después trajeron esto... Pensé: “Genial, ¿a qué vine a Suecia si no es a comer rábanos de la huerta de mi abuela?”. El camarero dijo que este bocadillo es el primer rábano y ciruela de la temporada, aunque la última parecía una aceituna. Lo comimos. El sabor: a rábano y a oliva.

Seguimos esperando. Trajeron esto. Según recuerdo, eso es un huevo de codorniz en algún tipo de salsa verde con mostaza. El huevo era pasado por agua, estaba rico. También me comí la salsa: algo con algas. Había una tortita delgada asada sobre el fuego. Crujimos. Tomamos fotos.

Después de 10 minutos trajeron el siguiente plato. Según recuerdo, ahí hay una ostra. El camarero, por supuesto, nos explicó qué era y con qué venía, pero nuestro inglés todavía no es perfecto, por lo que muchos términos culinarios se nos escaparon. En resumen, ostra, brotes de ajo y otras hierbas. Me comí toda la hierba. Todavía tenía hambre.

Según nos dijeron, esto era pan cocido en su horno y asado sobre fuego. En el plato, una salsa a base de yogur griego y ajo con champiñones crudos y arriba caviar de unos peces silvestres raros. El sabor era a caviar común. Se podía untar todo sobre el pan, o comerlo por separado. El pan era delicioso, el condimento también. Ya llenaba un poco más.

¡Por fin, carne! Lo de arriba es carne de pato en rodajas muy finas. ¡Carne cruda! Aunque marinada en un vinagre que sabía un poco a mariscos. Debajo del pato había una pila de hierba verde y enormes chips de maíz. Crujimos, tomamos fotos, seguimos esperando.

Huevo escalfado. Dijeron que de ganso. Nunca lo había comido antes, resultó sabroso, pero era poco. La hierba había sido asada sobre un fuego. Me olvidé qué tipo de hierba era, ni lo había entendido del todo tampoco. Me comí todo, hasta las flores.

Siguió esto. Abajo, en la salsa había pescado blanco cocido, encima, otra vez hierba comestible. Estaba rico. ¡Comí hierba por muchos años por adelantado! Con el plato también trajeron unos panqueques rellenos de hierba y carne de pollo hervida. Muy sabroso, un poco parecido al shawarma.

¡El postre! El helado parecía hielo frutal. Encima había algo como un soufflé... No recuerdo exactamente cómo se llama. En medio, una salsa, que recordaba a la de soja. Una combinación bastante inusual.

Después de todo eso se acercó el camarero y preguntó si queríamos café. Aceptamos. Mientras esperábamos, trajeron una especie de caramelo en almíbar, hecho de savia fresca de abedul. No me comí las ramas.

Luego nos trajeron un recipiente con un filtro. El camarero puso dentro café molido que, según él, se entregaba al restaurante por unos amigos de un restaurante de Brasil personalmente (no sé si creerle o no) y lo filtró. La bebida era muy rica. También nos sirvieron unos tubitos dulces y una magdalena que era crujiente y ligeramente salada en la parte superior, y tierna por dentro. Y eso fue todo. Por cierto, todo este placer duró unas 4 horas. Es bastante tiempo, pero no fue agotador.

Casi me olvido de contar sobre el baño. Los cubículos eran bastante pequeños, casi como en un avión. Pero todo estaba muy limpio. En lugar de servilletas de papel había una pila de toallas de verdad, que había que arrojar a una cesta después de usarlas. El jabón olía a pino. La música sonaba mucho más fuerte que en el salón.

Al final, realmente nos llenamos, aunque las raciones eran muy pequeñas, las había en grandes cantidades. Mi esposa estaba muy contenta, lo llamó “teatro gastronómico”. En cuanto a mí, tuve un doble sentimiento: por supuesto que me gustó, pero era porque había tenido ese sueño desde hacia mucho tiempo; pero si solo quieres ir a tener una cena muy cara, no sé...

Destaqué para mí las siguientes ventajas de visitar un restaurante con una estrella “Michelin”:

  • Acercarse un poco a la alta cocina, cuando incluso una brizna de hierba y un trozo de carne cortada significan algo, el chef quería decir algo con eso.
  • Probar combinaciones de sabores inusuales.
  • Sentirse como un comensal gourmet por unas horas.

Las contras:

  • El precio. Ese era uno de los restaurantes Michelin más baratos. Sin embargo, con la propina, la cuenta fue de 204 €.
  • Si no eres fanático de la comida y no tienes ese punto en tu lista de deseos, no tiene sentido ir. Con esa cantidad de dinero puedes alimentar una manada de gente en una tienda de kebab.

En resumen, no me arrepiento de haber ido a un restaurante así, me ha gustado. Pero no iría otra vez. Porque no soy un comensal gourmet. Porque realmente es caro. Porque puedo comer hierba en la casa de campo, directamente de la huerta.

¿Y qué piensas tú acerca de la alta cocina? ¿Alguna vez has estado en restaurantes con 1, 2 o incluso 3 estrellas “Michelin”?

Imagen de portada Narain88 / Pikabu