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Cómo me animé a romper una relación de 10 años y a mirarme desde otro ángulo

Según las estadísticas, casi el 50 % de todos los matrimonios del mundo terminan en divorcio. Nunca pensé que yo entraría en esa mitad. Siempre quise casarme de una vez y para siempre, tener y criar a nuestros hijos y vivir felices para siempre, como en un cuento de hadas.

Conocí a un hombre con el que estábamos en la misma frecuencia. Y pasamos juntos 10 largos años; pero a pesar de eso, nuestro matrimonio terminó en divorcio. ¿Cuál fue el motivo?

La autora del artículo comparte unas experiencias y emociones profundamente personales. Puedes estar de acuerdo con ellas o no, pero Genial.guru está seguro de que nuestros lectores pueden llevarse del artículo varias reflexiones valiosas.

Antes de casarnos, hablamos sobre el futuro, y yo pensaba que sabía con quién contraería matrimonio

Mi nombre es Eugenia, y esta primavera cumplí 30 años. En el mes de mayo tomé una decisión dolorosa, pero necesaria: separarme de mi esposo, junto a quien pasé un tercio de mi vida. No dejamos de amarnos. Nuestro bote fue golpeado periódicamente por las dificultades financieras y por los problemas cotidianos, pero siempre intentábamos mantenernos unidos, y vivíamos bastante bien; probablemente, como todos los demás. Incluso antes de la boda planeábamos el futuro y hasta elegimos los nombres de nuestros futuros hijos.

Pero no pensábamos agrandar la familia en los primeros años de nuestra vida conjunta

Simplemente disfrutábamos de la vida, nos hacíamos regalos hechos con nuestras propias manos, componíamos canciones y corríamos felizmente por todo el departamento. Ambos trabajábamos, y luego mi esposo tuvo la oportunidad de desarrollar su propio negocio (y cuando la idea fracasó, otro y otro más). Sin dudarlo, acepté ayudarlo, ocuparme de los gastos y permitirle hacer lo que él amaba.

Trabajaba duro en dos lugares diferentes, a veces sin siquiera tener días libres, y también me encargaba de los quehaceres domésticos, mientras mi esposo se dedicaba a desarrollar su creatividad

La confianza es uno de los principales pilares de cualquier relación. ¿No es así?

Durante prácticamente todo el período de nuestro matrimonio (que duró casi 6 años) tuve dos trabajos. Trabajaba hasta tarde, muchas veces sin tener días libres, y a la vez no dejaba de ocuparme de los quehaceres domésticos y de cuidar mi aspecto. Mi esposo me apoyaba con la predisposición de cenar fideos, pero no con la búsqueda de un trabajo. Dormía bien y descansaba mucho para tener la “mente clara” y generar nuevas ideas para los proyectos futuros. Muchas veces desaparecía en misteriosas reuniones, yo siempre trataba de dejarlo ir cuando él quería salir a despejarse con sus amigos.

Me enfrenté a una difícil elección: seguir esperando o irme

Mi esposo comenzaba decididamente a cuidar su salud, o volvía a pedirme que pospusiéramos la planificación del embarazo. Y pronto directamente dijo que no necesitábamos tener hijos (o tal vez sí, pero más tarde, algún día) y resultaba que los niños no encajaban en su concepto de libertad. Enfrenté una decisión difícil: continuar esperando y cargando todo sobre mis hombros, confiando en que él algún día cambiara de opinión, o irme.

El pastel de nuestro tercer aniversario de bodas.

¿Por qué no decidí divorciarme antes?

Soy muy monógama y en 10 años literalmente me fusioné con la persona que amaba. Sabía que si yo quería agregar más ajo a mi plato, él le pondría algunos dientes del suyo. Que si yo abría la boca para preguntarle algo, casi siempre adivinaría y respondería bien mi pregunta no formulada.

La idea de tener que ver a otra persona en mi casa todos los días me causaba escalofríos. Me parecía que era simplemente imposible enamorarme de nuevo.

Temía que nadie volviera a amarme. Tal vez no sea la peor mujer del mundo, pero este pensamiento me carcomía por adentro.

Pronto todo cambiaría. ¡Cuánto trabajo y cuántos años fueron invertidos en esa relación! Era una pena perderlos. Y las constantes promesas creaban la ilusión de que lo que se decía estaba a punto de suceder.

¿Qué pensarían los demás? Tenía mucho miedo de que mis amigos se apartaran de mí, y de que todos a mi alrededor no hicieran más que juzgarme.

¿Por qué me fui de todos modos?

Simplemente había llegado la hora de que finalmente pensara en mí, y no en asegurar la “libertad” de otra persona, aunque fuera una que yo amara infinitamente. ¿Por qué no lo vi antes? El amor es ciego, y la esperanza es casi infinita. Siempre estuve dispuesta a entregarle todo a mi esposo, hasta la última gota. Fue increíblemente difícil para mí tomar la decisión, y terriblemente doloroso dar el paso, pero lo hice cuando me di cuenta de que solo yo quería que la relación creciera y siguiera adelante. Y, además, de repente me di cuenta de que de los incompletos 6 años de matrimonio, no podía recordar nada excepto el trabajo, la constante espera, las cuatro paredes y un par de viajes conjuntos.

Durante el tiempo pasado después de la separación, me di cuenta de que ser una “divorciada” no es un estigma

Trato de cuidar mi apariencia. Noto que los hombres sigue prestándome la misma atención. En su momento terminé dos carreras universitarias, y estoy segura de que puedo mantener una conversación sobre casi cualquier tema. Además, soy una buena ama de casa, tengo bastante experiencia. Y nadie sale corriendo de las mujeres con un sello de divorcio en el pasaporte, comprobadísimo.

No se puede cambiar a una persona, sin importar cuánto lo intentes, hasta que ella misma no quiera cambiar. Tal vez yo debería haber llegado a esta conclusión antes, pero no puedo volver el tiempo atrás.

Mis padres son el mejor ejemplo de familia para mí.

Se puede conocer a alguien en cualquier momento y lugar. Por ejemplo, mi padre, que era cadete de una escuela militar, hace 34 años logró que mi madre le diera su número de teléfono en un trolebús, durante un viaje que apenas duró dos paradas. Por las calles, todos los días caminan personas solteras, con y sin niños, con rulos y calvas, para todos los gustos. Encontrar a la tuya es difícil, pero es posible.

Tengo y seguiré teniendo amigos. En un momento difícil, no solo recibí el apoyo de mis padres y de mis amigos más cercanos, sino también de aquellos en los que no confiaba demasiado: los amigos de mi esposo. Sigo siendo invitada a sus casas y mantenemos exactamente la misma comunicación que antes. Eso me inspira y me da la esperanza de que estas personas se quedarán en mi vida por muchos años más.

Ninguna fractura hará que cancelemos una salida de amigas.

Me di cuenta de que todos los caminos estaban abiertos para mí. Como si fuera una graduada universitaria otra vez. Ahora tengo más experiencia y puedo volver a construir mi vida y tomar cualquier camino: cambiar de trabajo, de peinado, de país, de planeta (aunque con esto último puede haber dificultades). Puedo aprender algo nuevo y virar mi vida en cualquier dirección.

¡Vacaciones! El mejor momento para ir de viaje con una amiga con la que no nos hemos visto en 18 años.

Es muy difícil borrar 10 años de vida en los que se han experimentado tantas cosas

A pesar de todas las dificultades y de los cálidos sentimientos que aún tengo por mi esposo, estoy contenta de haber decidido dar este paso. Pero no me arrepiento del tiempo pasado porque, a mi modo, fui feliz.

Tal vez mi historia sea útil para algunas personas, y las ayude a analizar sus propias relaciones y considerar el rol que ocupan en ellas desde un ángulo diferente. Tal vez te des cuenta de que solo estás perdiendo el tiempo, y que la persona que está a tu lado no es la que necesitas. ¡O tal vez te den ganas de abrazar a tu pareja y decirle lo feliz eres con ella!

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