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Me divorcié de mi marido y estoy lista para contarte 6 errores que no vale la pena cometer en el matrimonio

¡Hola a todos! Me llamo Alejandra y tengo 26 años. Yo estaba casada: mi matrimonio duró solamente 2 años, ya que lamentablemente terminé divorciándome. Hay quienes dicen: “Durante este tiempo tú no pudiste sacar una conclusión”. Yo no lo considero así: en ese tiempo tropecé muchas veces y tengo algo que compartir.

Especialmente para Genial.guru te platicaré sobre los errores que cometí en mi matrimonio y que no le aconsejo repetir a nadie. Quién sabe, tal vez esto puede salvar la familia de alguien ahora mismo.

1. Las personas no cambian

Una verdad que necesariamente debe ser borrada de las paredes de tu nidito de amor, para enfrentarte diariamente con ella. Las personas pueden madurar, acostumbrándose a las circunstancias, y al mismo tiempo pueden cambiar su atención hacia otras cosas; si la persona que está a tu lado es mayor de 15 años, él no cambiará. O lo aceptamos completamente tal y como es, o no.

Uno de mis errores principales fue siempre esperar que yo misma cambiara o que la persona a mi lado lo hiciera. Hacer esto está prohibido. Si cada día te atrapas en tus pensamientos, esperando el momento en que todo cambie, debemos decepcionarte, este es el error № 1.

Los cónyuges son personas adultas, desde hace tiempo tienen personalidades establecidas, y no es necesario que pasen sobre ti o que intentes hacer lo mismo con tu pareja. Exhala, sonríe y piensa cómo se puede actuar en una situación determinada; al final de todo, simplemente hablen el uno con el otro desde el alma.

Si tú realmente amas a la persona que tienes al lado, entonces sus defectos no te harán daño alguno ni te harán enojar. Si de todos modo algo así sucede, tú mismo sabrás qué es lo que tienes que hacer.

2. Cuidar los pequeños detalles

Es una regla muy importante que aprendo ahora cada día y sinceramente me sorprenden los resultados. Te doy un ejemplo de una situación doméstica habitual.

Supongamos que tú sabes que a tu esposo le encanta un baño prolijo: un tubo extra de pasta de dientes, un espejo limpio, un montón de las toallas frescas; es su manía y la garantía de que estará de buen humor. Y tu esposo sabe que estarás feliz si en el refrigerador están tus productos favoritos. Por ejemplo, jugo de naranja y yogures con frambuesa, y la tienda se encuentra a dos metros de su oficina. Al mismo tiempo, a tí no te gusta mucho hacer limpieza, y a él no le impresionan los paseos por el supermercado.

Pero de regreso a casa te acuerdas que hay un tubo de pasta extra en casa y te da tiempo de hoy en la tarde lavar las toallas y él entra a la tienda porque en la mañana vio que se acaba tu jugo de naranja. Esta es una colaboración mutua y solo los dos pueden hacerlo.

No cuentes tus acciones y no las realices esperando algo a cambio aquí y ahora. Pero así se expresa el cuidado en las pequeñeces y así se crea la vida familiar. Si tu baño está brillando, pero tu esposo obstinadamente no quiere comprar ni yogures, ni jugos, aunque lo pidas, es un caso en el que cede solo una persona. Y tal situación no hace un matrimonio feliz.

3. No asumas de inmediato toda la responsabilidad sobre tus hombros

Aunque seas una mujer muy enérgica, valiente y físicamente fuerte, no vale la pena hacerlo. No tienes que quitar de las manos de tu esposo el frasco apretado mientras gritas: “¡dámelo, yo sé cómo abrirlo!”, llevar las bolsas pesadas en las tiendas, girar los tornillos en las manijas, cambiar los focos que ya no sirven, entre otras cosas. Nosotras lo sabemos hacer y posiblemente mejor que los hombres pero, ¿por qué?

Mi problema eterno: yo siempre sé como hacerlo mejor y trato de tomar la iniciativa por mis propias manos. Así no hay que hacerlo. Esto hace desaparecer en el hombre el deseo de ser genial, fuerte y superpoderoso, pero nosotras queremos ver a un hombre de este tipo, ¿cierto?

Aquí funciona la regla “divide y vencerás”. Saber delegar es la destreza principal en la vida conyugal, desde mi modesto punto de vista y, por experiencia, lo puedo confirmar. En primer lugar, divide las tareas domésticas: alguien cambia los focos, saca la basura y lava los trastes, y otra persona prepara el desayuno y enciende la lavadora. En segundo lugar, no te involucres con consejos y ayuda sin que te lo pida, ya que hay que aprender a obtener el placer de dejar el control y confiar en el trabajo masculino del hombre. Y algún día te encontrarás en la hamaca con tu jugo favorito de naranja. Y te estará muy agradecido por esto.

4. El silencio no ayuda

¡Es un punto muy importante! Yo soy una persona a la que le gusta hablar mucho y el castigo principal para mi es el silencio. Después de las fuertes peleas me callaba y esperaba la iniciativa de parte de mi esposo. Ya que cualquier persona obligatoriamente querrá averiguar en qué consiste la razón del silencio y empezará a hablar primero. ¡Es una tontería y no es verdad!

Por mucho que te ofendas y por muy evidente que sea la causa, exhala y cuéntaselo en voz alta a tu esposo y no a tu amiga, mamá o hermana. ¡No hay nada más importante que esto, no te calles! Sí, es verdad que los hombres piensan de otra manera: un montón de psicólogos nos dicen esto, la experiencia de la literatura clásica nos dice que somos de mundos diferentes, pero una voz dentro de nosotras dice lo contrario: “¿Pero cómo esto no se puede entender? ¿Cómo no puede acertar qué es lo que me ha molestado? ¡Pero es TAN OBVIO!”

Por desgracia, chicas, no tenemos la razón. No tiene sentido. En mi vida he tenido tantos ejemplos, en los que una persona no se acercó ni siquiera por un milímetro para averiguar por qué me ofendí durante varias horas. El silencio no es salida, es punto muerto.

Hay solo una solución: sentarte y explicar. No en modo de monólogo y con acusaciones, con las manos temblando, muchas lágrimas y demás. Es necesario ser análitico y resolver la ecuación. “Estoy triste porque...”

Por cierto, en el momento de una conversación tranquila puedes hallar que la razón de tu acusación de universo no fue su incomprensión, sino tu tristeza debido a las hormonas, un clima desagradable, problemas en el trabajo, entre otros. Y todo estará claro. En cualquier caso habla con tu pareja. No te calles. Debe ser así: ¡HABLEN!

5. Las emociones pueden destruir todo

¿Sientes que llega el momento en el que explotas? Hay un secreto que te ayudará a tranquilizarte. Callarte. Contar hasta 10. Hablar.

Aquí es muy importante hacer hincapié en el hecho de contar dentro de ti. Antes de expresarte de manera brusca y emocional al máximo, cuenta hasta 10. Dile tu rencor si lo tienes, pero 10 segundos extra te darán la oportunidad de eliminar la ira que tapa tus ojos, tranquilizarte un poco y ver la persona amada a tu lado. Durante 10 segundos se puede formular mejor y construir bien el diálogo posterior.

Estos 10 segundos ayudan mucho. Incluso cuando se trata de mensajes que has podido entender de otra forma, leer saltando algunas palabras o poner los tildes de manera diferente y por esto ya has alcanzado a aventar el teléfono hacia la pared.

Aprende a controlar tus emociones. Ellas son buenas durante un concierto de rock, pero la vida familiar no es un estadio y aquí no hay lugar para los gritos, berrinches y acusaciones ofensivas. Si yo hubiera tomado en cuenta esta regla antes habría podido evitar muchas peleas.

6. El amor nunca es suficiente

La persona que se encuentra a tu lado merece muchísimo amor, porque a diferencia de la mayoría de las personas a tu alrededor él te ve en una apariencia no siempre buena y conoce todas tu cosas extrañas, pero de todos modos te sigue amando. El amor puede expresarse de diferentes maneras. En el tacto: estás de acuerdo en que cuando amamos, dan ganas de estar más cerca. Las palabras de apoyo: aunque no entiendas nada de su trabajo. Los planes comunes: hoy te toca pensar qué harán en la tarde. Intimidad, comprensión, entre otros. Pero es muy importante no ocultar el amor, compartirlo, expresarlo de todas las maneras que puedas.

El amor brinda una carga infinta de energía, fuerzas y la confianza en sí misma. A tí y a la persona que amas. Mi error consistía en que dirigía el amor a cualquiera.

Como conclusión

Dicen que lo que ha pasado, bien pasado está. No me arrepiento de nada y estoy agradecida por todo lo que ha pasado, pero no me considero la única persona que ha cometido errores. Esta expriencia me hizo más fuerte y más sabia, me permitió mirar mi interior y pensar en las cosas que antes ignoraba o parecían insignificantes. Espero que este artículo pueda ayudar a alguien a analizar las relaciones desde otro ángulo y se cuide de los errores que yo he cometido.

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