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18 Pruebas de que el kínder no consiste solo en manualidades para papás y disfraces de pollito (y a veces realmente dan ganas de volver allí)

Muchos recordamos con cariño la época en la que íbamos al jardín de niños. Allí conocimos a nuestros primeros amigos, hacíamos manualidades para regalárselas a nuestros padres y jugábamos todo el día parando solo para dormir la siesta. Y también disfrutábamos la cajita de leche y las galletas que nos daban antes de dormir.

En Genial.guru decidimos refrescar nuestra memoria de esa época dorada. Y buscamos en las redes historias de cómo los niños la pasaban en el kínder.

  • Tenía unos 5 años cuando fui al kínder. De entrada, no me gustó el patio en el que paseábamos: unos cuantos arbustos achaparrados y ni un solo árbol. Así que decidí solucionar este problema urgentemente. Un pequeño detalle: creía ingenuamente que los nuevos arbustos crecían de los brotes. Así que los arranqué a escondidas y los planté con cuidado. Esa primavera, nuestro kínder no se volvió verde.
  • En nuestro kínder había un patio de recreo con un enorme arenero. Mis amigos y yo solíamos pasar todo el día allí. Por supuesto, un montón de arena se nos metía en los zapatos. Pero yo no sacudía mis zapatos como los demás, sino que echaba, silenciosamente, la arena en mi bolsa. Y un día, a fin de año, cuando teníamos que llevarnos las bolsas a casa (colgaban en los respaldos de las sillas, ahí guardábamos todo lo necesario), me di cuenta de que la mía era simplemente imposible de levantar. Claro, estaba llena de arena. © Josie Lafont / Quora
  • Cuando mi madre me llevó al kínder por primera vez, no lloré. Tampoco lo hice el segundo día. Pero al tercero, rompí a llorar. Mamá empezó a preguntarme qué me había entristecido tanto. Y le respondí: “Todos los niños lloran, así que yo también decidí hacerlo. Para no sentirme sola”. © OopsALittleHuman / Reddit
  • Mi hermano aún iba al kínder cuando nací yo. Se sintió algo decepcionado por este hecho. Estaba triste porque habría preferido que mi madre hubiera dado a luz a un cachorro. Un día, mi madre fue al kínder a recogerlo y la maestra estaba casi llorando. Resultó que mi hermano le explicó que no tenía tiempo para aprender el poema que les había dado porque días y noches el pobre mecía a su hermana bebé y lavaba sus pañales. La maestra estaba encantada y mi madre, un poco desconcertada.
  • En el jardín de niños, una vez, mis tres amigos y yo nos escondimos de la maestra en el fondo del aula. Decidimos hacer un traje de vuelo. Para ello, me pegaron un montón de tiras de papel a la ropa. Se suponía que iba a lanzarme desde el banquillo. La maestra no apreció nuestra creatividad. © caplist / Reddit
  • Recuerdo que estaba tan emocionada por el hecho de que por fin iría al kínder que me preparé la noche anterior. Tomé un maletín de cuero genuino y metí allí crayones, lápices y un cuaderno. Mi madre no dijo nada en contra. Aparentemente, entendió mis sentimientos. © Charliss Green / Quora
  • Un día recogí a mi hija del jardín de niños y ella me dijo: “¡Hoy me felicitaron!”. Bueno, pensé que tal vez había recitado un poema o algo así. Pero ella añadió: “Es que mamá y yo hoy no llegamos tarde al desayuno”. © TaSayY/ Pikabu
  • Recuerdo que desde los 4 años solía volver a casa sola desde el kínder. Por cierto, nuestra ciudad era grande. Un día decidí preguntarle a mi madre cómo había sucedido eso. Se sintió terriblemente sorprendida y exclamó: “¿De verdad? Se suponía que te recogía tu hermano”. © GoGirlsGoBooks / Twitter
  • Mi hermana me contó que el primer día del curso escolar, en su kínder, un padre llevó a su hijo por error. Lo dejó allí y se fue corriendo por negocios, mientras que las maestras trataban de averiguar quién era el niño y de dónde venía. No había constancia de él en el registro. © arwenmh / Twitter
  • Mis hijos tienen 29 y 30 años. Y todavía recuerdan que su maestra de kínder siempre olía a muffins recién horneados. Ojalá todos los maestros fueran recordados con tanto cariño. © EMarieLambert1 / Twitter
  • En el jardín de niños, una vez me subí a un estante amplio, me escondí detrás de todo tipo de cosas y me quedé dormido. Y luego las maestras me buscaron por todas partes durante una hora. © Tink2013 / Reddit
  • En el kínder, yo era terriblemente tímida. Solamente tenía amistad con una chica que conocía. Mi madre me decía todo el tiempo cómo podía conocer a otros niños. Por ejemplo, solo tenía que darle una palmadita en el hombro al niño y preguntarle cómo se llamaba. Al día siguiente entré en clase e inmediatamente me dirigí hacia mi amiga. Le di una palmadita en el hombro y le dije: “¿Cómo te llamas?”. Se quedó mirando durante un buen rato antes de responder: “Me llamo Sofía. Pero pensé que lo sabías”. © Alexis Cedargren / Quora
  • Nuestra maestra siempre nos ponía en fila al final de la clase y pegaba una nota en la ropa de cada niño con información importante para los padres. Sabía que los niños tenían tanta atención como las mariposas. Y que sería más fiable transmitir el mensaje de esta manera. © Southern_Snowshoe / Reddit
  • Desde que yo era una niña, me encanta enseñarles a los niños. Así que cada vez que podía, salía corriendo al centro de la clase, empezaba a contar algo y les pedía a los niños que levantaran la mano. Debo decir que a la maestra eso no le gustaba demasiado. Mi madre todavía cuenta cómo se quejaba con ella por eso. © Missa_Beet / Reddit
  • En el kínder, nos asignaban todo tipo de tareas importantes. Mi favorita era repartir las cajitas de leche. No solo me sentía muy importante, sino que también podía castigar a los chicos insolentes. De antemano, metía su leche en el congelador en lugar del refrigerador, y como resultado obtenían una mezcla congelada. Pero nadie se quejó nunca. © Annalise Schulman / Quora
  • Fui al kínder cuando tenía 3 o 4 años. El primer año no me fue bien. Yo era una niña pequeña con el pelo largo y las niñas mayores siempre me trataban como a una muñeca: me llevaban a todas partes con ellas y no me dejaban jugar con otros niños. Una chica incluso me llevaba en una carriola de juguete. © Janne Pohl / Quora
  • El sobrino de 4 años de una amiga no tiene mucho apetito. Todas las tardes, sus padres lo recogen del kínder y le preguntan por qué no comió toda esa deliciosa comida. Al parecer, en algún momento, el niño se cansó de responder con sinceridad. Y con un profundo suspiro soltó: “No quedó nada para mí”. © jus2jus / Pikabu
  • Una vez la maestra decidió ponerme en la misma mesa con un chico, porque él hablaba mucho y yo era una chica callada. Qué equivocada estaba. Un par de días después, el chico me hizo hablar y siempre estábamos susurrando y bromeando. © Beth Goldowitz / Quora

¿Qué historia del kínder recuerdas todavía?

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