Las tres historias de amor que marcaron el corazón de Marilyn Monroe

Crianza
hace 5 meses

En 36 años de vida, se casó tres veces, con la pequeña diferencia de que en el primer matrimonio fue Norma, en el segundo Marilyn, y en el tercero, lo que quedaba de ella. Un desconocido, un deportista estrella y un tímido dramaturgo, ellos fueron quienes tuvieron la suerte de ver de cerca el brillo de los ojos de, quizás, el ícono femenino más importante del siglo XX.

Legacy Collection/The Hollywood Archive/Photoshot/East News

Norma Jeane Mortenson, conocida como Marilyn Monroe, tuvo una existencia similar a la de una estrella fugaz. La parte de su vida que la mayor parte del público conoce es la de su etapa como celebridad, pero antes ocurrieron muchas cosas. Como, por ejemplo, su primer matrimonio, que fue ni más ni menos que a sus 16 años. ¿Por qué se casó tan joven? Hay varias razones, y ninguna es “por amor”.

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Su madre, Gladys Pearl Monroe, se casó dos veces. Primero con John Newton Baker, cuando ella tenía 15 años, y tuvieron dos hijos, Robert y Berniece. En 1923 solicitó el divorcio, y en 1924 se casó con Martin Edward Mortensen, de quien se separó en 1928. Norma nació en 1926, pero un test de ADN demostró que era hija de Charles Stanley Gifford, un compañero de trabajo de Gladys.

Durante un tiempo, Gladys dejó a Norma con una familia adoptiva en un pueblo rural, y la visitaba solo los fines de semana por cuestiones de trabajo. En 1933, compró una casa en Hollywood y allí se mudó con Norma, que tenía 7 años. Al año siguiente, Gladys fue diagnosticada con esquizofrenia, y a partir de ese momento su vida fue entrar y salir de diferentes hospitales psiquiátricos.

AF Archive/Mary Evans Picture Library/East News

Grace Goddard, una amiga de Gladys, fue quien se quedó con la custodia legal de Norma, pero los años siguientes tuvieron a la niña de un lado a otro. Pasó su infancia y adolescencia entre hogares de acogida, casas de familiares y orfanatos. El punto de quiebre fue cuando enviaron al esposo de Grace a trabajar fuera del estado, y por cuestiones legales no podían llevarse a Norma.

Como recién había cumplido 16, para no tener que volver a un orfanato, Norma se casó con un vecino de los Goddard, James Dougherty, un policía de 21 años. Luego, ella dejó la secundaria y se dedicó a ser ama de casa.

James se enlistó en la Marina y debieron mudarse a la isla Santa Catalina por su trabajo; poco después, en 1944, lo enviaron al Pacífico, donde pasó la mayor parte de los dos años siguientes. En este período, Norma se mudó con sus suegros y comenzó a trabajar en una fábrica de municiones, donde, curiosamente, llamó la atención de David Conover, el fotógrafo que la descubrió.

En enero de 1945, dejó la fábrica y se dedicó a modelar para Conover y sus colegas. Su vida como ama de casa no la entusiasmaba, y esta nueva etapa profesional molestaba a su esposo, que estaba fuera. Desafiándolo, Norma se mudó sola y firmó un contrato con “Blue Book”. Se alisó el pelo y se tiñó de su icónico rubio con el fin de obtener más trabajos.

A fines de 1946, Jean Norman (el seudónimo que utilizaba como modelo) había aparecido en más de 30 tapas de revista y, en paralelo, comenzó su carrera como actriz. Su esposo estaba en contra de su actividad, así que se divorciaron en septiembre de ese año.

Sobre esa época como esposa, Norma confesó: “Mi matrimonio no me entristeció, pero tampoco me hizo feliz. Mi esposo y yo casi no nos hablábamos. Y no porque estuviéramos enojados. No teníamos nada de qué hablar. Me moría de aburrimiento”.

Su segundo gran amor llegaría varios años después. Ya siendo Marilyn Monroe, en 1952, conoció a Joe DiMaggio, una estrella del béisbol norteamericano que se había retirado y se había convertido en actor. El encuentro se produjo porque el deportista vio una foto de ella y quiso conocerla.

“Cené con él todas las noches durante dos semanas. Me trató como si fuera especial”, dijo Marilyn. En 1954, luego de dos años de noviazgo, se casaron, y ambos sabían que no sería fácil. Él quería que ella también se retirara para formar una familia y tener una vida privada, pero ella no estaba dispuesta.

Ese mismo año comenzó a grabar La tentación vive arriba, y fue durante ese rodaje cuando se gestó una de las fotografías más icónicas de la época. Como publicidad anticipada, el estudio decidió hacer unas tomas de Marilyn sobre una rejilla de Manhattan que arrojaba aire y levantaba su vestido. El rodaje duró algunas horas, y unos 2000 espectadores se acercaron al lugar.

Marilyn ya había hablado con su amigo Brad Dexter sobre las inquietudes de su relación, y le había contado que estaba lejos de tener el “matrimonio decente” que anhelaba, ya que él estaba “absolutamente obsesionado con los celos y la posesividad”, e intentaba aislarla de su mundo de diversas maneras. El día de la escena de la rejilla, tuvieron la última gran pelea.

A pesar de los intentos de DiMaggio por recuperarla, ella no quiso hablar con él, y el deportista quedó devastado. Marilyn solicitó el divorcio, y tiempo después recibió una carta manuscrita de parte de DiMaggio: “No sé qué piensas sobre mí, pero puedo decirte que te amo sinceramente, muy dentro de mi corazón, independientemente de cualquier cosa”.

A pesar de que su divorcio estaba en proceso, volvió a verse con DiMaggio por un tiempo, pero pronto conocería a su tercer y último esposo, el dramaturgo Arthur Miller.

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A su tercer y último esposo, lo conoció en una fiesta en la casa del director Elia Kazan, en Hollywood. El dramaturgo Arthur Miller, 11 años mayor que ella, fue quien la cautivó esa noche con su cálida timidez y su humor intelectual. Por ese entonces, él estaba casado con Mary Grace Slattery, pero al final de la noche intercambiaron números, y al tiempo comenzaron a verse esporádicamente.

A Marilyn la reconfortaban la experiencia y la inteligencia de aquel hombre, y los papeles en la relación parecían claros desde un primer momento. Miller, que tenía más de 40 años, debería encarnar un rol de protector, intentando ahuyentar todo lo malo que acechaba a una de las artistas más populares del mundo. Y esto funcionó, durante un tiempo...

Miller, por ese entonces, estaba siendo investigado por la justicia, pero esta nueva relación con la estrella del momento le sirvió para sortear el problema y poder dar el sí en el altar junto a su nuevo amor en el condado de Westchester, White Plains, Nueva York.

El 29 de junio de 1956 se casaron, pero una tragedia tiñó la boda de desilusión. La reportera de la revista Paris Match, Mara Scherbatoff, chocó mientras perseguía a la pareja en busca de fotografías, y falleció. Este fue un mal augurio para Marilyn, pero pese a los miedos generados por las supersticiones, el matrimonio y la convivencia comenzaron bien.

La prensa creía que la relación estaba desbalanceada. Dos grandes estereotipos envolvían a Miller y a Monroe: el intelectual y la hueca, o como lo dijo el seminario Variety, “Egghead Weds Hourglass” (cabeza de huevo con reloj de arena). Sin embargo, esto no era así, y puede verse en sus poemas inéditos publicados en 2010 en el libro Fragmentos: poemas, notas íntimas, cartas.

“Por mucho que acaricie tu cuerpo, nunca llegaré hasta tu alma. Aunque los que a mí me gustan son más bien los cuerpos desalmados. En cambio yo, no van a creerlo, a veces tengo la sensación de que soy un alma sin cuerpo”. Ella era más que consciente de su lugar en el mundo, y de esta soledad irreparable también se había percatado su esposo.

“Marilyn era para mí un torbellino de luz, toda ella paradoja y misterio tentador, vulgar unas veces y otras elevada por una sensibilidad lírica y poética que pocos conservan después de la adolescencia”. Así la había definido Miller, pero esta admiración comenzó a diluirse con el tiempo, específicamente con el rodaje de El príncipe y la corista, que se llevó a cabo en Londres.

La pareja se había instalado allí por unos meses para la filmación, y la relación entre Miller y Milton H. Greene, el fotógrafo con quien Marilyn había fundado la productora MPP, comenzó a ponerse tensa. Son varios los rumores que explican estos conflictos, y entre ellos están los celos del dramaturgo para con el fotógrafo.

Everett Collection / East News

En el mismo rodaje, Marilyn comenzó a tener problemas con el director y coprotagonista, Laurence Olivier, quien llegó a decirle: “Todo lo que tienes que hacer es ser sensual”. Incluso molestaba la presencia de la entrenadora de actuación de Marilyn en el estudio. A pesar de los problemas, para fines de 1956, terminaron de grabar la película. Pero apareció una condición de Miller para su mujer.

Él o yo. Ella eligió a su esposo, y además disolvió la productora, y al volver de Inglaterra se tomó 18 meses de vacaciones para dedicarse a su familia. La esposa de Greene dijo de Miller: “Era un extraño en un mundo extraño. Siempre estaba totalmente al margen, porque no podía contribuir en nada. Después, ella comenzó a comprender que, una vez más, había cometido un error en su vida privada”.

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Miller y Monroe querían convertirse en padres. Y ella quedó embarazada, pero resultó ser un embarazo ectópico, y debió abortar. Al año, durante el rodaje de Una Eva y dos Adanes (1959), tuvo un segundo aborto por la misma situación. Esto, sumado a los problemas de su infancia, causó un declive emocional que podía verse fácilmente fuera de cámara, pero no cuando ella se encendía.

Tony Curtis, el coprotagonista de la película, se adjudicó ese segundo embarazo tiempo después (cosa que Miller negaría más tarde).

En 1960 rodaron Los inadaptados. Él como guionista, ella como protagonista. Esta grabación estuvo a punto de suspenderse por el comportamiento errático de Marilyn, pero a pesar de los vaivenes emocionales, se pudo finalizar. Y también terminó su matrimonio, ya que durante el rodaje, Miller comenzó un amorío con la jefa de fotografía, Inge Morath, la que sería su última esposa.

Sobre esta compleja época de Marilyn, escribió Miller: “La verdad desnuda, sencilla y mortal, era que no había ninguna diferencia entre ella y la actriz. Ella era Marilyn Monroe, y era esto lo que la destruía”. En enero de 1961, luego de terminar de grabar, se divorciaron luego de 5 años de matrimonio. Y el desenlace fatal que todos conocemos ocurriría al año siguiente.

Cada poema de Marilyn retrata su esencia, pero este, en particular, habla de su conflictiva relación con el resto de las personas, y quizás explica lo que por dentro vivió este ícono femenino del siglo XX.

Miedo

Tengo tanto miedo a que no me quieran

que cuando me quieren

solo soy capaz de pensar

en el instante

cercano o lejano

en que dejarán de quererme.

Las historias de amor de ciertos íconos de la historia del cine suelen reflejar una época, y por eso son tan interesantes. Como la de Lisa Niemi con Patrick Swayze, o la de Liam Nesson con Natasha Richardson, en las que, a pesar de la tragedia, el amor resistió.

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