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15 Usuarios de Genial contaron por qué no hay que subestimar la astucia de los gatos

Muchas veces, podemos llegar a subestimar la inteligencia de nuestros gatos; sin embargo, estos animales poseen un ingenio más grande de lo que pensamos. Al vivir con humanos, ellos pueden desarrollar todavía más su capacidad para aprender, y lo hacen por medio de la observación y la imitación. Tener a un felino como mascota, puede ser muy gratificante y todos los que tienen el placer de convivir con estas mascotas, pueden contar historias que demuestran que los mininos son sumamente sabios y astutos.

Algunos usuarios de Genial.guru contaron las experiencias más asombrosas, divertidas y conmovedoras que vivieron junto a sus gatos y que les demostraron la gran astucia de sus mascotas. Al final del artículo, encontrarás una historia de alguien que convivió con un gato y comprobó que son animales geniales y simpáticos.

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Bono: Mina y sus gatitos

En lo personal, aunque me encantan y fascinan los perritos (de hecho, actualmente tengo una linda parejita) nunca he tenido dentro del hogar, la fortuna de convivir con un gato pero, hace muchos años,
cuando me casé por primera vez, vivíamos en una casa de huéspedes y ahí, la señora encargada, tenía una preciosa gata que me demostraba empatía al no rehuir a mi presencia. Nunca supe o conocí su verdadero nombre, pero esto no era un impedimento para mí, pues me refería a ella como “Mina”; sinónimo de minina en diminutivo.

Pues bien, yo salía al trabajo o regresaba a casa y siempre me la encontraba, obvio, la acariciaba y le hablaba bonito, mientras ella me ronroneaba y se entrelazaba entre mis piernas arqueando su espalda y levantando graciosamente su colita. Todo empezó cuando quedó embarazada, gracias a sus constantes salidas nocturnas... ya teniendo a sus crías, llegando a casa, la dueña se acercó a mí, un tanto preocupada, para pedirme acercarme a la caja donde estaba la gata e intentara darle de comer. Tenía un par de días que no comía y tampoco dejaba que alimentaran a los gatitos. A la señora le preocupaba que fuera a caer enferma o que, mínimo, llegara a mostrar debilidad por no comer.

Lo curioso, era que la señora era la dueña y la gatita no le permitía acercarse a la caja. Como la señora sabía que la gata no me rechazaba, quería saber sí por lo menos conmigo aceptaría comer. Y sí, con un poco de recelo me acerqué y ¡sorpresa! No solo me permitió darle su alimento, sino que también pude acariciar y cargar a todos sus gatitos. De hecho, ella misma y, no miento, con su naricita o el hocico me indicaba qué gatito agarrar o a quién le tocaba su turno para ser acariciado o cargado o así lo interpreté. Al final, la experiencia de poder tomar a los gatitos, tenerlos entre mis manos acurrucándose mientras le hacía ver a la gatita lo hermosos que estaban todos fue, ¡simple y sencillamente increíble!

Pero lo mejor de esa hermosa convivencia, fue cuando llegó la época de fríos; en diciembre para ser más exactos. Sucede que estando dormidos, mi esposa escuchó por fuera de la puerta, ciertos rasguños y leves ronroneos. Medio despertándose, solo atinó a decirme: “...ve a la puerta, algo quiere tu gata”, ¿mi gata?

Me levanté y, efectivamente, ahí estaba sentadita esperando que abriera la puerta. La vi y empecé a preguntarle: "¿Qué pasó Mina? ¿todo está bien? Sin dejar de observarme, entró al cuarto pero volvió a salir... Obvio, me quedé un poco confundido y cuando pensé en volver a cerrar la puerta, hizo acto de presencia y llevaba en su hocico a un gatito. ¿Se imaginan? Brincando con él lo subió al ropero para dejarlo casi al fondo. Para esto y viendo sus intenciones, cuando ella salió por el siguiente gatito, me dispuse a hacerles una improvisada camita para mantenerlos más calentitos. Y así sucedió, uno tras otro los metió al ropero hasta completar los 7 gatitos que tenía. Terminando esto, se acurrucó al lado de ellos para al fin dormir.

Al día siguiente, la gata amaneció bien dormidita encima de mi cuerpo y, a pesar de que la moví para levantarme e ir a ver a los gatitos, nunca se despabiló ni se mostró contrariada ni nada por el estilo. Durante esos días de frío, la gatita se mantuvo dentro del cuarto a un lado de sus crías sin problema alguno. Vamos, parecía que realmente disfrutaba del calor del cuarto y de mi compañía. Armando Elizalde Reynoso

¿Cómo has notado la inteligencia de tu gato? ¿Cuál ha sido tu mejor experiencia con tu mascota? Cuéntanos en los comentarios.

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