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15+ Pruebas de que viajar en transporte público es una inagotable fuente de situaciones cómicas

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Todos hemos usado el transporte público al menos una vez, ya sea el metro o el autobús. Es una forma económica y conveniente de moverse por la ciudad. Además, es una fuente inagotable de inspiración y un almacén de historias extraordinarias.

Genial.guru está seguro de que los momentos más memorables ocurren precisamente en el transporte público.

  • Una vez, iba en el autobús rumbo al colegio. El trayecto era largo, así que decidí leer mis apuntes durante el viaje. En una parada, un chico guapo subió y se sentó a mi lado. Me gustó mucho, pero, aunque él no dejaba de verme, no se atrevió a hablarme. Mientras tanto, yo lo miraba de reojo hasta que sacó un boleto de debajo de la tapa de su teléfono, se sonó la nariz muy bien y lo volvió a guardar ahí.
  • Soy tan tímida que, cuando voy en el autobús lleno de gente, no puedo preguntarle a la persona que va frente a mí si se bajará o no en la siguiente parada. No me gusta molestar. Por eso, siempre me toca bajarme dos o tres paradas después, cuando ya he llegado a la salida. Estoy tan cansada de esto.

  • Iba en un autobús que tenía solo cuatro asientos ocupados. Una señora de edad avanzada se subió, colocó su bolso en un lugar vacío y se quedó de pie al lado. El conductor frenó bruscamente y ella cayó sobre mí. Otra señora de la misma edad comenzó a gritarme por no haberle cedido mi asiento. ¡En el autobús había 25 lugares libres!
  • Esto ocurrió en el autobús. Había mucha gente, así que una joven mamá, que iba con su pequeña hija, iba sosteniéndose de la barandilla. Parecía cansada y pensativa. Un chico muy amistoso subió al autobús y le dijo lo siguiente: “Oh, ¿qué le pasa a esta linda mujer en este día tan maravilloso con ese estado de ánimo?”. La mamá casi no reaccionó, apenas sonrió y continuó callada durante el trayecto. Su hija le dio una mirada seria al chico. Después, la pequeña gritó a todo pulmón: “¡No molestes a mi mamá! ¡Ella tiene ganas de ir al baño!”. Debieron haber visto el rostro de los pasajeros. Todo el autobús moría de la risa.
  • Ayer iba en el metro con una amiga de la clase que me gusta desde hace bastante tiempo. En cierto momento, ella no se sostuvo firmemente y comenzó a caerse. En una fracción de segundo, imaginé lo romántico que habría sido atraparla y que nuestras miradas se cruzaran, como un cuento de hadas... Pero, al final, yo mismo perdí el equilibrio y también me caí. Como resultado, otro chico la atrapó a ella y yo me rompí la nariz.
  • Tengo una foto de mi tarjeta de transporte urbano en mi teléfono, por si alguna vez la olvido. Me subí al autobús, saqué mi teléfono, le mostré la foto a la cobradora y ella la quedó viendo de forma muy rara. Tenía mucho tiempo de no viajar en transporte público y, por costumbre, entré a mi galería de memes. Resulta que le estuve mostrando un meme bastante obsceno durante varios segundos.
  • Un día, en el metro, una mujer intentó entrar al vagón cuando comenzaba a avanzar y colocó su mano en la puerta para evitar que se cerrara, pero no lo consiguió y se tuvo que quedar en la plataforma. Lo curioso fue que, por el movimiento brusco de su mano, su bolso salió volando hacia el interior del vagón. Mientras ella se daba cuenta de lo que había pasado, el tren se fue. La expresión en su rostro no tenía precio.
  • Hace poco, iba en el autobús. Un hombre de 40 años se subió, se sentó cómodamente y sacó un libro para colorear dibujos infantiles. Una mujer estaba sentada cerca de él y le preguntó:
    — ¿Está haciendo eso para su hija?
    El hombre respondió:
    — No, es para mí. El transporte público me estresa y el libro para colorear me tranquiliza.
  • Iba en el trolebús de una parte de la ciudad a otra. Cedí mi asiento, ya que había mucha gente. Estaba de pie en la parte trasera cuando una abuelita se me acercó y me dijo:
    — Cede tu lugar.
    Mi respuesta fue muy rápida:
    — Disculpe, pero yo ya voy de pie.
    Ella respondió igual de rápido:
    — Sí, pero en ese lugar es más cómodo estar de pie.
  • Iba en el trolebús. Una mujer estaba sentada cerca de la ventana con su perro salchicha, y este iba viendo hacia afuera; miraba el paisaje y cómo pasaban los carros. Su dueña iba hablándole en voz baja, explicándole lo que pasaba. El trolebús llegó a la parada y, de pronto, el perro comenzó a saltar. Con sus orejas, comenzó a tratar de llamar la atención de una niña que llevaba una chamarra amarilla y esperaba en la parada. En ese momento, su dueña le dijo: “¿Qué te pasa? Esa no es Olga, es otra chica; simplemente tienen la misma chamarra”. En ese momento, el perro volteó la cabeza, miró atentamente a la mujer, sutilmente encogió los hombros, se sentó cómodamente y continúo mirando por la ventana.

Y tú, ¿qué historias interesantes tienes que han pasado en el transporte público?

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