16 Historias magistrales de viajes que pueden ser contadas en lugar de chistes

Muchas personas utilizan el transporte público cada día. Los viajes regulares parecen bastante ordinarios, y la mayoría de las veces nadie espera nada extraordinario de ellos. Pero a veces una sola persona convierte un viaje aburrido en uno emocionante que será recordado por los demás pasajeros durante mucho tiempo.

En Genial.guru, nos encanta leer las historias de los internautas sobre sus extraños y cómicos viajes en tranvías, autobuses y metros. Algunas de las historias nos han divertido mucho.

  • Estaba en el tren y había un hombre sentado frente a mí con las piernas muy abiertas. Cuando el tren se llenó de gente, no había suficientes asientos. Una mujer entró y con decisión le dijo al hombre: “Muévete, hombre. Puedes ventilarlo todo en casa”. © Ekaterina / Genial.guru
  • Estaba viajando en el autobús, escuchando música. En una de las paradas subió una chica con un libro. Estaba leyendo y no prestaba atención a nadie. Me puse a leer con ella, pero la chica no se dio cuenta. En un momento dado, ella terminó de leer la página y yo automáticamente sostuve la página... Ella sonrió, y esta sonrisa nunca la olvidaré. Pasamos el resto del viaje leyendo en silencio. Luego nos bajamos en la misma parada y nos fuimos cada uno por su lado. Solo después me di cuenta de lo cobarde que fui por no intentar conocerla. © Habitación n° 6 / VK
  • Estaba en un tranvía a altas horas de la noche. La revisora y el chófer discutían por algo a través de la puerta de la cabina. A continuación, ella cerró la puerta con fuerza y se dirigió airadamente a cobrar los pasajes a los pasajeros que entraban. Y entonces el conductor dijo por el micrófono: “¡María, perdóname! ¡Te amo mucho!”. Todavía recuerdo a la revisora con los ojos llorosos de felicidad y a los pasajeros sonrientes. © Hacker.Heracker / Pikabu
  • ¿Conoces a esos “Batmans” en el metro? Suben al vagón, abren bien las piernas e intentan agarrarse del aire balanceando con el cuerpo, aunque los pasamanos estén libres. En una ocasión, uno de estos “superhéroes” no pudo aguantar y se desplomó valientemente sobre los pasajeros. © Julia Trojanskaya / Facebook
  • Una vez, dos hombres extraños se sentaron frente a mí en un autobús. Uno de ellos llevaba una maleta pequeña y ajada. Abriendo la maleta, le dijo al segundo hombre:
    —Esto es lo que vamos a hacer hoy. Vamos a bajarnos del autobús y a pintarlo todo.
    En su maleta tenía un montón de libros para colorear.
    —Tú coloreas dentro de las líneas —le daba instrucciones —y yo coloreo fuera de las líneas y al final del día veremos cómo se siente cada uno de nosotros.
    Luego sacó del bolsillo de su chaqueta dos cajas de lápices de colores y le dio una al otro hombre, diciendo:
    —Estos son tuyos. Son nuevos. Solo que he tirado el rosa. No creo en él.
    Fue muy extraño. © Dushka Zapata / Quora
  • Tuve un episodio en el metro. Me senté en un rincón del vagón, saqué un calcetín y me puse a tejer. En la siguiente estación entró una anciana. Se sentó frente a mí, sacó una bufanda y se puso a tejer. Nos miramos fijamente y sin siquiera hablar, empezamos a tejer cada vez más rápido. La anciana tenía más experiencia, era difícil para mí dejarla atrás. Pero hacía mucho tiempo que no competía de forma tan interesante. Por mucho que intentaba vencer a la señora, no podía. Bajó solemnemente antes de la última parada, sonriendo y manteniendo la espalda recta. Fue como jugar a Mortal Kombat en una computadora. Solo que aquí yo fui “derrotada”. Por la anciana. © Habitación n° 6 / VK
  • Subí al autobús y vi un asiento vacío junto a un hombre mayor. En cuanto me senté el hombre me miró, se levantó y se apartó. Estoy seguro de que no había nada malo en mi higiene personal. ¿Qué tenía de malo yo para no querer estar sentado a mi lado?
    Pero en la siguiente parada subió una chica de unos 20 años, que vio un asiento vacío y corrió alegremente hacia él, pero el hombre le impidió el paso: “¡Para, el asiento está mojado!”.
    Solo entonces me di cuenta de la mancha en sus pantalones. Resultó que no se levantó porque hubiera algo malo en mí, sino porque simplemente estaba mojado. © John Ukah / Quora
  • Iba viajando en un tranvía. El revisor, un chico joven y positivo, se acercaba a la gente con una sonrisa en la cara y al vender los boletos decía: “Voy a elegir tu boleto de la suerte” y cosas por el estilo.
    Charló con una joven y bonita pasajera. El chofer en el micrófono: “¡Revisor!”
    El chico corrió a la parte delantera del tranvía, cobró a un pasajero y volvió con la chica.
    Pasaron cinco minutos. Chofer: “Revisor, haga su trabajo”.
    Los pasajeros se reían, la chica sonreía avergonzada.
    Pasaron otros cinco minutos. Chofer: “Revisor Sergio, deje a la pasajera en paz o véndale un par de boletos más”. © APXuK / Pikabu
  • Estaba embarazada de unas 15 semanas, apenas se notaba la barriga. Estaba viajando de pie en el metro. De repente, la empleada del metro me gritó que me sentara en el asiento del pobre incauto al que casi había tirado del asiento. Tenía que bajarme en la siguiente parada, así que le dije que estaba bien, que no se preocupara. Pero empezó a insistir con tanta vehemencia que hasta me asustó. © CompanionCone / Reddit
  • Vi en el transporte público a un anciano que se sentó en el regazo de una chica porque, ya ves, solo había asientos libres del lado del sol. © Tamara Kotovaya / Facebook
  • Había dos hombres que viajaban conmigo en el autobús. Llevaban ropas viejas y holgadas y hablaban en voz baja entre ellos en jerga callejera. Yo estaba junto a ellos leyendo un libro. De repente me di cuenta de que entendía de qué estaban hablando. Estaban discutiendo sobre aperturas de ajedrez. En el argot de la calle. Por su conversación entendí que sabían más de ajedrez que yo. Fue una situación que me hizo pensar mucho. © Kurt Guntheroth / Quora
  • En el minibús le di dinero al revisor y extendí la mano para tomar el boleto que él tenía en su mano. No me dio el boleto de inmediato, me miró asustado. Muy bien, pensé, a cualquiera le puede pasar. Le arrebaté el boleto y me senté. Solo cuando el chico se bajó en la parada me di cuenta de que era solo un pasajero. © Ulyanu_sh_ka / Twitter
  • Todos los días de la semana, a las 2:00 p. m., uso el trolebús para ir a la universidad. Casi siempre me encuentro con la misma revisora: una anciana con un traje vaquero, con un maquillaje pronunciado, que siempre está haciendo crucigramas. No hay mucha gente en el recorrido a esa hora, principalmente solo jubilados. Todos ya se conocen y están acostumbrados a verse.
    Ayer alcanzamos un nuevo nivel de comunicación: un anciano se acercó a la revisora y le preguntó qué era lo que no podía resolver. A continuación leyó la pregunta en voz alta. La anciana sentada a mi lado gritó la respuesta. Después, los ancianos empezaron a preguntar qué otras preguntas había en el crucigrama. La mitad de la cabina lo estaba haciendo. Un poco más y este trolebús se convertirá en un club de aficionados a la resolución colectiva de crucigramas. © Habitación n° 6 / VK
  • Viajaba en el metro. En la estación, un chico con traje de cazador de fantasmas subió al vagón. Entonces oí a alguien gritar: “¡Percibo un fantasma!”. Cuando llegamos a la siguiente estación, 6 adolescentes subieron al vagón y empezaron a cantar la famosa canción de los cazadores de la película. © clearwind / Reddit
  • Estábamos viajando en un minibús con una amiga, charlando sobre nuestros propios asuntos. Parecía que estábamos hablando en voz baja, pero cuando le dije que la regla me hacía doler mucho el abdomen, la mujer que estaba delante de mí saltó de repente de su asiento y empezó a buscar algo en su bolso, que estaba apoyado en el pasillo. La señora sacó un frasco y se acercó a nosotras: “Chicas, estas gotas son muy buenas. Son las únicas gotas que me ayudan. Anota el nombre y cómpralas para ti”. Entonces me sentí como si estuviera en un anuncio en el que la gente lleva jabón para la ropa y lo saca de su bolso a la primera oportunidad.
  • Estaba viajando al trabajo en un tranvía. Suele haber mucho ruido porque muchos pasajeros se conocen entre sí. Pero después de la parada, por alguna razón, todos se callaron. Levanté la vista y vi a un chico grandote con tatuajes. Él estaba parado con una especie de vestido floral de abuelita, tenía una sola ceja, y su cabello y barba estaban medio cortados. Sus piernas sobresalían por debajo del vestido, una afeitada, la otra no, con una bota de goma y un tenis.
    La gente rehuía al grandulón y trataba de no mirar en su dirección. Pero yo no pude soportarlo y me puse a reír. Y el chico sonrió y dijo: “Anoche me quedé a dormir en la casa de mis amigos y me desperté con este aspecto”. © Dan Hunter / Quora

¿Has tenido alguna vez una experiencia extraña o cómica en el transporte público? Cuéntanos tus historias.

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