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17 Excursiones que parecen haber sido tan emocionantes como un día con Bart Simpson

Muchas veces, cuando pensamos en una excursión, llegan a nuestra mente distintos recuerdos, como la vez en que fuimos a un museo en particular, en la que visitamos la fábrica de nuestros dulces favoritos o conocimos el zoológico. De igual forma, solemos revivir alguna anécdota que hayamos tenido en estos paseos, ya sea que algunos compañeros se perdieron o que aprendimos a compartir lo poco que teníamos con los demás.

  • Una vez, cuando estaba en segundo de primaria, fuimos al zoológico y había un gorila que aventaba toda la suciedad de su jaula y del baño a nuestra maestra. © Carlos Martin Morin / Facebook
  • Hicimos una excursión en quinto año. Fuimos a visitar un frigorífico, que quedaba a 100 km. Luego, a una fábrica de leche en polvo, un poco más lejos. Cuando tienes 17 años, todo es una aventura. Íbamos en un bus y nos acompañaba la profesora de inglés. En un momento, fuimos a tomar un café, en una estación de servicio. Al rato, ella nos decía que debíamos irnos. Pero la estábamos pasando muy bien y el chófer del colectivo, un chico joven también, estaba con nosotros. Entonces, no le hicimos caso. De repente, vemos que el auto arranca. Desesperación total. Era ella al volante. Corrimos como locos para alcanzarlo. Y justo cuando llegábamos, la profesora arrancaba de nuevo. Nunca nos olvidaremos de eso. Hoy tiene 90 años, la sigo viendo, y recordamos la anécdota. ¡Inolvidable! © Diana Luz Rodriguez / Facebook
  • Cuando estaba en secundaria fuimos a Sea World como viaje de graduación. Unas compañeras decidieron que era buena idea hacer señales obscenas a las cámaras que capturan el momento en que cae el carrito de la montaña rusa. Nos echaron del parque, a toda la clase. Por lo menos, ya era el final del día y era nuestra única visita a ese parque, pero el susto nada te lo quita.
  • Cuando iba a la secundaria fuimos a la ciudad de México. Nos llevaban en varios autobuses. Al momento de regresar, un autobús se perdió y tuvimos que esperar hasta que por fin apareció. Llegué muy tarde a casa y, cuando lo hice, mi mamá me dijo hasta de lo que me iba a morir. Nunca lo voy a olvidar. © Mareli Hernández / Facebook
  • Una vez fuimos de excursión y en el camino nos encontramos una carreta a la que se la había salido una llanta. Nuestro líder nos ordenó que ayudemos al dueño de la carreta y mi amigo, que era muy grande, la levantó para poder poner la llanta en su lugar. Cuando el señor se levantó para agradecernos, vimos su cara, muy fea como la de un monstruo, y nos asustamos. © Alex JC Macias / Facebook
  • En mi escuela había tres grupos de quinto grado de primaria, y como las maestras de los tres eran familiares, se organizaron para llevarnos al Museo de Antropología e Historia a todos juntos. Es un museo gigantesco, yo he ido varias veces y no termino de recorrerlo. Afuera hay una zona que tiene juegos y el acceso al Bosque de Chapultepec. Al terminar nuestra visita, como a las 3-4 de la tarde, nos llevaron ahí a comer y nos dejaron jugar, advirtiéndonos que tuviéramos cuidado. No pasaron ni 15 minutos cuando se escuchó un llanto horrible; resulta que uno de mis compañeros se había caído del pasamanos y se había roto el brazo. Nos subieron a todos inmediatamente al autobús y nos llevaron al hospital más cercano y ahí nos quedamos los 60 niños de 10 años en una sala de hospital hasta la noche, esperando que curaran a mi compañero. Aun así me gustó mucho la salida y la recuerdo con cariño y, por supuesto, todos le firmamos el yeso en cuanto salimos de ahí.
  • En una excursión, dormimos en carpas. En plena madrugada, me desperté con una sensación muy incómoda, me costaba un poco respirar y sentía que tenía algo encima. A duras penas y a ciegas, traté de levantarme, pero solamente pude salir de mi carpa a rastras. Cuando logré salir, vi que todos mis compañeros estaban afuera, mirándome sorprendidos. Al parecer hubo una tormenta que mojó todas las carpas y las desarmó. No podían creer que hubiera aguantado tanto tiempo dormida ahí dentro, pensaban que ya habían salido todos (siempre tuve un sueño muy pesado, pero en aquella época era peor). Al otro día me bromeaban diciendo que apenas salí dije: “¿Qué hacen todos afuera?”, porque estaba tan dormida que no entendía nada, yo solo quería seguir durmiendo.
  • Cuando iba como en segundo de primaria fui en una excursión a un bosque. Pasaríamos la noche ahí, entonces nos pidieron llevar una muda de ropa, incluyendo otros zapatos porque estaríamos en lodo. Yo quería llevar mis tenis nuevos, que tenían detalles rosas muy bonitos. Mis papás no me querían dejar porque eran nuevos y no querían que los gastara tan rápido. Insistí en que solo los usaría para el regreso y que los cuidaría. Me los llevé y no sé cómo, pero los perdí. El día del regreso, ya no los encontré y volví a casa usando mis tenis sucios y enlodados a que me regañaran. Igual la pasé bonito, y no olvido esos tenis.
  • Cuando estaba en la Intermedia fuimos a una excursión al Bosque Nacional El Yunke, en Puerto Rico. Había que subir a la torre más alta por pequeñas veredas. Todos llevamos nuestra comida para merendar en lo alto de la torre, pero cuando íbamos a mitad de camino, muchos se cansaron y empezaron a dejar sus bultos con todo y merienda. Comimos a mitad de camino y tuvimos que compartir, incluyendo el agua, con los que la habían dejado perdida. © Fela Cruz / Facebook
  • Pues estábamos en cuarto año y lo que más recuerdo es que el autobús cruzó un arroyo. Luego, empezó a llover y nos subieron de nuevo al autobús porque había basura corriendo por el agua del arroyo. En cuanto lo cruzamos, el caudal hizo crecer el arroyo y, si no hubiéramos salido en ese momento, ya no hubiera sido posible cruzar ese día. © Viry Villarreal / Facebook
  • Una de las excursiones que recuerdo con mucho cariño es bastante remota, tendría unos 4 o 5 años. Fuimos a una fábrica de helados de mi natal Venezuela, de una marca nacional muy reconocida que se llama Efe. Me acuerdo de que el lugar olía a muchos sabores: vainilla, chocolate, fresa, crema. Pero me encantó porque nos pusieron a todos un casco de seguridad, guantes, lentes y orejeras por el ruido de las máquinas. Me sentí como en una película explorando una nave espacial, o algo así, por todo el equipo que tenía encima. En ese momento había un helado popular que se llamaba Pata-Pata, que era una paleta de fresa con forma de pie y el dedo gordo estaba cubierto de chocolate. Pasamos por la línea de producción de ese helado y vi que había una máquina que llevaba todas las paletas y sumergían el dedito gordo en chocolate. Recuerdo que el guía nos explicaba las cosas con suavidad y nos decía que ahí se hacían todos los helados que los heladeros repartían con sus carritos por toda la ciudad. Para mí eso era impresionante. Al final, nos regalaron un Pata-pata antes de irnos, pero, después de eso, con cada helado que me comía, en cualquier parte, me imaginaba cómo lo llevaban en las correas de producción de esa fábrica.
  • La excursión que recuerdo con mucho cariño fue cuando tenía más o menos 8 años. Fuimos a la Ciudad de los Niños, un parque que imita una ciudad, con banco, museo, iglesia, todo en pequeño, que para mí era como ir a Disneylandia. Alucinante. No solo fuimos con mi curso, también fueron los de mis hermanos de 6 y 5 años. Así que ese día fui la “hermana mayor”. ¡Un estrés! Sobre todo, al cuidar a mi hermanito de 5, que era muy travieso. Mi mamá nos había mandado una vianda compuesta de pollo asado, fruta, galletas dulces, gaseosa, golosinas, como para tres días... Además de papel higiénico, abrigos para cada uno (por si hacía frío), mantel, servilletas, cubiertos. En fin, mi mochila pesaba como una roca. Pero la pasamos bien porque a la hora de jugar en el parque me olvidé de mis “responsabilidades”, revolví todo y me divertí.

¿Qué es lo que más extrañas de tu escuela? Cuéntanos alguna anécdota divertida que hayas tenido con tus compañeros de clases.

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