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18 Compradores que hicieron llorar de la risa a los vendedores (después de dejarlos estupefactos)

Los empleados de los supermercados a menudo acuden a los foros y grupos temáticos en los que comparten casos divertidos relacionados con los clientes. Resulta que los visitan haciendo compras elfos del bosque, indios Cherokee y los atletas brutales se derriten como si fueran un helado al ver alfombrillas con gatitos.

Genial.guru ha recopilado para ti historias de los usuarios de diversas comunidades de Internet y en cada una de ellas es posible pegar la etiqueta de “la vida es más divertida de lo que podías imaginar”.

  • Mi cliente favorito fue un joven que entró y dijo: “Perdí el control remoto, así que necesito un televisor nuevo”. Le ofrecí un montón de controles universales, pero él simplemente no quería molestarse en configurarlo. ¡Sin problemas! Le vendí un televisor de 50 pulgadas.
  • Trabajo de dependiente en el departamento de juguetes de madera. Se acerca un padre con su pequeño en una silla de paseo. El niño no mira los juguetes, me mira a mí, fijamente, sin parpadeo alguno. El hombre ya no aguanta más y le acaba diciendo: “Perdóname, Mario, pero no puedo comprarte a esta mujer”. Suspira tristemente y se va.
  • Un hombre devolvió un mango a la tienda, diciendo que ya no lo necesitaba. Y la fruta ya había sido cortada en tres rebanadas y pegada de nuevo con cinta adhesiva. Incluso hice una foto de la misma.
  • En mi experiencia laboral, hubo casos en los que la gente devolvió una sandía en rodajas, un bistec con las marcas de la parrilla, una caja vacía de una tarta y latas de pinturas para nada llenas.
  • El hombre trata de explicar con gestos que necesita apretar la manguera de drenaje de la lavadora.

    — ¿Necesita un yugo?

    — ¡Eso era! Mi esposa dijo que era un yugo.

    — ¿Con un bulto o para el destornillador?

    — Sí, mi esposa dijo que era para el destornillador.
  • Fue un febrero frío en el norte de Illinois. Estaba de servicio en un supermercado 24 horas, y sobre las 2:30 de la madrugada, entraron dos hombres disfrazados de la Morsa y el Carpintero de Alicia en el país de las maravillas. Los seguí por toda la tienda para asegurarme de que no iban a hacer ninguna tontería. Y ellos simplemente vinieron para hacer una compra. El Carpintero compró protector solar y la Morsa, una bolsa de salmón del departamento de mariscos. Pagaron en efectivo y se fueron.
  • Este joven viene a menudo a comprar libros y discos. Un día decidió confesarme que sus antepasados ​​eran indios Cherokee. Pensé: “Sí, por supuesto, amigo”. Y él continuó explicando que, por la línea de su madre, era un elfo del bosque. Y que los elfos del bosque tenían una relación cercana con los indios Cherokee. Incluso me mostró lo extraordinaria que eran sus orejas. No tenía ningún argumento para añadir como respuesta a la cuestión, por lo que tuve que sonreír y asentir.
  • Una mujer construyó una pirámide de 40 latas de comida para gatos en el pasillo del supermercado. Luego, tomó de ella unas cuantas y se fue a la caja como si nada hubiera pasado.
  • Trabajo en una tienda de una cadena. Un día, vino una cliente que me molestó mucho y luego decidió rellenar el formulario para aspirar a trabajar con nosotros. Por supuesto, tiré su misiva. Y esta mujer entró en otra tienda de nuestra red, donde enseguida la mandaron al proceso de selección general y la pusieron en nuestro establecimiento. Maldito destino. Pues nada, somos amigas.
  • Trabajo de cajera en un supermercado. Cuando empiezo a aburrirme durante mi turno, inicio un juego conmigo misma: ¿qué va a comer hoy el cliente? Comparo los productos que paso por la caja y me imagino qué platillo se puede cocinar gracias a ellos. Si veo que el cliente está de buen humor, incluso puedo comentarlo en voz alta, algo del tipo “Mmmm, ¿ensaladilla rusa?” o “¿chili con carne?”. Si mi suposición es confirmada por el cliente... ¡Bingo!
  • Una malla de armadura ligera fabricada con los anillos de las latas. Será de mithril...
  • Trabajo en una tienda, pero siento que estoy en un circo. Una señora de unos 30 años se queja de que la carne es insípida. Resultó que antes de cocinarla, la pone en remojo durante 6 horas en una solución débil de lejía. Otra clienta compró hígado y lo trajo de vuelta: “Cambié de opinión, no necesito tanto, me corté un trocito y lo demás quiero devolverlo”. En fin, ya sabes, el cliente siempre tiene la razón.
  • Puse mis zapatos a la venta. Apareció un comprador. Me alegré, frotándome las manos. Y de repente, me escribió que no iba a comprarlos, pero me pagaría para que se los dejase olfatear. ¡He aquí un nicho para un nuevo negocio!
  • “¿Puedo reubicar los zapatos?” Pues vale, puedes... ¡Este hombre volvió unas cinco veces para reubicar los zapatos! Muchas personas raras en este mundo, pero ya nos hemos acostumbrado.
  • Una mujer, durante unos 10 minutos, estuvo eligiendo el jabón más barato: no podía escoger entre uno de 18 centavos y otro de 17.
  • Cuando llega la mercancía, el cargador con la máquina la lleva al sitio y los hombres la cargan hasta la sala. Un día, descargábamos las puertas y uno de los clientes decidió robar una. Su plan era sencillo: agarrar la última puerta y correr lo más lejos posible. Esperó a que se quedara esa, la tomó y echó a correr escaleras abajo. Pero no tuvo en cuenta que en ese momento el conductor de la máquina comenzó a subir y tropezó con él. El ladrón desafortunado se cayó por la escalera, resultó herido y se rompió una pierna. Colorín, colora... ¡Pero qué va! El ladrón insistía en que la tienda tenía la culpa por contar con una escalera demasiado empinada. Nuestros jefes todavía se ríen.
  • Aquí está nuestro comprador del mes. Un tipo serio (pero muy dulce) llamado Murzik, con un impresionante bajo “mia-a-au”. Su mamá es siberiana y su papá es mancoon.
  • Trabajo en el departamento de accesorios para el baño. Hoy, ha venido un hombre, duro, fuerte, parecía un atleta. Pidió ayuda para elegir los accesorios para las duchas de un club de lucha. Pues, elegimos todo, solo faltaban las alfombrillas para el cuarto de baño... Por el rabillo del ojo noté que estaba mirando una enorme alfombrilla con gatitos... De broma, se la ofrecí.

— Mujer, qué va, no me entenderían los clientes.

Nota recordatoria: era un hombre, mínimo de 210 cm de alto. Barbudo. Al pasar otros 20 minutos, se va muy triste, sin la alfombrilla.

Tras reírme mucho, fui a otro pasillo con otros clientes. De repente, noté por el rabillo del ojo que alguien se acercaba sigilosamente, escondiéndose, obviamente, de mí. Doblé la esquina y vi allí esta montaña de músculos con una sonrisa feliz y un montón de alfombrillas con gatitos corriendo hacia las cajas. Durante largo rato no podía explicarles a mis superiores por qué lloraba de la risa.

Y tú, ¿te has topado alguna vez con clientes extraños?

Imagen de portada Noromac / imgur
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