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19 Historias de la vida que ningún guionista de Hollywood podría inventar

Para escribir un guion brillante no necesitas una imaginación muy rica. Es suficiente con mirar a tu alrededor, y la vida misma te arrojará una historia llena de detalles tan vívidos que te hará dudar de vivir en la realidad. Lee las historias reales sobre la mosca Javier y la abuela que conoció a su príncipe a los 72 años, y lo verás.

Genial.guru recopiló historias de los usuarios de Pikabu, Habitación No. 6 y Oído por casualidad, que demuestran que la vida es el mejor guionista.

  • En un portal de citas conocí a una chica. Era simpática, llegó a tiempo a nuestra primera cita. Pasamos un rato en el café, y luego salimos a pasear. Pasando por la comisaría de policía, nos detuvimos frente al cartel de "los más buscados", la chica señaló una de las fotos y dijo: "Esta es mi madre". Y luego se puso a reír, se detuvo, y agregó: "No estoy bromeando, es mi madre de verdad. Ya lleva 6 meses escondiéndose de la policía".
  • Mi abuela de 72 años es muy activa; comenzó a aprender inglés en su tiempo libre, aunque todos se burlaban de ella. Hace 2 años, conoció a un hombre de su edad de Noruega. Él la visitó una vez, pero ella no lo presentó a la familia por temor a hacer el ridículo. Un año después, se casaron y ella se fue. Y ayer vinieron a visitarnos: un hombre atractivo y deportista al que ni siquiera se le puede llamar un anciano, la abuela delgada, bronceada, vestida de jeans y una blusa de moda, con un peinado moderno, con ojos brillantes, tomados de la mano. Ya sabe hablar inglés, aprende noruego, viajan. Pasaron con nosotros una hora y fueron a visitar los museos. Y nosotros con mi madre quedamos completamente estupefactos, permanecimos en silencio el resto del día.
  • Iba en el autobús, entró una mujer y le pidió al chofer un boleto de suerte para entregárselo a su madre que estaba ingresada en el hospital. Y el chofer, como si fuera un hada buena, le dio todos los boletos para que eligiera el necesario.
  • Debido al trabajo, a menudo tengo que regresar tarde a casa por las calles sin alumbrado. El transporte público no circula después de las 21:00, un taxi es demasiado caro. Además del spray de pimienta, siempre llevo una máscara terrible de Halloween en mi bolso. Cuando regreso a casa en la oscuridad, me la pongo y tengo preparado un dictáfono con una risa satánica grabada. Hasta ahora, nadie me ha agredido, pero a veces, incluso quiero que suceda para ver la reacción de esta persona.
  • De adolescente conocí a un chico. Vivía fuera de la ciudad, nos veíamos poco, porque nuestros padres no nos permitían ir tan lejos. Chateábamos en Internet, a veces nos llamábamos por teléfono el uno al otro. Entonces, la relación se vino abajo, pero no hubo una separación "oficial". Después de 4 años de aburrimiento, le escribí, diciendo que deberíamos separarnos de manera amistosa. Nos reímos un rato recordando aquellos tiempos y decidimos encontrarnos. Ya llevamos 6 años juntos después de aquel encuentro y 10 años si contamos la pausa de 4 años.
  • Un día fuimos de paseo al bosque. Allí nos tropezamos con una puerta en la tierra, por curiosidad abrimos la puerta y entramos. Lo que vimos allí nos sorprendió muchísimo: acondicionamiento perfecto, un televisor enorme, discos DVD con películas, una bodega llena de alcohol de élite, libros, cigarros, muebles de cuero, aire acondicionado, ventanas en el techo, estufa, utensilios caros y cableado eléctrico conectado al transformador. El refugio, aparentemente, había estado abandonado desde hace 10 años. En mi opinión, era la propiedad de algún hombre con buen gusto casado con una mujer fastidiosa. Luego averigüé que esta fue la "guarida" de nuestro vecino que se mudó a los Estados Unidos.
  • Mi esposo y yo nos conocimos en la sala de emergencias. Yo llegué con una quemadura de glúteos y él se había torcido la pierna. Ya llevamos 2 años juntos, y durante todo este tiempo nos preguntamos: ¿qué le respondemos a nuestro hijo si pregunta cómo nos conocimos?
  • Tomé un taxi. Cuando íbamos en camino, le pregunté al taxista:
    - "¿Esta mosca es suya o puedo soltarla?"
    - "Déjelo, si no le molesta", respondió enseguida. "Este es Javier, necesita ir al aeropuerto".
  • Hace un par de años trabajé en una tienda de regalos costosos. Teníamos un cliente habitual: un hombre maduro e inteligente, era un doctor. Compraba todos los payasos de porcelana: desde los pequeños, valorados en 30 USD hasta los que medían medio metro y costaban más de 300 USD. Se sabía que los compraba de regalo para su hija. Una vez, le pregunté dónde los guardaba, porque el hombre había comprado un número irreal de ellos. ¡Resultó que su hija tenía una habitación entera para guardar los payasos en su castillo en Inglaterra! Ella estudió allí y se casó con un conde. Creo que, cuando me contó, mi envidia adquirió una apariencia física, igual que el orgullo del hombre por tener un conde de yerno.
  • Mi amiga estornudó de tal manera que su tímpano estalló. Por mucho tiempo fue un ejemplo de "mala suerte" para mí, hasta que un día me disloqué la mandíbula por bostezar. No es de extrañar que seamos mejores amigas.
  • Trabajo de cajera en un supermercado. En un día, atiendo a cientos de personas. Para mí, todos son iguales. No veo nada impresionante. Desde hace algún tiempo, un chico simpático venía con frecuencia a hacer las compras en nuestra tienda, y noté que le gustaba. Siempre sonriendo, pero notablemente tímido. Una vez, cuando estaba sin ánimo, aburrida, con ganas de irme a casa... vino este chico. Atendiéndole, después de decir el algoritmo estándar, agregué: "¿No necesitarás una cajera?". Y él respondió: "Sí, la necesito". Se rio. Estoy enamorada de él.
  • Cuando estaba en el colegio, un día después de las clases, fuimos con mis amigas a la cafetería donde vi a mi padre con una rubia. Ella estaba sentada de espaldas a mí, y él estaba tan absorto en el dialogo que ni me vio. Me dio tanta rabia que me acerqué y eché un vaso de agua fría en la cabeza de la guapetona. Saltó gritando, pero al ver su cara, me di cuenta de que era mi mamá que se había pintado el cabello de rubio.
  • Iba una vez por la calle, nada raro, me paré en el semáforo, miré pensativamente al otro lado de la carretera, y lo que vi allí fue... una abuela con un traje deportivo de color rosa brillante acompañada por un gallo con correa.
  • Una conocida de mi tía, después del divorcio, se hizo fanática del deporte extremo. Decidió saltar con paracaídas. El primer salto - una grieta en la columna vertebral. Un mes tomando analgésicos, pero todavía bromeando: "¡Por tonta, debería haber estado practicando buceo!". Después de seis meses cae una llamada: "Te llamo desde un hospital español. ¡Fui atacada por una raya!".
  • Una vez estaba parada en el arcén de la carretera, de repente, se abrió la puerta trasera de una furgoneta y cayó una caja justo ante mis pies, la puerta se cerró y el automóvil desapareció en el horizonte. Ni siquiera tuve la oportunidad de asustarme. Abrí la caja, estaba llena de helados. Soy afortunada, ¡definitivamente afortunada!
  • Una vez a la semana, ayudo a mi abuela a hacer compras en el mercado. La última vez, cuando estuvimos allí, fui testigo de una pelea entre dos vendedoras de carne: una de ellas tirando mondongo y la otra protegiéndose con la cabeza de cordero.
  • Estaba parada al lado de una cafetería en China esperando a mi amiga. Hacía frío, llovía, había olvidado mi chaqueta en casa, mi teléfono se había descargado, mi amiga estaba tardando y no se sabía cuándo vendría, yo no sabía hablar chino, o sea - el kit completo. Ya me estaba poniendo nerviosa cuando, de repente, salió un camarero tendiéndome una taza de café con leche. Algo frustrada me puse a buscar mi cartera, pero él negó con la cabeza, me dio la taza, sonrió y se fue a trabajar. No pregunté su nombre, ni siquiera me dijo una palabra, fue un detalle, pero todavía recuerdo ese café tan delicioso.
  • Me robaron los zapatos en el tren. Me quedé dormido en el estante superior, me desperté dispuesta a bajar en la próxima estación y no pude encontrar mis zapatos. Busqué por todos lados, divirtiendo a las personas que viajaban en el mismo tren. Me puse a llorar, todavía tenía que tomar el autobús para ir a casa. Un joven me ayudó dejándome sus chanclas. Y aquí estoy, sentada en la estación, luciendo chanclas 6 tallas más grandes, con la cara manchada de lágrimas. La gente me está mirando de reojo. Es ofensivo y triste, pero, al mismo tiempo, es gracioso. Estoy agradecida con el chico. Y le devolveré sus chanclas.
  • Cuando era niña y tenía pesadillas, saltaba de la cama y corría descalza con mi pijama puesta al taller de mi papá. Mi papá era arquitecto, pero a menudo pintaba para descansar de su trabajo principal. Entraba corriendo a su taller, me sentaba en el sillón tapándome con una manta y, temblando de miedo y le describía la terrible criatura con la que había soñado... Mi papá me escuchaba atentamente y, al mismo tiempo, pintaba mis palabras. Fuera cual fuera el monstruo, en el lienzo cada vez resultaba ser un animalito gracioso. Solía decirle con indignación: "¡Papá, no se parece en nada a ese monstruo!" - y él me respondía sorprendido: "¿En serio? Disculpa, ¿puedes describirlo de nuevo?". Y tan pronto como intentaba recordar el sueño, me daba cuenta de que casi se me había borrado de la memoria, por lo que ya no había nada que temer.

¿Alguna vez has tenido una experiencia en tu vida que podría adaptarse a un guion de Hollywood?

Imagen de portada Ideer
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