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A este joven le llevó solo 4 años cumplir su sueño, y ahora seguirás el desarrollo de su vida con el corazón en la boca

La Copa Mundial de Fútbol en Rusia es el evento más resonante del 2018. Uno de los equipos favoritos tradicionalmente es el brasileño, y su estrella principal es el delantero Neymar. Pero entre sus filas hay un jugador que quizá sea aún más interesante. La historia de Gabriel Jesus, de 21 años, es como el cuento de la Cenicienta. Su inusual destino prueba una vez más que no hay nada imposible para aquellos que se guían por el sueño más genuino.

Genial.guru te presenta a este soñador que hace 4 años ayudaba descalzo a preparar las calles de la ciudad para el evento de fútbol más importante, ​​y hoy ingresa al campo entre los mejores del mundo para defender el honor de su país.

Cómo comenzó todo

La infancia de Gabriel transcurrió en la favela de Jardim Peri, en el norte de São Paulo. Las favelas son barrios marginales de las ciudades brasileñas, y sus habitantes tienen que luchar día a día para tener un plato de comida. La mamá del futbolista trabajó mucho y muy duro, por lo que su hijo siempre tenía algo para comer. Pero no se puede decir lo mismo sobre otros chicos. "Algunos comían solo una vez al día, y no iban al campo de fútbol para jugar, sino para obtener al menos un emparedado y un refresco gratis", contó el futbolista.

No es de extrañar que en esas condiciones, muchos jóvenes elijan el camino equivocado y se unan a pandillas y a traficantes de drogas. Pero esa no es la historia de Jesus. El niño literalmente soñaba con el fútbol y no faltaba a ningún entrenamiento, a pesar de las malas condiciones. El campo de fútbol estaba cerca de la prisión militar. Suciedad y polvo: eso es lo que era.

El club en el que entrenaba Jesús se llamaba "Pequeños". Era una organización sin ningún tipo de contrato ni documentos, solo llevaba optimismo a la vida de los muchachos y los sacaba de la calle. Gabriel trabajó mucho: entrenaba tanto en el club como simplemente en la calle.

Hace apenas 4 años, cuando Brasil fue sede de otra Copa del Mundo, Gabriel Jesus apenas podía pagarse el autobús. Para llegar al entrenamiento tenía que caminar en chancletas una distancia de 3 kilómetros.

El joven de 17 años pintaba para el campeonato las aceras de su ciudad natal en colores amarillo y verde y miraba los partidos de fútbol por televisión. Cuando su equipo sufrió un completo fiasco en las semifinales, el joven probablemente pensó que, de estar él en el campo, las cosas podrían haber sido diferentes.

Ahora tiene una oportunidad real de cambiar las cosas.

Un pasaje a la vida

En los últimos 4 años, el destino del incansable joven dio un giro de 180 grados. Fue invitado a uno de los equipos gigantes del fútbol inglés: el club "Manchester City". Siendo parte de este equipo, el brasileño se convirtió en campeón. Entonces, Gabriel fue convocado para jugar en la selección nacional de Brasil, y así su sueño más grande se hizo realidad.

"Tuve suerte porque conocí a varios superhéroes en el camino", dice modestamente Jesus acerca de su éxito. Y uno de esos superhéroes fue su madre. Todo este tiempo ella creyó en su talento, lo apoyó e hizo todo lo posible para que su vida no fuera tan dura como la de la mayoría de sus compatriotas.

Cuando Gabriel marca un gol, hace un gesto inusual, como si se llevara un teléfono a la oreja. Cuando se le preguntó qué significaba eso, el joven dijo: "Es simple. Mi mamá me llama después de cada gol. Y cuando anoto, "atiendo" el teléfono: "¿Hola, mamá?". La amo mucho".

Hace muy poco tiempo, Jesus pintaba su distrito, y ahora en su favela natal las paredes se pintan en su honor. La imagen del jugador de fútbol haciendo su característico gesto "Mamá llama" fue pintada en más de una docena de casas, como agradecimiento por la inspiración y la esperanza que él genera.

Recordar todo lo que llevó al éxito

Gabriel no olvida sus raíces y a todos a quienes debe sus logros. Hasta hizo un tatuaje a gran escala en su brazo, en honor a su distrito natal. La imagen muestra a un niño con una pelota bajo el brazo, que mira la favela. "Abandoné Peri, pero Peri nunca me abandonará a mí", dice el jugador sobre su pequeña patria.

Y hace poco, el brasileño publicó en su perfil de Twitter una foto de hace cuatro años en la que está pintando una acera. "La clara evidencia del giro que puede dar la vida de una persona en un corto período de tiempo", comentaron sus suscriptores.

"Mi vida ha cambiado de agua a vino", dice el joven. "Sé que muchos otros niños también pintarán las aceras de su ciudad. Quiero decirles: ¡no dejen de luchar por su sueño, sin importar qué!". Y, claramente, esta persona sabe de lo que está hablando.

"Ah, sí. Y haz una cosa más por mí: llama a tu mamá. Ella te extraña mucho".

Imagen de portada dejesusoficial/instagram
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