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Esta chica decidió ayudar a los lobos abandonados y demostró al mundo que las piedras en el camino están solo en nuestras mentes

Anastasia Gaiduk trabajaba como estilista principal en prestigiosos salones de belleza, ganando concursos internacionales de peluquería, gracias a su enorme talento. Sin embargo, cortar el pelo a famosos no le parecía la meta digna y noble que ella siempre ansiaba. Así, un día su vida cambió drásticamente.

Genial.guru quiere contarte hoy esta versión moderna de una historia por todos conocida desde nuestra infancia sobre el encuentro entre una niña y un lobo en la vida real.

Anastasia no paraba de ganar premios en diferentes competiciones del mundo de la peluquería: en el campeonato de los países bálticos, el de los países de Europa del Este y distintos eventos de Rusia y Europa. Después, incluso abrió su propio estudio. Pero, al continuar dedicándose a la profesión, la joven no cesaba en la búsqueda de aquello que pudiera aportarle un verdadero beneficio a alguien más.

Una noche, Anastasia estaba viendo una serie en la que se fijó en un lobo, del que literalmente se enamoró. La imagen de este depredador no se le iba de la cabeza. Y ella decidió tener, no un lobo, sino un perro, pero muy parecido a este. Sus planes pasaban por adoptar a un animal que necesitase ayuda (¿tal vez esta fuera una meta noble?), en vez de comprarle uno a un criador experto en la materia. Así fue como la chica conoció a un encantador perro mezclado, derivado de un husky, llamado Blade, que pronto se fue a vivir con ella a su casa.

La cosa no se acabó por el hecho de tener una mascota. Anastasia comenzó a visitar refugios de animales para participar como voluntaria. Cada vez más, se encontraba con perros que llegaban a su alma. Y con el tiempo, su manada en casa comenzó a crecer.

En algún momento, los perros de esta chica enfermaron. Se dirigió a diferentes veterinarios, para luego darse cuenta de que ella misma quería tratar a los animales. Primero, se matriculó para obtener los conocimientos y después comenzó a estudiar en la universidad.

Anastasia seguía ganando dinero con su propio estudio de belleza y lo gastaba estudiando y ayudando en los refugios. En 2015, en uno de ellos, inesperadamente, conoció a un verdadero lobo adulto llamado Zorro. Fue atrapado en el bosque, luego introducido en una “colección privada” y finalmente acabó en el refugio.

El lobo era maduro, salvaje, poco sociable, pero la intrépida chica realmente quería ganarse su confianza. Por eso, ella pasó horas al lado de su jaula, hablando con el depredador. Finalmente, este la aceptó: se dejaba acariciar, permitía que lo alimentase de sus manos, se alegraba de verla... Más tarde, logró encontrar para él un zoológico con buenas condiciones. Los empleados del mismo, incluso luego, ponían la grabación con la voz de “su humana” para que el depredador se adaptase mejor.

Desde entonces, la chica ya no podía dejar de pensar en los lobos y, mientras se dedicaba a los perros, comenzó a obtener conocimientos sobre sus hermanos salvajes. Un año más tarde, ya le pidieron que recogiera a un lobo en libertad cerca de la ciudad, que anteriormente vivía en una casa. Sucedió en vísperas de Año Nuevo, pero ya el 2 de enero el animal estaba con esta amante de los “perros salvajes” grises.

Pero cuando se puso a buscar un hogar para Odin (así llamaron al animal), se enfrentó a numerosas dificultades: ningún zoológico quería aceptarlo, ya que todos tenían sus “colecciones” completas. Fue entonces cuando a la moderna Caperucita Roja se le ocurrió crear el primer centro de lobos de Rusia y un refugio con actividades y excursiones culturales, educativas y didácticas.

Casi al mismo tiempo, Anastasia conoció a Svetlana, que también estaba comprometida con los lobos, pero con los suyos propios. Juntas, abrieron el refugio. En marzo de 2017, con el dinero ahorrado, las chicas ubicaron a los primeros cuatro lobos rescatados en recintos cerrados al aire libre en el terreno comprado especialmente para este fin.

Cuando el refugio ya estaba abierto, alguien se puso en conctacto con la estilista, y ahora ya veterinaria, para que ayudase a un lobo. Esta vez no solo necesitaba un hogar, sino también atención médica profesional. León, como se llamaba el depredador, estaba paralizado y requería de cuidados 24 horas del día.

Buscando condiciones y especialistas adecuados, Anastasia conoció a Yaroslav, que antes se dedicaba a acoger por un tiempo a los lobos y estaba dispuesto a ayudar. Llevó al animal enfermo al trabajo, donde tenía la oportunidad de tener a este depredador y pasaba días y noches con él. A la chica no siempre se le permitía entrar en esta zona restringida, por eso se comunicaban mucho por teléfono. En sus conversaciones, Yaroslav y Anastasia encontraban temas en común, compartían sus preocupaciones e ideas.

Pronto se casaron y comenzaron a desarrollar juntos el “Hábitat del Lobo”, ayudando a estos depredadores en apuros. Algunos de ellos, simplemente, fueron abandonados por los humanos porque no podían hacerse cargo del animal. Alguno empezó a sobrar en el mundo del cine y el zoológico: estos animales se daban de baja, dejándolos vivir en unas condiciones terribles, o bien se sacrificaban. E incluso algunos de ellos tenían que ser capturados en parques urbanos, cuando sus dueños anteriores intentaban devolver al animal “a la naturaleza” o, simplemente, el depredador se escapaba de ellos.

Anastasia tiene que hacer frente y resolver muchos problemas. Y estos se relacionan no solo con el apartado económico. Aunque eso también resulta importante: los lobos comen mucho y solo comida natural. Por no mencionar el hecho de que de vez en cuando intentan “modificar” sus habitáculos, cavando por abajo o mordiendo la cerca. También existen dificultades jurídicas, porque la legislación aún no contiene normas claramente definidas sobre la tenencia de depredadores salvajes, así como diferentes organismos de inspección les requieren permisos distintos. Sin contar que, los mismos, difieren entre sí.

Además, las personas a su alrededor también los perciben de un modo diferente: algunos temen mucho a este tipo de vecindario, elaborando todo tipo de intrigas, otros, por el contrario, creen que un lobo adulto no es más peligroso que un perro doméstico común y, por todos los medios, trata de acariciar a este “lindo depredador”. No en vano, a pesar de todo esto, la joven continúa avanzando hacia su objetivo previsto. Y esta historia, una vez más, demuestra que con un fuerte deseo y con fe en su trabajo, uno puede lograr mucho.

Ahora, Anastasia trabaja de veterinaria, asesora a los dueños de gatos y perros sobre la alimentación adecuada para sus mascotas. En el futuro, ella y su esposo planean dedicarse a la reintroducción: la adaptación y liberación de la descendencia de sus lobos en plena naturaleza.

¿Qué opinas del instinto de superación y la labor que lleva a cabo Anastasia? ¿Cómo reaccionarías si vieras a un lobo merodeando el parque urbano? Comparte tus reflexiones en los comentarios.

Imagen de portada chertogvolka
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