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Cuando me convencieron de comprar un colchón y resultó que tenía pulgas

Comprar muebles nuevos siempre es una gran aventura. Incluso, en ocasiones, hay tantísimas cosas que terminamos por llevar algo que ni siquiera necesitamos. Los vendedores son una pieza clave en esta etapa porque ellos son quienes nos convencen de llevar los muebles que, según ellos, van mejor con nuestro hogar.

En Genial.guru, hicimos una pequeña historia en la que se demuestra que, muchas veces, la frase “lo barato sale caro” no está tan lejana de la realidad.

¡Hola crayola, amiguitos! Qué bueno que los veo por aquí. Vengan, vamos a echar el chisme porque, qué clase de amistad tendríamos ustedes y yo si no echamos la chismeación cuando nos vemos.

Pues les cuento, hace poco tuve que comprar una nueva sala por un pequeño incidente con el señor de la basura, cosas del pasado, no importa, e igual ya pasó y ya casi no lloro por las noches. Una confusión la tiene cualquiera y yo para nada soy rencorosa de mi corazoncito. El chiste es que dentro de toda mi tragedia sucedió algo bueno y fue que tuve que ir a la mueblería en búsqueda del que sería mi nuevo sillón y después de elegirlo, me fui a pasear ahí mismo para ver qué más me encontraba por ahí.

Qué bárbaro, amigos, ¡qué de muebles hay para todo lo habido y por haber! Además, durante mi excursión, me encontré con la sección de colchones y hasta creí que había llegado al paraíso, todo se veía sumamente esponjoso y apachurrable.

Hagan de cuenta que andaba entre las nubes, brinque y brinque de un colchón a otro. Todo eran risas y diversión hasta que, discretamente, se acercó a mí un señorito con cara de pocos amigos y con una profunda mirada que nomás no me quitaba de encima. Al principio, yo creí que me iba a regañar por estar jugando como niña chiquita de colchón a colchón, pero su plan era aún más perverso. El jovenazo en cuestión iba con toda la intención de venderme uno de esos colchones.

Cuando se me quedó viendo fijamente, no tuve otra opción más que entrar en pánico, y es que ustedes me conocen amigos, soy la peor persona del mundo mundial tomando decisiones de compra y más cuando me siento presionada, por eso luego compro puras tonterías. Cuando menos lo esperaba, se acercó el señorito y me dijo:

—¡Veo que está probando nuestro colchón más nuevo! ¿Apoco no es toda una joya?

En ese momento, dejé de brincar en el colchón y no supe ni qué cara poner, porque evidentemente yo solo estaba jugando, no iba buscando comprar absolutamente nada más que mi sillón, así que sin responder nada, me le quedé viendo desconcertada hasta que él siguió hablando.

—No se preocupe, puede seguir brincando ahí sin problemas, le servirá para comprobar la buena calidad con la que están hechos nuestros colchones.

No, muchas gracias, ya acabé. Si está bastante bueno la verdad, tampoco le voy a mentir.

—Se ve que usted tiene muy buen ojo para los colchones, dicen por ahí que ese es el modelo que han escogido algunas celebridades. Por cuestiones de privacidad, no podemos revelar su identidad, pero solo le diré que participó en una película de un naufragio en la que mucha gente está convencida de que era posible que dos personas cupieran encima de una puerta para salvarse del agua helada.

Ese fue el momento exacto en que me perdieron, amigos. Explíquenme ustedes, ¿cómo es que no iba yo a comprar el colchón que una de las estrellas más reconocidas del mundo mundial tiene en su casa?

Como ahora sí estaba bastante interesada en ese colchón, pero no quería darlo a notar para que no me vieran la cara, conté hasta tres y con mucha calma le pregunté al buen hombre cuál era el precio de aquella esponjosa joya.

—Uy, señorita, eso es lo mejor, está bien barato. Mire, pásele por acá, ahorita le digo bien en cuánto le saldría.

Bueno, ni para qué les cuento en qué acabó la cosa, ¿verdad? Justo como lo esperan, ese mismo día pude tener en mi casa un colchón digno de las estrellas de Hollywood.

Parecía que todo había salido de maravilla, ahora ya tenía mi sala nueva y, además, como cereza del pastel, tenía una fantabulosa cama nueva. Así es la vida, en ocasiones, las oportunidades vienen cuando uno menos las espera.

Obviamente, no podía esperar a que llegara la hora de dormir para estrenar mi más reciente adquisición, así que en cuanto comenzó a ponerse oscuro, pegué un gran brinco directo a mis aposentos y me acurruqué.

Y así fue, señores y señoritas, me acosté en la cama y caí inmediatamente en los brazos de Morfeo. ¿Quién lo diría? Una pequeñuela como yo durmiendo en una cama como la de las estrellas de la pantalla grande.

Al otro día, cuando desperté, me di cuenta de que el sueño hollywoodense había terminado, ya que sentía que algo andaba mal. De pronto vi que mis preciosas sábanas blancas de 30 mil hilos de poliéster estaban todas llenas de pequeñas manchitas negras.

Y, efectivamente, justo como lo están sospechando, el mugroso colchón que me vendieron estaba lleno de pulgas. ¡Pero qué cosa tan horrible! Yo estaba completamente enloquecida.

Lo único que se me ocurrió en ese momento fue volverlo a meter en la enorme bolsa en la que venía para contener a todos los animalejos y después rociar todo mi cuarto con insecticida con la esperanza de que no quedaran sobrevivientes.

Ahí fue el fin del mugroso colchón, bien dicen que lo barato sale caro. Pero bueno, amigos, en otro tema, nada relacionado con esto, ando vendiendo un juego de sábanas blancas prácticamente nuevas, ¿no habrá por aquí algún interesado? Si conocen a alguien me avisan, para negociar. Ya me voy; adiosito, guapetones.

¿Cuál ha sido un producto que compraste por ser una gran oferta y terminó decepcionándote?

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