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Cómo corregir la conducta negativa que los hijos han aprendido de sus propios padres

La crianza de un niño está llena de retos y momentos cruciales que determinan la conducta del pequeño en un futuro. Uno de los elementos que pocos padres toman en cuenta es que los niños son una especie de esponjas que absorben todo lo que ven. Desde el punto de vista científico, a este comportamiento se le conoce como teoría del aprendizaje social, según la cual los chicos aprenden con base en la observación y la repetición de las acciones que presencian. Pero ¿qué pasa cuando los padres nos equivocamos? ¿Es posible revertir un mal ejemplo?

En Genial.guru, sabemos que equivocarse es de humanos, por lo que siempre resulta útil aprender a corregir las fallas que les hemos enseñado a nuestros hijos.

Paso 1. Entender que las emociones humanas son volátiles

Sí, es cierto que todos tenemos derecho a expresar nuestras emociones o a no tener el tiempo suficiente para cumplir todos los compromisos que adquirimos. El ajetreo constante de la vida nos va llevando por ciertos caminos que terminan por hacernos estallar y nuestras reacciones no son las más acertadas.

Sin embargo, cuando nos convertimos en padres, debemos aprender a tener mucho más cuidado con la forma en la que reaccionamos ante las diversas situaciones a las que la vida nos enfrenta. Ya no se trata solamente de nosotros y nuestra reputación, hay un ser más que depende de nosotros.

Paso 2. Analizar nuestra propia conducta

La mejor manera de averiguar si no nos hemos comportado de forma correcta delante de los pequeños es haciéndonos la siguiente pregunta: ¿hay algo que yo cambiaría en su conducta? Si la respuesta es afirmativa, entonces es hora de revisarnos a nosotros mismos y detectar qué estamos haciendo con nuestro propio comportamiento.

Una vez hemos entendido y aceptado que nuestra forma de actuar influye directamente en la personalidad de nuestros pequeños, el siguiente paso es aumentar nuestro autocontrol y empezar a pensar antes de actuar, sobre todo en situaciones álgidas o muy emocionales. Así, la teoría del aprendizaje social puede empezar a surtir efecto en los niños que nos observan. Entre algunas de las cosas más comunes que solemos hacer están:

  • rendirnos ante la flojera y dejar de lado las responsabilidades;
  • guardarles rencor a otros;
  • tratar de forma agresiva y grosera a otras personas;
  • burlarnos de los demás y ser poco empático;
  • decir malas palabras;
  • romper una promesa;
  • ser descubierto en una mentira;
  • perder los estribos;
  • discutir álgidamente con nuestra pareja;
  • valorar las cosas solo por su apariencia.

Paso 3. Cómo revertir el daño

Luego de tener claro cuáles son las conductas erradas que hemos tenido como padres y que nuestros hijos han copiado, lo ideal es diseñar un plan de acción para revertir el efecto. El ejemplo es primordial. Si, por ejemplo, tiendes a dejar los platos sucios sobre la mesa y tu hijo ha empezado a hacerlo, el modo más sencillo de corregirlo es lavarlos apenas te levantas de tu silla.

Para poder corregir cada mal comportamiento heredado a nuestros hijos, debemos dejarles claro que lo hemos identificado y que estamos haciendo el cambio que queremos ver en ellos. Siguiendo con el ejemplo anterior, además de empezar a lavar los platos, es importante hacer comentarios como: “Sé que siempre espero que alguien recoja mis platos, pero debo empezar a seguir mis propias reglas y a ordenar la mesa yo mismo”.

En general, estos son algunos otros ejemplos positivos que les puedes dar a tus hijos:

  • vivir una vida saludable;
  • demostrar respeto y empatía hacia los demás;
  • controlar el tiempo que pasas frente a la pantalla;
  • trabajar duro;
  • hacer voluntariado en la comunidad;
  • demostrar habilidades sociales y emocionales;
  • mostrar ganas constantes de aprender;
  • pedir disculpas al equivocarse.

Paso 4. Reforzar el comportamiento corregido

Luego de haber logrado cambiar ciertos hábitos negativos a través del buen ejemplo, el siguiente paso debe ser el refuerzo positivo de esa corrección.

A todos nos encanta que nuestros padres se den cuenta de que hemos hecho una mejora notable en nuestra forma de ser, y más aún, que nos feliciten por ella; por eso, es bueno alentarlos a seguir así e incluso a ser cada día mejores, pero no solo con acciones, sino también de forma verbal. Es muy positivo que nuestros hijos sepan que hemos reconocido nuestros errores en ellos y que nos complace que ellos no los repitan.

Es prudente advertir que ningún cambio de comportamiento es milagroso ni ocurre de un día para el otro, por lo que la paciencia es clave fundamental en este tipo de procesos. Tener una familia armoniosa con unos hijos bien educados conlleva mucho esfuerzo, dedicación y disciplina, tanto para ellos como para los padres; sin embargo, la recompensa al final del camino suele valer el tiempo y la entrega invertidos.

¿Qué otro método crees que es útil para corregir el mal comportamiento de los hijos? ¿Qué hábitos de tus padres solías copiar cuando eras niño?

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