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7 Errores fatales que cometemos cuando un niño tiene una rabieta

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No existe padre que no esté familiarizado con el problema de las rabietas infantiles. Y a veces ya no te quedan fuerzas y tú mismo te ves invadido por las ganas de gritar y patalear de la misma manera que el niño hecho una furia. Pero es importante recordar que los padres somos nosotros y somos los responsables del estado emocional del niño cuando está fuera de sí. Todos tienen su propio método de distracción, pero en este artículo queremos profundizar en las frases que, bajo ningún concepto, deben decirse al pequeño por muy nerviosos o enojados que estemos en este momento.

Genial.guru espera que este artículo te ayude a guardar las apariencias, incluso en las situaciones más complicadas y de este modo no perjudicar a tus hijos con expresiones imprudentes.

“¡Basta ya o te quedarás sin dibujos animados!”

Tú eres una autoridad incuestionable para tu hijo y, cuando lo privas del televisor, juegos y otras cosas importantes para él, este comprende que algo ya está haciendo mal. Pero la rabieta no aparece de la nada, el niño se siente mal y expresa su dolor de esta manera, a pesar de que para nosotros está demasiado fuera de lugar. Resulta que si vuelve a expresar sus emociones, ¿puede ser privado de algo importante?

Debido a este tipo de actitudes, los niños se convierten en adultos que tienen congelado todo el espectro de emociones negativas, y como consecuencia, desarrollan enfermedades del sistema cardíaco, hipertensión y arrebatos incontrolados de ira.

“¿Por qué te preocupas por tonterías?”

Cuando decimos esta frase, creemos que ayudamos al niño, pero en realidad solo le hacemos daño. Incluso si nos parece que la causa de estas lágrimas es insignificante, eso no quiere decir que el pequeño perciba del mismo modo su tragedia.

Al restar importancia a sus sentimientos, inculcamos al niño que aquello que lo enoja o lo hace feliz no es importante. Y además de la frustración causada por el incidente, el pequeño también comienza a sentir resentimiento hacia nosotros por no entenderlo. Más adelante, esto puede provocar un efecto contrario: el adolescente devaluará nuestra opinión.

“Si no paras, me voy ya mismo y te quedarás allí solo”

Esto también es una amenaza, pero de otra índole. El miedo a quedarse solo es uno de los primarios y diciendo eso a tu pequeño, socavas su confianza en el mundo. Resulta que él absorbe esta actitud: hiciste algo mal (y no sabes qué exactamente), y te quedas solo. Confiar después de esto en sus queridos papás se vuelve difícil.

Después de este estrés que experimenta, si la amenaza se hace realidad, el niño puede encerrarse en sí mismo, por lo que te será más difícil recuperar su confianza, no solo hacia ti, sino también con el mundo. En el futuro, a consecuencia de esto se desarrollan neurosis, trastornos de ansiedad y ataques de pánico.

“Te castigo por tu propio bien”

Si crees que el niño realmente entiende por qué está siendo castigado, entonces estás profundamente equivocado. El niño no recordará el momento educativo, solo permanecerá en su memoria que le está haciendo daño la gente a la que quiere. Así, o bien acaba teniendo miedo de hacer algo mal y se convertirá en una persona extremadamente insegura de sí misma, o elegirá para sí mismo un modelo de comportamiento agresivo.

Los insultos también son un tipo de violencia emocional: el pequeño, no solo recordará tus palabras, por lo que puede recurrir a ellas al igual que tú, sino que también pensará que se merece este trato, dado que los padres son la máxima autoridad que lo ha decidido.

“¿Pero cuánto más tengo que aguantar? ¡No sé qué hacer contigo ya!”

Cuando un niño observa la impotencia de sus padres (y esto es precisamente así porque no sabes qué hacer), pierde la sensación de seguridad. ¿Cómo puede ser: ustedes, las criaturas más poderosas del mundo (según su percepción), sienten impotencia al no saber gestionar sus propias emociones?

Al niño le cuesta controlar su ira, ya que solo está aprendiendo a lidiar con sentimientos tan complejos como enojo, resentimiento y miedo (y es precisamente lo que observamos cuando el pequeño sufre una rabieta), y aquí aparece un nuevo desafío: esos padres que no pueden ayudarlo.

“Y ahora vendrá el policía y te llevará con él”

Además de las amenazas que hemos mencionado anteriormente, estas actitudes también son peligrosas ya que crean una idea negativa en el niño sobre médicos, agentes de policía y todas aquellas profesiones con las que intimidamos a un pequeño desafortunado.

¿Cómo puede no estar histérico en un hospital si ha oído ya cien veces que el malvado médico le pondrá una inyección si no se termina el platillo o se lava las manos? Respecto al Coco y otros monstruos y espíritus malignos son una historia aparte: con este tipo de intimidaciones y amenazas, aparece la enuresis y miedo a la oscuridad, lo menos que puede suceder en estos casos.

“Toma la tableta, pero deja de llorar”

Cuando al principio prohibimos, para más tarde, al ver la reacción y los primeros “brotes” de lágrimas en nuestro lindo niño tan querido, acabamos permitiéndolo, de este modo, preparamos el camino para futuras manipulaciones. El niño no es tonto y, a medida que crezca, comprenderá que si no puedes soportar sus gritos y estás dispuesto a dar cualquier cosa, ¿para qué reinventar la rueda? Basta con llorar por cualquier razón, y la tableta / juego / visita a la cafetería o caprichos varios tan deseados estarán al alcance de su mano.

Este niño se acostumbrará a manipular a los demás y se enojará mucho si, con el primer llanto, otros no corren a cumplir sus deseos. Será muy difícil para ese pequeño socializarse en el futuro.

Bono: entonces, ¿qué se debe hacer durante una rabieta?

Enseña a tu hijo a expresar su enojo e ira de maneras aceptables, por ejemplo:

  • golpear una almohada;

  • corre de aquí a un banco;

  • si ves que la rabieta está a punto de producirse, pide que te explique lo que se siente (si ya puede hacerlo);

  • dale arcilla o plastilina y pídele que represente lo que siente ahora mismo;

  • si el niño ya estudia en primaria, ponte frente a él, apoya tus palmas de las manos contra la suyas y prueba a “presionar” junto a él y a la vez, así el pequeño soltará toda la tensión acumulada.

¿Te has topado con una rabieta infantil alguna vez? ¿Conoces otros trucos respetuosos y alejados de prácticas manipuladoras con el pequeño para rebajarlas? Cuéntanoslo en los comentarios.

Ilustrado por Leonid Khan para Genial.guru
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