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Algunas palabras mágicas con las que Soymamá se convierte en hada

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Mi nombre es Galina Sokolenko, soy psicóloga y madre. Para explicarle cosas complejas a mi pequeño hijo en un lenguaje sencillo, elegí el formato de un cuento de hadas. Pruébalo tú mismo, y verás con qué facilidad los personajes de ficción cambian nuestra percepción de la realidad, ayudan a descartar emociones innecesarias y nos permiten no solo ver el problema, sino también solucionarlo como por arte de magia.

Especialmente para los lectores de Genial.guru, les contaré un cuento de hadas en el que el bien, como siempre, cambia el mundo para mejor.

Una bruja es un hada encantada

—¿Qué tipo de cuento quieres para dormir hoy?

—¡Sobre una terrible bruja!

—Bueno, entonces será sobre una bruja. Te contaré la historia de una terrible bruja que conocí hoy en la tienda.

—¡¿La conociste en la tienda?! ¡¿Y cuál es el nombre de esta bruja?!

—Su nombre es Soymamá.

—Soymamá... ¡Qué nombre tan tonto! ¿Y qué hace esta Soymamá?

—Refunfuña mucho, se preocupa, se queja y con esto hace que la gente se enoje y se moleste. A veces incluso grita.

—¿Por qué se queja y se preocupa? ¿Ella nació así?

—Sabes, creo que una vez fue hechizada.

—¿Y de qué se queja Soymamá?

—Creo que se queja porque le falta atención. Y tal vez nunca nadie le dio las gracias, por mucho que ella hiciera.

—¿Cómo es eso?

—Bueno... ¿recuerdas que antes siempre me hacías un pastel de arena?

—¡Seguro! ¡A ti te gusta!

—Sí, es verdad. ¿Recuerdas que siempre te dije que es mi pastel favorito, y te decía: “Gracias, hijo”?

—Sí, y yo también te decía gracias cuando me comprabas un pastel en la tienda. No estaba hecho de arena, claro, pero igual era muy sabroso.

—Sí. Nos dábamos las gracias y era muy agradable. Pero Soymamá hizo el más lindo y delicioso pastel de arena, pero probablemente nadie le dio las gracias. Por ejemplo, ella caminó con una gran barriga durante mucho tiempo y luego dio a luz a un bebé tan bonito como tú. Cuando yo te di a luz, todos querían ayudarme, y tu papá me llevaba en brazos para cruzar los charcos y todos los días me decía gracias por ti. Pero a Soymamá le dolía la espalda, le dolía el estómago, no podía dormir ni comer, era muy difícil para ella. Luego estuvo en el hospital durante mucho tiempo, pero nadie le dio las gracias por el bebé. Y se sintió dolida.

—¡Pobrecita! ¡A mí tampoco me gusta cuando me duele el estómago! ¿Qué más hace Soymamá?

—A veces, cuando pasea con su niño y cerca pasa un hombre con un perro, ella le grita que lo aleje, aunque el perrito no muerda y sea muy pequeño.

—¡¿Por qué?! Los perros son buenos, ¡yo quiero un perrito!

—Sí, los perros son buenos. Creo que es porque se preocupa mucho. Y también, tal vez solo quiere que la gente alrededor la mire y diga: “¡Está preocupada por el niño, es una buena madre!”.

—Tú también estás preocupada por mí, definitivamente eres una buena madre, mamá.

—Gracias, hijo.

Las palabras mágicas ayudarán a vencer a la bruja

—¿Y qué hay que hacer? ¿Cómo vencer a esta Soymamá?

—Sabes, hijo, no todas las brujas tienen que ser derrotadas. A veces unas palabras mágicas son suficientes y la bruja se convertirá en un hada.

—¿Cuáles son las palabras mágicas?

—Por ejemplo, podrías decir: “Si estás preocupada, sostendré al perro para que puedas pasar”.

—¿Eso es todo? ¿Y la bruja se convertirá en un hada?

—Puede que no siempre funcione, pero es un buen hechizo.

—¿Y esta bruja no le teme ni a la maestra del kínder? ¿Ni a un médico?

—No, no le tiene miedo a la maestra ni al médico. En realidad, ellos mismos no quieren encontrarse con Soymamá en el camino.

—¿Qué les haría?

—Los regañaría por su mal desempeño, aunque hagan bien su trabajo.

—¿Y qué deberían hacer? ¿Cómo pueden protegerse?

—Lo mejor que le pueden decir es: “Entiendo que estés preocupada por tu hijo, tienes un bebé encantador y eres una madre maravillosa”.

—Cuando te lo dicen a ti en el kínder, sonríes.

—Sí, las madres siempre se alegran de escuchar eso.

—Mamá, ¿y qué pasó en la tienda? ¿Qué te hizo Soymamá?

—Me gritó que debería dejarla pasar en la fila de la caja porque tenía a un niño pequeño en brazos.

—Qué bruja más astuta, ¿no?

—Quizás sea astuta. Pero la miré y me pareció que estaba cansada y que nadie sentía lástima por ella.

—¡Pero tú también estabas cansada hoy!

—Sí, pero cuando llegué cansada a casa, tú me dibujaste un tanque y papá me masajeó los hombros. Ustedes me mimaron y me sentí mucho mejor.

—¿Y qué hiciste con la bruja? ¿Dijiste las palabras mágicas?

—Sí, le dije: “¡Oh, cómo te entiendo, yo también pasé por esto y hacía estas filas! En los pasillos de los mostradores de la caja no cabe una carriola, ¡así que hay que llevar al niño en brazos! Por favor, pasa”.

—¿Y se convirtió en un hada?

—Creo que sí.

—¿Tenía alas y se fue volando?

—No, ella solo dijo gracias y se le llenaron los ojos de lágrimas. Como cuando quieres llorar, pero tratas de reprimirlo, ¿sabes?

Cualquiera puede convertirse en un buen mago

—¿Y alguien puede desencantarla para siempre?

—Un mago amable.

—¿Y dónde está el buen mago?

—Hay muchos de ellos, pero no siempre se muestran.

—Nunca conocí a uno...

—¿Qué estás pensando?

—Mamá, parece que también tenemos una bruja en nuestro barrio. Cuando voy en bicicleta y paso a su lado, ella dice que soy un chico maleducado y que si golpeo su carriola, me atrapará y ya veré.

—¿Y tú qué haces?

—¡Paso aún más cerca a propósito! ¡¿Por qué es así?! ¡No le tengo miedo!

—Eres fuerte. Pero de todos modos, probablemente ella esté muy ofendida por eso. ¿Quizás mañana puedas probar las palabras mágicas?

—Tal vez lo intente.

—¿Qué palabras dirás?

—Diré: “No golpearé tu carriola, puedo montar con cuidado y no quiero que te preocupes. ¡Eres una buena madre, una verdadera hada!”.

—¡Qué palabras tan buenas y amables! Estoy segura de que de inmediato se harán amigos.

—¡Mamá, sabes, tú eres una verdadera hada!

—Y tú eres un buen mago.

¿Conoces a alguna “bruja malvada” como Soymamá? ¿O, tal vez, tú misma eres una? ¿Qué palabras mágicas crees que pueden convertirla en un hada?

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