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A veces reírse no es sano (y te traemos 3 casos de la risa patológica en la vida real)

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Se dice que la risa es el remedio del alma, pero no siempre es así. En ocasiones, llega un punto en que una persona tiene una crisis tan grande que sufre de risa patológica, que conlleva una serie de inconvenientes a la hora de convivir en sociedad.

Genial.guru investigó acerca de esta patología y analizó algunos casos reales de personas que la sufrieron y cómo pudieron sobrellevarlo para mantenerse en sintonía con sus emociones.

¿Qué es y cómo se presenta la risa patológica?

Son muchas las investigaciones que se llevaron a cabo sobre la risa. Algunos profesionales de la neurobiología como Robert Provine, aseguran que dicho acto es algo instintivo, contagioso y estereotipado que realizamos de forma involuntaria. Otros, como Charles R. Gruner, afirman que la risa es señal de triunfo hacia su adversario.

Pero, ¿qué hay de la risa patológica? En el ámbito de la psiquiatría, existe la risa sin motivo, que surge tras una enfermedad patológica como la parálisis bulbar, o en casos de intoxicación con alucinógenos y alcohol. Generalmente se suele presentar en pacientes con esquizofrenia como una respuesta a sus alucinaciones auditivas, o en aquellos quienes han sufrido traumatismo craneoencefálico.

Algunos síntomas de la risa involuntaria o patológica

Según un estudio, puede surgir una desproporción con el estímulo original calificándola de incontinencia emocional. En algunos casos, el paciente pasa de la risa al llanto de forma instantánea e, incluso, puede sufrir una fase de amnesia luego de finalizado el ataque de risa.

Mientras que una risa normal puede surgir por una gran variedad de estímulos, la risa patológica surge de forma inapropiada y desenfrenada a ciertas situaciones o emociones del afectado.

El síntoma principal es reírse en cualquier momento de forma descontrolada, ya sea por afecciones en el cerebro o problemas del sistema nervioso central, como la esclerosis múltiple. Este fenómeno también se ha dado en niños con síndrome de Asperger y trastorno autista.

3 casos reales de risa patológica

En muchas ocasiones, la risa incontrolada puede provocar ciertos inconvenientes con el entorno. Y aunque pareciera ser algo sacado de la ficción, muchas personas lo han sufrido o lo sufren en su cotidianeidad. Te presentamos algunos casos de la vida real documentados e investigados acorde a la gravedad del problema.

Paul Pugh, el hombre que reía cuando quería llorar

El caso más famoso de risa patológica es el del galés Paul Pugh quien, a la edad de 27 años, sufrió un asalto en la calle, donde recibió severos golpes en la cabeza dejándolo en coma por dos meses. Al despertar, se reunió con sus terapeutas y familiares y comenzó a sufrir los primeros efectos de la risa descontrolada. Mientras ellos estaban hablando sobre su estado y su futuro, Paul se sintió aterrado y lo manifestó con una serie de carcajadas, aunque él aseguraba que se sentía con ganas de llorar por todo lo que estaba sufriendo en esos momentos.

Según el Neuropsicólogo clínico Andy Tyerman, Paul Pugh sufrió de afección seudobulbar, lo cual trata de la manifestación de emociones inapropiadas para el contexto en el que se desenvuelve el paciente, siendo contradictorio con lo que realmente está sintiendo. Es por eso que resalta la importancia del afectado de controlar las emociones para tratar de mantener sus relaciones.

Este problema le ha ocasionado a Paul Pugh conflictos con familiares y amigos, quienes desconocían sobre esta patología. Es por eso que, tras diez años de sufrimiento, ha conseguido controlar las ganas de reír en algunas ocasiones, pensando en una situación mala o en alguna persona que no le generaba sentimiento alguno. Hoy en día, se dedica a realizar charlas en diversas instituciones académicas sobre el problema de la violencia generada por el alcohol para que nadie más tenga que pasar lo mismo que él.

La epidemia de la risa en Tangarina

En la década del 60, en una aldea de Tangarina (actualmente conocida como Tanzania), surgió la “Epidemia de la risa”, que fue iniciada con un grupo de niñas de una escuela. Dicho fenómeno comenzó a expandirse a todas las clases y, luego de cerrarse la escuela, se trasladó a las cercanías. Sin embargo, así como vino, desapareció solo en un periodo de cuatro meses. Otros testimonios aseguran que las risas ocurrían en intervalos de tiempo como ocasionales ataques de risa que finalizaron de seis a doce meses de iniciado.

Se dice que la epidemia surgió a raíz de una histeria colectiva que fue ocasionada por un profundo cambio social. Para el investigador lingüístico Christian F. Hempelmann, este caso pudo estar relacionado con la independencia de Tangarina surgida en 1962, la cual provocó que muchos jóvenes se sintiesen estresados por las altas expectativas que sus maestros y padres tenían sobre ellos. Esto fue lo que ocasionó una Enfermedad Psicogénica Masiva (MPI) que, según Hempelmann, no surge por ninguna causa ambiental o intoxicación, sino es más bien un estrés compartido por una población.

Otra hipótesis presentada en conjunto por el sociólogo Robert Bartholomew y el psiquiatra Simon Wessely, la epidemia de la risa afectó especialmente a las escuelas misioneras. En aquel entonces, Tangarina era gobernada por unos ancianos tradicionalistas que mantenían unas leyes estrictas, por lo que la risa patológica fue producto de la disonancia cultural entre el conservadurismo tradicional y las nuevas ideas que desafiaban las creencias establecidas en dicha sociedad, y que los investigadores denominaron “reacciones de conversión”.

Jordi Évole, el hombre que se desmayó por la risa

Uno de los problemas de esta patología también puede afectar al funcionamiento del cuerpo. Tal es el caso de Jordi Évole, un presentador de televisión y periodista de España. Todo inició en una entrevista que le hizo al futbolista Andrés Iniesta en Japón, donde al periodista le entró un ataque de risa. Dicho acto provocó que se cayese de espaldas al suelo, debido a que sus músculos se aflojaron perdiendo el equilibrio por completo.

La neuróloga Celia García Malo indicó que Jordi Évole posee debilidad de los músculos en la cara y cuello, y se extiende hasta las extremidades ocasionándole la caída al suelo. Asimismo, la médica trató otros casos, los cuales se manifestaron ante emociones negativas extremas. En pocas palabras, el periodista es uno de los más de 20 000 españoles que sufre de cataplexia.

Según lo explicado por la Clínica de la Universidad de Navarra (CUN), la cataplexia es una enfermedad que provoca la pérdida selectiva de neuronas a causa del insomnio y falta de sueño. Todo eso conlleva a una entrada brusca de sueño paradójico, siendo así un derivado directo de la narcolepsia generada por situaciones emocionales como lo es la risa incontrolable. Aún así, esto no impidió que Jordi Évole siguiese con su profesión de periodista en diarios y programas televisivos.

¿Conoces a alguien que sufre de risa patológica? ¿Cómo piensas que se puede tratar este problema? Cuéntanos en los comentarios.

Imagen de portada Joker / WarnerBros
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