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Un texto veraz sobre el hecho de que, a veces, los hombres pueden ser verdaderos maestros en el arte de sacarnos de quicio

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Muchos hombres dicen que las mujeres siempre los sacan de quicio. Pero lo cierto es que esta habilidad no tiene género y, a veces, los representantes de ambos bandos se vuelven unos verdaderos profesionales en este “arte”.

Genial.guru publica este texto que lo prueba con el permiso de su autora, la bloguera Morena Morana.

Por ejemplo, yo. Una mujer dulce, muy modesta, no conflictiva. Si fuera un hombre, definitivamente me casaría conmigo misma. Porque lo máximo que puedo hacer cuando veo la cocina sucia (límpialo), un enorme perro callejero en la bañera (lávalo) o un calcetín perdido en una azucarera es un ligero peeling del cerebro en casa. Porque no me gustan los escándalos, no tengo tiempo y me da pereza. Es más fácil alejarse de una fuente constante de irritación. Por lo tanto, me resulta completamente incomprensible por qué se les atribuye a las mujeres el antiguo arte de sacar de quicio. Los hombres también son geniales para...

...controlar tu tiempo libre

Cuando tenía unos 8 años, una pariente mía se casó repentinamente. No sé con qué criterio había considerado a su novio antes de casarse, pero durante la vida familiar, de repente salió a la luz un hecho desagradable. El hombre la sacaba de quicio, tratando de controlar su tiempo libre.

Mi pariente enseñaba en la universidad y cuando llegaba cansada a casa, no se preocupaba por los problemas cotidianos. Cenaba, miraba películas, leía revistas, en resumen, descansaba, limpiaba, lavaba y pasaba la aspiradora los fines de semana, y de a ratos. Dos semanas después del matrimonio, luego de haber entendido este sistema, el joven (de hecho, no tanto) esposo, que se había instalado en su espacio vital, comenzó a indignarse.

—¡¿Por qué estás acostada?! —preguntó, mirando desconcertado a mi pariente, cómodamente acostada en el sofá con una revista.

—¡Estoy leyendo! —respondió ella flemáticamente.

—¡Mi madre nunca se permitía eso!

De repente se hizo evidente que su madre estaba ocupada desde el amanecer hasta altas horas de la noche, se levantaba antes que los demás para preparar el desayuno, se iba a la cama más tarde que todos los demás para lavar todo, “iba y venía” constantemente, “se ocupaba de todo” y “no tenía ni un minuto de tiempo libre”. Poco a poco, mi pariente empezó a notar que no podía sentarse, ni acostarse, ni siquiera simplemente pararse en un rincón de su casa: en el mismo segundo, su marido se lanzaba sobre ella como un ave rapaz, perplejo por el tiempo de inactividad temporal de su esposa, como si no fuera una mujer, sino un avión fletado, que debía trabajar día y noche. El constante reproche, las quejas y las acusaciones que reinaban en el departamento estropeaban el estado de ánimo y la salud. Se separaron después de cuatro meses.

...controlar los fondos personales

Mi primer novio era maravilloso y terrible al mismo tiempo. Era maravilloso porque era serio para su edad, se había graduado de la escuela con excelencia y de la universidad con honores, tenía experiencia práctica en la construcción desde los niveles más bajos, dispuso de la herencia favorablemente tras haber pronosticado a tiempo un salto en los precios inmobiliarios, y nunca arrojaba cáscaras de banana por la ventana.

Sin embargo, esta cucharada de miel iba acompañada de una cucharada de ca... amargura. Mi novio también trataba de controlar mis fondos, que no tenían nada que ver con él. Gastos de mujeres tan inocentes como una manicura o un corte de pelo y un peinado le parecían el despilfarro más repugnante del que solo la hija de Eva era capaz.

Una vez, luego de recibir una beca aumentada, me hice un dibujo en las uñas, según la moda de esa época. Nada fuera de lo común, solo unas pocas líneas ornamentales sobre la suave superficie del esmalte rosado. Pero cuál fue la reacción de mi novio... Un avión a reacción, una ballena azul, un volcán explotado en la isla de Krakatoa, nada de esto podría haberlo acallado. El escándalo por esa desafortunada manicura, que, lo recuerdo como si fuera ahora, había costado 2 USD, duró, probablemente, unos 40 minutos. Gritaba que teníamos diferentes visiones de la vida, que no íbamos por el mismo camino. Probablemente fue entonces cuando entre nosotros se produjo una grieta muy profunda, que fue el comienzo de la separación. Y si alguien dice que esto no es sacar de quicio, que sea el primero en lanzarle una piedra a su monitor.

...hacer escándalos por cosas pequeñas

La conciencia pública en este punto generalmente evoca la imagen de una mujer que grita desgarradoramente cuando de repente ve un asiento de inodoro sucio o un calcetín solitario encontrado en la mesa del comedor. Pero no hay que pensar que es una característica de género, a veces un hombre puede ser un pedante y una persona demasiado pulcra mucho más que una mujer.

El yogui que una vez hizo un atrevido asalto a mis salchichas se me grabó en la memoria por otro detalle sorprendente: tenía un soporte especial en su cocina con tazas que colgaban de él. Y si su novia, después de lavar las tazas, las colgaba en el orden equivocado (!), todo terminaba en un escándalo e incluso una vez en una visita a un psicólogo. Además, el iniciador de la terapia era el yogui, que intentaba obligar al especialista a curar y a corregir de alguna manera a la inútil muchacha. No los conozco muy bien, pero durante el tiempo que mantuvimos una comunicación, hubo escándalos por toallas que colgaban mal, por la liga del pelo encontrada al lado del teléfono y no en el cajón... Y por la negativa a levantarse con la alarma a las 5 de la mañana de un domingo para meditar y volverse comprensiva, tranquila y pacífica. Señores que se quejan de una esposa gruñona que no permite poner calcetines en la sopa, ¿qué les parece un compañero de piso así?

En resumen, sacar de quicio no es un asunto de mujeres. Y tampoco de hombres. La capacidad de hacer escándalos por nimiedades y la meticulosidad extrema que roza en una desviación mental son un rasgo del carácter. Y no suele ser rosa, con volantes, de mujeres. O estricto, azul, de hombres...

Otra cosa es que algunos hombres consideren posible descartar las exigencias de una pareja como si fuera una mosca molesta. Como diciendo, aquí estoy, soy así, cuídame, mímame, practica conmigo tu instinto maternal. ¿Qué más quieres? Pero esta, como se dice, es una historia completamente diferente...

¿Qué es lo que más te saca de quicio del comportamiento de los demás?

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