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Cómo la falta de amor por nosotros mismos envenena nuestras vidas sin que nos demos cuenta

La estadounidense Shelley Wilder Netko escribió sobre lo que les preocupa a todas las mujeres del mundo: la insatisfacción consigo misma, el envejecimiento inevitable, una carrera contra el tiempo que seguramente se perderá, pero que nunca impedirá que amemos a los que están cerca. Logró hacerlo de una manera tan sencilla, que sus palabras penetran en lo más profundo del corazón.

Este texto llevó a Genial.guru a estar un paso más cerca de un sincero amor por uno mismo. Y esperamos que lo mismo te suceda a ti.

Nunca me gustaron mis manos. Tengo unos dedos cortos llenos de callos, unas palmas anchas y unas uñas feas porque siempre me las mordía en la escuela primaria. Además, me encantaba hacerme sonar las articulaciones, porque en segundo grado vi cómo lo hacía un chico que me parecía genial. Siempre llamaba a mis manos patas de perro, porque eran muy diferentes a las largas y elegantes manos de mi hermana, a quien envidiaba. Siempre pensé que cuando Dios distribuía la belleza de las manos entre los bebés, yo estaba parada en otra fila.

Además, a los 20 años, en mis manos aparecieron unas grandes venas gruesas, en fin, todo un sueño de los flebólogos. Debido a esto, mis manos veían como las de un hombre. Parecían viejas. Cuando mis hijos eran pequeños, les gustaba sentarse a mi lado y pasar los dedos por mis venas. A veces me preguntaban por qué tenía unas manos así. Y yo respondía como todas las madres suelen responder: “Porque sí”. Pero siempre me encantaba que uno de los niños me tomara de la mano.

Con los años, como todos los demás, comencé a luchar contra el tiempo y la vejez: una dieta saludable, ejercicio y mucho dinero gastado en cremas antienvejecimiento. Y, sin embargo, cuando miraba el teclado de la computadora, cada vez que veía mis manos, parecían mucho más viejas de lo que yo me sentía. Parecían necesitar un buen descanso.

Cuando, hace poco, me casé por segunda vez, el fotógrafo quiso capturar mi cintura y el anillo con el fondo del patrón del encaje del vestido de novia, y yo solté por costumbre: “¿Luego podrás modificar la foto con Photoshop? No me gustan mis manos”. Después de todo, todos tienen algo que no les gusta de sí mismos, ¿verdad?

Pero cuando las fotos de la boda estuvieron listas, vi mis manos con una luz completamente diferente. ¡Esa fotografía era tan hermosa y reflejaba con tanta precisión lo esencial! Vi las manos que habían horneado 200 pasteles de cumpleaños y un camión lleno de galletas, que cambiaron mil pañales, secaron un millón de lágrimas infantiles y aplaudieron en las competencias escolares hasta que las palmas dolieron.

Esta foto se convirtió en un verdadero regalo para mí. Estas manos pueden no ser las más suaves, ni las más largas ni las más femeninas, pero son ideales para el trabajo que me está destinado hacer. Estas manos sostuvieron a mis hijos recién nacidos y luego a mis nietos. Estas manos abrazaron a mi primer esposo, el padre de mis hijos, cuando dejó escapar su último aliento.

Encontraré un marco hermoso para esta foto, para que me recuerde constantemente sobre el amor que tengo y sobre mi destino. Y sobre el hecho de que tengo las manos de mi madre, su regalo.

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