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Perros rescatados de la eutanasia dieron a estos presos un poco de amor y confianza, lo cual logró cambios muy positivos

Sí, podemos respirar tranquilos porque aún hay motivos para seguir creyendo en la humanidad gracias a un programa que cree en las segundas oportunidades y se las brinda a quienes de manera muy polar o polémica han terminado encerrados entre las rejas: perritos y personas por igual.

Genial.guru cree en la idea de que todos los seres del mundo merecemos amor, sin importar qué tan triste u oscuro sea nuestro pasado, es por ello que quiere contarte acerca de esta grandiosa idea.

Perros, los mejores amigos de todo hombre

No por nada las personas solemos encontrar en los perros uno de los cariños más sinceros y puros que podamos sentir, tanto para dar como para recibir. Estos animalitos son capaces de transmitirnos mucha paz, ternura y todo tipo de emociones. Nos recuerdan que estamos vivos y que vale la pena seguir con esta existencia que muchas veces se torna complicada.

Esta premisa también es válida para las personas que han cometido errores, que por algún motivo se encuentran reclusos en celdas y sienten que para ellos ya no hay oportunidad. Afortunadamente, una organización de nombre Canine CellMates tomó la decisión de iniciar un programa que formó y sigue formando vínculos totalmente sanos e inquebrantables entre los reos de una cárcel de Estados Unidos y perritos rescatados de la muerte. Su objetivo de reintegrar a la sociedad a los internos, disminuir su mala conducta y la reincidencia en delitos.

La cárcel de Fulton, un ejemplo a seguir

Como en muchos reclusorios del mundo, la cárcel del condado de Fulton, en Atlanta, regula estrictamente cada uno de los días de los presos: su hora para levantarse, de comer y también de dormir. Pero en asociación con Canine CellMates, en el mes de marzo de 2014, se logró que por primera vez 12 reclusos no solo recibieran órdenes, sino que también las dieran; específicamente órdenes como “sentado”, “quieto” e incluso “dame la patita”.

A partir de ese momento, se implementó un programa en el que los perros, que también se encontraban tras unas rejas, enjaulados y a punto de ser sacrificados en el refugio de Servicios para Animales del Condado de Fulton. Los perros son asignados a los presos de la cárcel, quienes toman un curso para adiestrar a los animales.

El programa Canine CellMates

En el programa, como su nombre en inglés lo indica, los perritos y los reclusos se vuelven compañeros de celda durante aproximadamente 2 meses. Es decir, los perros comen, duermen y hacen ejercicio con sus cuidadores, tiempo en el que todos, sin excepción, aprenden valiosas lecciones de vida: los perros se vuelven animales de servicio, mientras que los internos van aprendiendo de responsabilidades y compromiso.

Así, el programa ha conseguido obtener beneficios que pocos creían se pudieran lograr, incluso se llegó a temer por la integridad de los perros, a quienes en primera instancia se intentó rescatar. Pero, contrario a lo que se pensaba, se pudo confirmar que las mascotas tienen un efecto muy positivo en los internos, principalmente por los principios y valores que estos animalitos han ido adhiriendo a la personalidad de los presos.

Cómo inicia este programa

Canine CellMates nace de un plan que parecía imposible, creado por la propietaria de una tienda de ropa en Sandy Springs, en Fulton. ¿Su nombre? Susan Jacobs-Meadows. Ella estudió distintos programas ya implementados en todo el país y luego echó a andar el suyo en 2013. Su principal motivación fue salvar a los perros de la eutanasia, que entonces era el destino de más del 40% de los perritos que se encontraban en el refugio del condado de Fulton.

Susan pensaba que el entrenamiento de obediencia, un curso costoso, atraería a los adoptantes. Y sí, tenía razón, ya que el programa logró la adopción de más de 40 perros entrenados en los primeros dos años. Entre estos se encuentra Heidi, una mezcla de collie que se convirtió en un perro de servicio para un bombero herido de Alabama.

Al mismo tiempo, Canine CellMates también ha enseñado a sus colaboradores sobre los desafíos a los que se enfrentan los reclusos al salir de la cárcel, como conseguir un teléfono celular, ropa o transporte, “todo aquello que damos por sentado”, afirma Diana Brace, una voluntaria. Así, los objetivos se expandieron y ahora también se enfoca en el apoyo de los entrenadores reclusos que comienzan a reintegrarse a la sociedad desde la cárcel con ayuda del cariño de los perros.

Los resultados

La tasa de reincidencia de la cárcel del condado de Fulton era de alrededor del 70%, un poco más alta que el promedio nacional. Sin embargo, este programa redujo los índices de violencia y también disminuyó la tasa de reincidencia a un 42% menos para 2015. La sargento Makisha Adams ha trabajado en la cárcel durante más de 15 años y cree que Canine CellMates ha ayudado a reducir la posibilidad de que un prisionero regrese.

La relación comprometida entre los reos y los perros ha generado entre los presos emociones y sentimientos que nunca habían sentido antes. J. Lennox Gavin, un entrenador de perros profesional y director de entrenamiento para Canine CellMates, dice que de esta manera enseñan a los internos cómo enfrentar los problemas de una forma positiva, y esto causó una verdadera transformación en ellos. Brace, la voluntaria, también afirma que muchos ex convictos son ahora mentores de los presos que recién van saliendo de la cárcel.

La sargento Adams cree que el programa logra sus propósitos porque los perros les regalan a los presos algo que nadie más les da: un voto de confianza. “Se trata de la confianza en sí mismo”, permite a los hombres “descubrir algo en mí que no sabía que tenía”. “El programa es como un proceso de curación”, dice la sargento Adams. Cuando los hombres entran, “no quieren abrirse”. Pero los perros les ayudan a hacerlo.

Bono: el caso de Leon y Tony. ¿Quién rescató a quién?

Leon Jennings es un ex convicto que tuvo muchas dificultades para poder socializar con las personas. Jennings pasó años entrando y saliendo de la cárcel en muchas ocasiones y por distintos motivos. Pero, la última vez que él estuvo dentro, decidió formar parte del programa de Canine CellMates. Leon nunca había tenido un perro, pero de un momento a otro, se comprometió a ganarse la confianza de un peludo de nombre Tony, raza mestiza de Pastor de Anatolia. Con el paso del tiempo, ambos consiguieron abrir sus mentes y corazones, Leon se volvió más sociable y Tony más cariñoso. “Se siente realmente bien cuando un perro confía en ti, cuando llega para aceptar una palmadita, cuando sigue tus órdenes”, confesó Jennings.

Después del periodo de dos meses, Jennings salió de la cárcel y comenzó una nueva vida desde cero al salir, tramitando nuevas identificaciones. Ahora cuenta con un techo y dos empleos que lo mantienen ocupado. En su tiempo libre, Leon también apoya eventos de adopción para perros. Él les cuenta a las familias de la suerte que tendrían de llevar a casa a un perro de Canine CellMates.

Y sí, Jennings sufrió por decirle adiós a Tony, pero siete meses después de la adopción de su compañero canino, Jennings visitó al cachorro en su nuevo hogar. “Me reconoció de inmediato”, dice Jennings, “y me di cuenta de que estaba feliz de verme”.

Nosotros creemos que este tipo de programas les proporcionan a los reos las herramientas necesarias para crecer como seres humanos. ¿Tú qué opinas acerca de ellos?

Imagen de portada Canine CellMates / Facebook
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