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Pilotos adoptaron a un oso que era incapaz de vivir en la naturaleza, el cual se acostumbró a la vida en el aeropuerto

En el aeródromo de Oreshkovo, en Rusia, vive un habitante muy inusual: un “aviaoso” llamado Mansur. Hace tres años, el osito apareció repentinamente en la pista de aterrizaje, y los pilotos suelen bromear diciendo que llegó a mirar a los aviones y se quedó para siempre. De a poco, Mansur se convirtió en una verdadera celebridad. Ahora tiene su propio espacio amplio, una cuenta popular en Instagram y un mar de amor humano que llega de diferentes partes del mundo.

En Genial.guru nos emocionó esta historia conmovedora, por lo que queremos compartirla contigo para que veas lo poderoso que es el amor entre los animales y las personas.

Nadie sabe cómo este osito apareció en el territorio del aeródromo de Orlovka, en la región de Tver. Estaba solo allí, sin su madre, y lucía completamente confundido. Quizás algunas personas malvadas dejaron huérfano al pequeño y decidieron abandonarlo cerca de la pista, pero nunca podremos saber qué fue lo que realmente sucedió.

Los pilotos son hombres de espíritu fuerte y de buen corazón, por lo que no pudieron dejar solo a un bebé huérfano. El osito abandonado fue llamado Mansur, lo que significa “oso” en el dialecto altái. El piloto que lo encontró, Andrey Ivanov, pronto se convirtió en su verdadero “padre”.

El animal no podía ser llevado de regreso al bosque porque, debido a su edad, habría sufrido una muerte segura. Pero rápidamente se convirtió en el epicentro de la vida del aeródromo: la gente iba a abrazarlo, le decía “chócame los cinco” y él abrazaba de forma conmovedora e infantil las rodillas de quienes lo visitaban.

Mansur solía subir escaleras de tijera durante horas y jugar con herramientas. Inclusive se hizo amigo del perro de uno de los pilotos.

Su infancia transcurrió acompañada por el ruido de los aviones, y pronto comenzaron a llamarlo “aviaoso”.

El tiempo pasó y llegó el momento de pensar en el futuro de Mansur. Él vivió durante mucho tiempo entre la gente (después de todo, un osito no podría alimentarse solo en el bosque), y estaba muy unido a ella. El animal especialmente amaba abrazar y besar a todos. Por lo tanto, no sería posible devolverlo a la naturaleza salvaje, y los zoológicos ya tenían bastantes osos de los cuales hacerse cargo.

Mientras llamaban a los zoológicos, los pilotos consiguieron contactos útiles: ahora tenían presente a una persona que podía asesorarlos sobre la nutrición del oso y podía ayudarlos a encontrar al médico adecuado para atenderlo, porque no todos los veterinarios se especializan en esta clase de animales.

Como resultado, los pilotos, según parecía, encontraron a la persona indicada: esta prometió que el animal viviría en una reserva, y aseguró que Mansur estaría mejor allí.

A los pilotos les dolía separarse del oso, pero entendían que era necesario y que sería mejor para Mansur. Sin embargo, tenían un nudo en el estómago. Al final descubrieron que tenían razón en sospechar sobre el asunto.

Las nuevas personas encargadas del oso no les gustaron mucho a Andrey y a sus colegas, ya que simplemente metieron a Mansur en una jaula y se lo llevaron.

A la mayor brevedad posible, Andrey y sus compañeros decidieron visitar a Mansur... pero no pudieron hacerlo. Las personas que se llevaron al oso se negaban a organizar un encuentro. Esto obligó a los pilotos a tomar muchas acciones, y, después de realizar una investigación, descubrieron que su gentil e ingenuo Mansur había sido llevado a un lugar de entrenamiento de perros de caza. Al enterarse de esto, los hombres fueron rápidamente a rescatar a su amigo.

Cuando estaban acercándose al lugar, ellos escucharon un rugido de Mansur. El oso raspaba frenéticamente las barras de hierro de la jaula en la que estaba encerrado. Los pilotos llamaron al animal por su nombre, y él se sorprendió mucho al escucharlos, tanto que se quedó completamente quieto. Cuando abrieron la jaula, Mansur literalmente saltó a los brazos de Andrey, y luego comenzó a saludar alegremente a los otros hombres, lamiendo sus manos y abrazando sus rodillas.

La apariencia del oso dejaba mucho que desear: su pelo estaba manchado y apelotonado. Lo llevaron a bañar, y, al ver el estanque, el oso saltó alegremente al agua: le encantaba nadar. Ya alimentado y contento, el animal de buen carácter incluso se despidió del dueño de la estación parándose en sus patas traseras, como si quisiera decir: “Bueno, no estoy enfadado contigo”. Y luego, durante el camino a casa, no quitó su vista de la ventana del auto ni por un segundo.

Después de esta historia, los pilotos decidieron no dejarle a nadie a Mansur. Fue trasladado a un aeródromo más grande, en Oreshkovo, región de Kaluga. Ellos estudiaron cuidadosamente el tema de mantener a los osos en cautiverio y contaron con el apoyo de expertos. Andrey, el “papá”, inclusive estudió los conceptos básicos de la zoopsicología.

Mansur recibió un nuevo hogar muy grande. Se le construyó una jaula al aire libre, gracias a donaciones (que llegaron de todo el mundo). Ahora vive en un área espaciosa en donde puede jugar y divertirse, cosas que el oso ama mucho.

El “aviaoso” ahora se ha convertido en un verdadero streamer, y puedes ver su vida en directo en las redes sociales.

A Mansur constantemente lo visitan personas de diferentes lugares, las cuales le llevan manjares y hablan con él. Si tú quieres hacer lo mismo, solo necesitas contactar a sus guardianes.

Pero lo que más alegría le da a Mansur es encontrarse con los pilotos que dos veces le salvaron la vida, y que se convirtieron en su verdadera familia.

¿Te quedarías horas mirando la vida de este oso? ¿Alguna vez tuviste que hacerte cargo de un animal salvaje? Cuéntanos en los comentarios.