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10 Cosas que aprendí en mi primer viaje a Holanda (ahora quiero regresar)

Hola, mi nombre es Carolina, y en los últimos años he tenido la oportunidad de conocer más de 15 países. Viajar o mochilear es un estilo de vida que nos permite aprender y compartir culturas, arte y gastronomía. También es una oportunidad ideal para crecer, madurar, hacer nuevos amigos y llenarnos de alegría. Sin duda, de todos los lugares que he conocido, al que más quiero volver es a Holanda, ya que es una gran urbe multicultural, llena de enormes barrios y calles con mucha personalidad, arquitectura, hermoso clima y buen ambiente 24/7. Que yo haya tenido esa experiencia no quiere decir que todos se sientan de la misma forma al visitar ese sitio, pero es muy probable que muchos terminen enamorándose de la hermosa ciudad nada más poner un pie en ella.

Hoy, de forma exclusiva, compartiré con los lectores de Genial.guru 10 cosas sorprendentes que nadie me contó de Holanda, pero que yo pude descubrir y vivir en carne propia.

1. Más de 50 museos para conocer

Algo que me sorprendió de Ámsterdam es la rica cultura artística que tiene. Cuando decidí emprender el viaje, me preparé durante 1 año. Las entradas de los museos que visité, por ejemplo, las compré con meses de anticipación: había leído recomendaciones de no esperar a estar en el lugar, ya que estas pueden agotarse por completo.

Por eso ordené en un itinerario todo lo que haría cada día y el presupuesto monetario para ello, considerando pasajes de tren, metro, comida y algún gusto. Aunque las entradas a los más de 50 museos disponibles en la ciudad no son económicas, vale la pena la inversión. A modo personal, recomiendo el museo de Vincent van Gogh, el cual tiene 5 pisos. Si deseas comprar recuerdos del artista, no te preocupes, porque el lugar tiene su propia tienda.

2. Amabilidad natural

Algo que no podrás evitar durante un viaje es conversar con los habitantes del lugar. Yo suelo hacerlo porque me permite conocer en profundidad cómo son y qué cosas son importantes para ellos. Me gusta saber cómo es la educación, la salud y el tema del respeto hacia el otro en cada país. Los holandeses son amables y simpáticos, pero su trato no significa que te consideren su amigo. Si escuchan que hablas un idioma diferente, te sorprenderán hablándolo o entendiendo lo que dices.

Casualmente, cuando iba hacia el Museo de van Gogh, no sabía en dónde tenía que quedarme. Una señora se acercó y, en inglés, me preguntó si necesitaba algo. Al responderle, me dijo: “¿Hablas español? Yo también”. Me sentí aliviada porque ella podía entenderme en el idioma que mejor manejo y me contó que sabía hablarlo porque vivió muchos años en Barcelona. Además de eso, me dio las instrucciones que necesitaba para seguir mi camino y no perderme. Fue un momento muy importante, el cual me permitió mantener mi confianza y seguridad ante los holandeses.

3. El peligro de las bicicletas

Cuando llegué a la ciudad tuve que aprender a estar alerta todo el tiempo, volteando a cada paso, porque son infinitas las posibilidades de ser arrollado por un ciclista. Lo más irreal es escuchar las campanas sin parar o los gritos diciéndote: “¡Cuidado!”. Ámsterdam es la capital mundial de este medio de transporte, pero eso tiene un lado oscuro: los atropellos. La ciudad incluso tiene una tasa más alta de accidentes ocasionados por bicicletas que por autos.

4. Un pueblo con olor a chocolate

Durante los últimos días de mi viaje decidí tomar un tren hasta Zaanse Schans, que está a 1 hora aproximadamente de Ámsterdam. Este sitio presenta un excelente panorama para descubrir el lado más típico del país. Allí hay personas que todavía utilizan zuecos de madera, viven en molinos y fabrican deliciosos chocolates o quesos artesanales. Por si fuera poco, hay grandes campos para caminar y tomar aire, junto con opciones de recorridos por el lugar en bicicleta o barco.

5. Tomar una bebida a −10 °C

El Bar de Hielo es un sitio completamente diferente, en donde experimenté lo que se siente estar en un cuarto con paredes, piso y techo hechos completamente de hielo. La entrada a este lugar no es muy cara, e incluye un servicio de bebidas, una foto de recuerdo y la entrega de un abrigo para protegerse de los −10 °C que hacen en su interior. La atención es buena, hay personal que habla múltiples idiomas, pero el espacio puede resultar pequeño al haber tanta gente. Sin duda, lo más extremo que se puede hacer en el bar es intentar tomarte una foto con las manos congeladas.

6. Cambio climático inesperado

Algo interesante y que me gustó mucho de la ciudad es su cambio de clima de forma repentina. Me recordó mucho a Brasil, en donde el día puede estar soleado y, de repente, ponerse lluvioso. Sin embargo, la diferencia es que en Holanda hace mucho frío, y el lugar no es nada tropical. Por eso es importante estar preparado con abrigo o paraguas en todo momento. Además, lo que queda después de la lluvia es algo muy hermoso que vale la pena retratar.

7. Comer frutas tropicales es toda una experiencia

Latinoamérica tiene la ventaja de contar con una variedad de frutas como el mango, las frutillas o el maracuyá. En Holanda, estos productos son difíciles de exportar, y su calidad no es tan natural como la que encontramos en ferias o comercios de nuestra zona. Eso mismo me pasó en un supermercado de Ámsterdam cuando quise comprar un mango: pues no lo encontré muy bueno y además me quitó la experiencia de lavarlo y comerlo como yo quería, porque venía pelado, cortado y dentro de un vaso con un tenedor. Fue sorprendente para mí.

8. Alojamiento disponible en cualquier parte

En Ámsterdam y en sus cercanías hay muchas opciones de alojamiento como hoteles, barcos y hasta estudios musicales. Sí, ¡leíste bien! Estudios musicales, ¡en uno de esos estuve yo! Fue muy interesante estar en un lugar así, porque te conectas de una forma distinta con algo que te gusta y que es tan universal como la música. Además, también podías escuchar ensayos de grupos (Misfits inclusive grabó un disco ahí), y tocar el instrumento que más te gustara. ¡Recomendado totalmente!

9. Canales y puentes en toda la ciudad

Ámsterdam tiene 75 kilómetros de canales que suman 1 000 puentes que se pueden recorrer caminando, en bicicleta, en auto y hasta en minicruceros. Esto último lo hice con Lovers Canal Cruises, y fue una experiencia muy buena, porque navegan por todos los canales durante una hora y te enseñan mucho de la ciudad, de su fundación y de los barcos. También dicen que el invierno es un excelente momento para que toda la comunidad patine sobre hielo, puesto que el agua de los canales se congela.

10. Comidas que tienes que probar

Los holandeses tienen muchas tradiciones culinarias, como la sopa de guisantes o los arenques crudos con cebolla y pepinillos dulces. También tienen infinitos locales de venta de papas fritas acompañadas de salsas y carnes muy deliciosas. Algo que también encontrarás a un precio muy económico son los stroopwafels, un waffle circular tan crujiente como una galleta, que se suele comer tomando café negro porque es muy dulce. Sin duda, la cocina en el lugar es muy rica y tiene bastante variedad.

¿Qué hay de ti? ¿Has visto algo asombroso en alguno de tus viajes? ¡Comparte tus experiencias con nosotros en los comentarios!

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