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10+ Rarezas del pasado que podrían asombrar a muchos hoy

Junto con los nuevos tiempos, otros valores y normas de comportamiento entran en la sociedad. Por ejemplo, las formas en que se muestra la cortesía cambian constantemente y reflejan las características de la época en la que se formaron. Entonces, en la Francia medieval, se limpiaban las manos con un mantel y bebían sopa directamente del plato. Hoy en día, pocas personas considerarían esos modales una señal de “buena educación”.

En Genial.guru, decidimos averiguar qué normas extrañas e inesperadas existían en el pasado. A continuación te presentamos las que nos causaron una serie de emociones, desde el desconcierto hasta un leve choque.

El color del paraguas importaba

El escritor británico Robert Louis Stevenson se tomó tan en serio todo lo relacionado con los paraguas que en 1894 escribió un ensayo al respecto titulado “La filosofía de los paraguas”. En su obra señaló que los artilugios para protegerse de la lluvia indican el estatus social de su propietario, y el tejido puede decir mucho sobre su carácter. Así, según el escritor, los accesorios de seda eran para los hipócritas, y los paraguas a cuadros, para los ciudadanos decentes y respetables.

Se consideraba indecente hablar durante mucho tiempo

En la época victoriana, la duración de una conversación, como muchos otros fenómenos de la vida social, estaba sujeta a reglas estrictas. Los conocidos que se encontraban en la calle debían tener una breve conversación para que su parada en medio de la carretera no interfiera con los demás. Había lugares especiales para una conversación larga. Por ejemplo, la gente podría comunicarse por más tiempo en un parque o jardín.

Podrías casarte a una hora determinada

Durante el mismo periodo de tiempo se consideraba ilegal casarse por la tarde. Se menciona en un libro sobre el comportamiento adecuado, Los hábitos de la buena sociedad, publicado en 1863. Aunque el libro en sí tiene más de 400 páginas, no se explican las razones de esta inusual norma.

Se utilizaba carne cruda en lugar de cosméticos

Hoy en día, la gente trata de mantener su belleza natural y verse más joven. Para hacer esto, utilizan muchos productos cosméticos diferentes, que finalmente apenas caben en los estantes. En la época victoriana, un trozo de carne cruda era un remedio universal. La gente creía que si lo dejaba en su cara durante la noche, las propiedades beneficiosas se filtrarían en el cuerpo. Además, también se consideró eficaz untar cualquier grasa animal en la piel.

Levantar el vestido con las dos manos estaba prohibido

En la época victoriana, el comportamiento de una mujer en la calle se regía por normas especiales. Así, al cruzar la acera, a las mujeres se les permitía apenas levantar su vestido con la mano derecha justo por encima del tobillo. Hacerlo con las dos manos se consideraba vulgar. Un gesto tan indecente solo podría justificarse si había mucho barro en el camino.

Se aconsejaba a los padres que no jugaran con sus hijos

A finales del siglo XIX y principios del XX, la comunicación entre los padres y sus hijos era muy diferente a la actual. Se les aconsejaba no ser demasiado cariñosos con ellos y no jugar con sus hijos hasta que tuvieran entre cuatro y seis meses.

En la mesa, la sal se servía siempre con pimienta

En la primera mitad del siglo XX no era habitual servir la sal por separado de la pimienta durante las comidas. Por ejemplo, si uno de los invitados pedía el salero, había que servirlo junto con la pimienta. La desviación de la norma se interpretaba como una falta de respeto a la persona y se consideraba una manifestación de falta de buenos modales.

Se acostumbraba a sonreír mientras se hablaba por teléfono

Hoy en día, es difícil sorprender a alguien con un teléfono. Sin embargo, en los años 40, la gente lo consideraba una auténtica maravilla tecnológica. Se inventaron reglas de etiqueta especiales para la comunicación con la ayuda de un dispositivo tan inusual. Así, aunque el interlocutor del otro lado de la línea no podía ver a la persona, durante una conversación se consideraba educado sonreír y hablarle claramente al receptor.

No se aconsejaba leer ni hablar en los trenes

En el siglo XXI, un viaje en tren se percibe como una oportunidad para terminar una novela interesante o completar una tarea de trabajo. En la época victoriana, se aconsejaba a los viajeros con problemas de visión que no leyeran libros, y a los que padecían enfermedades pulmonares que evitaran hablar.

La longitud de los zapatos indicaba el estatus de la persona que los llevaba

La vestimenta era de gran importancia para la élite medieval porque era una forma de demostrar riqueza y superioridad general sobre los pobres. Por ello, Europa generó muchas tendencias de moda inusuales. Uno de ellos eran los zapatos largos y puntiagudos para hombres que se llamaban poulaines. Su longitud indicaba el estatus del portador en la sociedad: cuanto más larga era la punta, más alto era el estatus del hombre.

Los cónyuges eran seleccionados por el fenotipo

¿Qué te parece una situación en la que la elección del marido o la mujer no estuviera determinada por la simpatía, sino por los cánones socialmente aceptados? En la época victoriana, la gente tenía un enfoque peculiar para la elección de los pretendientes. Así, se animaba a las pelirrojas de tez clara a casarse con un hombre de pelo oscuro como el carbón. La gente de contextura voluptuosa debía casarse con personas delgadas, mientras que los cautos y reservados debían elegir parejas emocionales y de cara redonda.

¿Qué tradiciones modernas te parecen ya anticuadas? Cuéntanos en los comentarios de abajo.

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