15 Características de la vida de las bailarinas del pasado de las que solo se habla en susurros

En general, se acepta que el ballet apareció en el siglo XV en las cortes reales y principescas de Italia, aunque era muy diferente del estilo actual. Se trataba de números de baile escenificados que eran la apertura de los bailes aristocráticos (balletto significa “baile pequeño”). Durante los dos siglos siguientes, el ballet siguió siendo un entretenimiento aristocrático, al que solo unos pocos tenían acceso.

Durante mucho tiempo, solo los hombres participaban en las representaciones de ballet. La primera bailarina mujer fue Mademoiselle de Lafontaine, que apareció en la obra Le Triomphe de l’Amour. Genial.guru averiguó qué secretos se guardaban sobre la profesión de bailarín profesional y qué requisitos se les imponían.

Patrocinadores ricos en la carrera de una bailarina

  • Para las niñas, especialmente de familias pobres, el ballet era una oportunidad de encontrar un mecenas rico casi desde la escuela. En el siglo XIX y principios del XX, los hombres de la alta sociedad eran espectadores constantes de los espectáculos: iban a mirar las piernas de las bailarinas. Así comparaban la bailarina de quién bailaba con más energía o hacía más giros en las piruetas.
  • El edificio de la Ópera Garnier de París fue diseñado de una manera especial. Antes del espectáculo, los hombres ricos entraban en una sala. Allí, justo frente a sus ojos, las bailarinas precalentaban y se preparaban para subir al escenario. Esta sala, que servía para reunirse y conocerse, se llamaba “vestíbulo del baile”.
  • En el siglo XIX, la calle de San Petersburgo donde se encontraba la Escuela Imperial fue apodada “la calle del amor”, y el vidrio del primer piso del edificio fue pintado con pintura mate. Todo porque los “fanáticos del balletpaseaban bajo las ventanas espiando a las bailarinas.
  • Al mismo tiempo, los hombres de la alta sociedad tenían libre acceso a la escuela. Las alumnas mayores eran invitadas a almuerzos en la oficina del director o en su finca, donde la joven bailarina podía encontrar un patrocinador.

Los trajes de las bailarinas eran lo más cerrados posible

  • Hasta el siglo XVIII, el vestuario para las representaciones de ballet se diferenciaba poco del atuendo de uso diario: para los roles femeninos, que a menudo eran interpretados por hombres jóvenes, se usaban vestidos largos con enaguas. Los bailarines usaban zapatos de tacón alto, y tenían peinados y tocados elaborados.
  • En el siglo XVIII, las bailarinas francesas Marie Anne de Cupis de Camargo y Marie Sallé bailaban con faldas más cortas de lo habitual, pero apenas llegaban hasta por encima del tobillo. Para evitar que el público viera algo “indecente”, las bailarinas debían llevar pantalones especiales.
  • La famosa bailarina italiana Marie Taglioni es considerada la primera en ponerse los zapatos de punta. Por cierto, según la leyenda, en una ocasión en que Taglioni pasó por una frontera, unos funcionarios de aduanas le preguntaron si llevaba joyas. Entonces, la bailarina se levantó un poco la falda y les mostró sus piernas.
  • A principios del siglo XX, el coreógrafo Michel Fokine quiso que las bailarinas salieran descalzas en una de las obras. Sin embargo, mostrar los pies descalzos estaba en contra de las reglas del Teatro Imperial, por lo que se dibujaron dedos de los pies en los zapatos de las bailarinas.

No había un estándar único de apariencia en el ballet

  • En la década de 1830, Marie Taglioni brilló en Francia. Al principio, se la consideraba fea: brazos y piernas largos, un cuello como de jirafa, formas poco femeninas. Pero su padre convirtió las deficiencias de su hija en un nuevo ideal romántico, inventando un atuendo y una imagen para el ballet La Sylphide. Y muy pronto, las predecesoras de Taglioni empezaron a parecerle al público pesadas y toscas.
  • A finales del siglo XIX y comienzos del XX, en Rusia el modelo a seguir era la silueta de Mathilde Kschessinska: brazos redondeados, silueta imponente. Por cierto, Kschessinska, que era una gran amante de organizar recepciones, recién comenzaba a cuidarse un mes antes del espectáculo: se ponía a dieta, se acostaba a las 10 de la noche, se pesaba todas las mañanas, practicaba mucho y pasaba el último día antes de la función en la cama, tomando solo un desayuno ligero.
  • Durante sus años escolares, Mathilde tampoco se limitaba en la comida: “El café de la mañana se tomaba a las 8, y se servía con lácteos y bollos caseros, galletas, mermeladas. Nos encantaba comer”, escribió en su diario... Y así hasta la noche. No es de extrañar que al final del verano, la joven Mathilde hubiera engordado mucho. Al mismo tiempo, a la esbelta Anna Pavlova, cuya delgadez se consideraba un gran inconveniente, se le daba aceite de pescado en la escuela para que engordara.
  • La bailarina Shura Danilova escribió que la primera persona de quien escuchó un comentario sobre su sobrepeso fue el empresario Serguéi Diáguilev. Su compañero en uno de los ensayos dijo: “Soy un bailarín, no un cargador de muebles”. Entonces Diáguilev la amenazó: hasta que la bailarina perdiera peso, no le daría ningún papel. Danilova recordó cómo sufría: en ese momento nadie sabía sobre dietas y nutrición adecuada, por lo que se permitía comer nada más que un yogur, usaba mallas para que le sudaran más las piernas y tomaba pastillas novedosas para adelgazar cuya composición era incierta y que causaban mareos.
  • A mediados del siglo pasado, el coreógrafo George Balanchine comenzó a decirles a las bailarinas: “¡Quiero ver sus huesos!”.

Las bailarinas y el embarazo

  • La futura bailarina, coreógrafa y profesora de ballet Bronislava Nijinska nació prácticamente dentro de bastidores en el teatro: su madre, que era bailarina, actuó en el escenario hasta el último día de embarazo.
  • La bailarina Mathilde Kschessinska, al quedar embarazada, pensó que podía ocultar su condición y bailar durante al menos 5 meses; de lo contrario, los roles les serían entregados a otras bailarinas. Y eso hizo. Sus actuaciones terminaron recién en el sexto mes de embarazo. Mathilde recordaba: “Seguí subiendo al escenario hasta febrero. Me sentía genial. Ni la naturaleza de mis movimientos ni mi figura delataban que estaba embarazada”.

¿Cuál fue el hecho más inusual para ti sobre las bailarinas?

Imagen de portada Mathilde / TPO "Rock"
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