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La feliz, y al mismo tiempo trágica, vida del “gorrión de París”, Édith Piaf

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El 11 de octubre de 1963, todo París se congeló: los habitantes de la ciudad más romántica del mundo se despedían de Édith Piaf. Millones de personas amaban al cantante por su voz aguda y su extraordinario arte, pero pocos sabían que la artista tenía suficiente drama no solo sobre el escenario sino también fuera de él. Piaf no se atrevió a contar toda la historia de su vida, y los biógrafos todavía están tratando de averiguar qué era lo que callaba la chansonnier.

Genial.guru trató de averiguar lo más que pudo sobre la vida de la gran cantante, a fin de transmitir todo el poder que estaba oculto en esta pequeña mujer, cuya altura era de solo 147 cm.

La infancia y la recuperación de la vista en un burdel

La vida de Édith Giovanna Gassion no fue fácil desde la infancia: su padre se fue al frente de batalla durante la Primera Guerra Mundial y su madre la entregó a sus padres. Pero la abuela no quería cuidar de su nieta: ponía vino diluido en lugar de leche en su biberón para que la pequeña Édith no molestara. Cuando el padre vino a ver a su hija y vio a una niña demacrada que ni siquiera había sido lavada en todo ese tiempo, tomó al bebé y se la llevó a su madre, a Normandía.

Afortunadamente, la abuela por parte de su padre era amable y cuidaba a su nieta de todas las formas posibles, pero había un detalle: la nueva tutora dirigía un burdel y la niña también tenía que vivir allí.

Solo cuando Édith llegó al nuevo lugar, se supo que la bebé estaba completamente ciega. La “niñera” anterior no había notado (o no quiso notar) que la niña tenía queratitis. Todos ayudaron a cuidar a la pequeña, y cuando ya no quedaba ninguna esperanza, las trabajadoras del burdel recolectaron dinero para llevar a Édith hacia las reliquias de la Santa Teresa y pedir ayuda. Tres años después, ocurrió un milagro: la niña recuperó la vista. Desde entonces, Édith llevaba alrededor del cuello un medallón con la imagen de la santa y de una cruz.

El primer escenario: las calles de París

La vida comenzó a mejorar gradualmente y llegó el momento de ir a la escuela, pero los padres de los estudiantes estaban en contra de que la niña que vivía en un burdel estudiara con sus hijos. Édith tuvo que dejar la escuela.

Su padre llevó a su hija a París, pero tenía 8 niños más que alimentar, y todo lo que podía hacer para ayudarla era llevarla con él a los espectáculos callejeros con los que se ganaba la vida. Con la llegada de Édith los ingresos crecieron: la gente no podía dejar de conmoverse con la pequeña niña en harapos, pero con una voz sorprendentemente potente. Esta fue su primera experiencia en actuar para el público.

A los 14 años, Piaf comenzó a vivir de forma independiente y alquiló una habitación. La cantante principiante comenzó a frecuentar los lugares más decadentes de París. Poco agraciada, delgada, con un maquillaje vulgar y ropa de colores brillantes que no se molestaba en cuidar, su apariencia no causaba la mejor impresión en el público, pero en cuanto comenzaba a cantar, la gente quedaba hechizada.

A los 16 años, Édith conoció a Louis Dupont, dueño de una tienda, con quien rápidamente desarrollaron simpatía mutua. Louis intentó encontrar un buen trabajo para su amada y de convencerla de que era hora de terminar con las calles, pero la obstinada Édith se mantuvo firme. Un año más tarde, la pareja enamorada tuvo a una niña, que se llamó Marcelle. Pero ni siquiera ese suceso obligó a la joven madre a cambiar de trabajo. Louis se llevó a su hija, con la esperanza de que en Édith se despertara el instinto materno que la hiciera regresar con ellos. Édith regresó dos años después, cuando Marcelle se enfermó de meningitis. La niña fue llevada al hospital, pero no fue posible salvarla.

A los 20 años, Édith todavía cantaba en las calles con zapatos desgastados. Una vez, después de la interpretación de “Nací como un gorrión, viví como un gorrión, morí como un gorrión” la notó Louis Leplée, el propietario del cabaret Le Gerny’s, ubicado cerca de los Campos Elíseos, y le ofreció trabajo. La nueva diva, un verdadero diamante en la colección de Leplée, exigía el corte apropiado: hubo que enseñarle modales, a trabajar con acompañamiento musical, explicarle lo importante que es para una artista lucir bien. Leplée también le dio un nuevo nombre: la Môme Piaf (el apodo de la cantante significa “el pequeño gorrión”). El vestido negro, que se convertirá en su ropa distintiva, también apareció gracias a Leplée.

Los carteles con el nombre de La Môme Piaf atrajeron la atención, y el éxito no tardó en llegar: el público se enamoró de Édith desde sus primeras apariciones en el escenario. Un poco más tarde, Louis le organizó una actuación en un gran concierto en el circo “Medrano” junto a varias celebridades francesas, y un pequeño extracto llegó a la radio, después de lo cual los oyentes comenzaron a llamar constantemente y exigir que “pusieran a la Môme Piaf”.

El éxito ensordecedor fue seguido por el colapso: Leplée recibió un disparo y Piaf estaba en la lista de sospechosos, porque su nombre estaba en el testamento. Los periodistas no dejaron pasar la oportunidad de inflar esto en una verdadera sensación, poniendo a los fanáticos de la cantante en su contra. A pesar de que no había pruebas suficientes y no se confirmó la culpa de la cantante, la gente interrumpía sus espectáculos deliberadamente.

Segunda oportunidad

“Quiero que la gente llore cuando escuche mis canciones. Incluso si no entienden la letra”.
Édith Piaf

Después de la historia criminal, había que restaurar la imagen, y Piaf le pidió ayuda al poeta Raymond Asso, con quien estaba vinculada románticamente. Él corrigió levemente la imagen que había sido creada por Lepleé: le sugirió cambiar su nombre artístico a Édith Piaf, limitó el círculo social de la cantante (excluyó a quienes podían manchar su reputación) y le escribió canciones que trataban sobre la historia de vida de Piaf. Raymond también logró organizarle un espectáculo en el auditorio más famoso de París y a la mañana siguiente la prensa escribió: “Ayer, en el escenario de ABC, en Francia nació una gran cantante”.

Segunda guerra mundial

Édith Piaf hablando con un prisionero de guerra en un hospital durante una gira por Alemania. 1944.

Nuevos ataques contra Piaf comenzaron durante la Segunda Guerra Mundial. Desde 1940 actuó en clubes nocturnos y burdeles, que eran visitados por los oficiales alemanes. La cantante fue invitada a una gira a Berlín, y Piaf aceptó. La gente consideró a la cantante una traidora de la patria por cooperar con los ocupantes y exigieron prohibir sus actuaciones en la radio.

Pero pocos sabían que Édith no iba a Alemania para buscar la aprobación de los alemanes. Después de los conciertos para los prisioneros de guerra, la cantante pedía sacar una foto “para el recuerdo” y, una vez de regreso en París, pasaba las fotos a un taller subterráneo, donde la cara de cada prisionero se pasaba a una tarjeta separada, se ampliaba y se pegaba a una identificación falsa. Después de un tiempo, Piaf regresaba con un concierto y repartía los documentos disfrazados de autógrafos. Los prisioneros solo debían esperar el momento correcto y huir. Así se lograron salvar 120 personas.

La amistad con Charles Aznavour

Baile con Charles Aznavour. 1958.

En la vida de Édith Piaf hubo muchos hombres, pero Charles Aznavour tenía un lugar especial en su corazón. Se conocieron después del final de la Segunda Guerra Mundial en un club de París. La cantante no tenía miedo de acercarse a un hombre primero y, tras haber visto a Charles, lo invitó a bailar. Pero Aznavour sabía cómo deberían comportarse los verdaderos caballeros y, tras recordarle que la mujer entre ellos era Piaf, la invitó a bailar él como correspondía.

Poco después de que se conocieron, Édith le ofreció a Charles y a su amigo Roché hacer un concierto con ella en los Estados Unidos. En ese momento Aznavour y Roché estaban sin trabajo, y les costó mucho conseguir el dinero para el vuelo. Pero una vez en los Estados Unidos, la cantante comenzó un nuevo romance, canceló todos sus conciertos, y voló con su amante a París, aconsejando a Aznavour y a Roché que probaran suerte en Canadá. Camino a Canadá, los amigos no recordaban a Piaf con las palabras más amables, pero al final tuvieron suerte y lograron ganar una buena cantidad de dinero. En uno de los conciertos, Roché se enamoró de una cantante local y Aznavour tuvo que regresar a París solo.

Después de regresar a casa, Charles quería encontrarse con la que los había abandonado tan despiablemente en un país extranjero para alardear ante ella por su éxito. Pero cuando se vieron, Piaf rió a carcajadas al ver la apariencia de Aznavour: llevaba una chaqueta verde esmeralda y una corbata ancha con la imagen de una chica semidesnuda. La cantante preguntó si el éxito no había alcanzado a Aznavour en un circo.

A pesar del hecho de que las palabras de Édith hirieron el orgullo de Charles, él sabía que no le quedaba nadie en París: Roché estaba en Canadá, y su esposa le había pedido el divorcio. Pronto se mudó a la casa de Piaf, y ese fue el comienzo de su extraña amistad. Durante 8 años, Aznavour cumplió todos los caprichos de la cantante, haciendo todo lo que le pedía y ella le contaba historias sobre sus nuevos amantes. Durante muchos años, los periodistas intentaron averiguar si había algo más aparte de la amistad entre los dos famosos chansonniers. Aznavour murió el 1 de octubre de 2018, a la edad de 94 años y conservó el recuerdo de su amiga toda su vida, afirmando que no hubo una relación romántica entre ellos.

El amor y la tragedia de toda la vida

La amiga y testigo en la boda de Édith Piaf y Jacques Pills, Marlene Dietrich. 1952.

Sobre los romances de la cantante se contaban leyendas: la pequeña y poco agraciada mujer podía encantar a cualquier hombre. Édith Piaf tenía una regla: “Cuando el amor se enfría, hay que calentarlo o tirarlo. No es un producto que se almacena en un lugar fresco”, por lo que dejaba a sus amantes primera, apenas notaba que sus sentimientos se estaban enfriando.

El gran amor de su vida fue el famoso boxeador Marcel Cerdan. Al momento de conocer a Piaf, Marcel tenía una esposa y tres hijos. Pero el deportista no pudo resistirse a esa pequeña mujer y se vio constantemente dividido entre la familia oficial y la famosa amante. Edith sentía que él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella, y siempre le pedía que fuera con ella, dondequiera que tuvieran lugar sus conciertos. Así, en octubre de 1949, Piaf otra vez le pidió a Serdan que volara a Nueva York. El hombre enamorado dejó todo y corrió hacia Édith. El avión en el que volaba Marcel se estrelló sobre el océano Atlántico. Los restos del boxeador fueron identificados por el reloj que le había regalado Piaf. La muerte del ser querido llevó a la cantante a un profundo shock, y luego a la depresión. La cantante se salvaba con trabajo, alcohol y morfina.

Pronto, Edith decidió ponerle fin a su soledad y se casó con el cantante Jacques Pills, pero el matrimonio se derrumbó rápidamente. Y luego la esperaba una serie de desgracias: en un año, junto con Aznavour, la cantante sobrevivió a dos graves accidentes automovilísticos, fracturándose el brazo y las costillas. Los médicos trataron de aliviar su dolor con inyecciones de morfina, y Edith volvió a la adicción a las drogas, que duró 4 años.

Pero dos jóvenes compositores, Charles DumontMichel Vaucaire, que compusieron la canción que se volvió un éxoto “Non, je ne regrette rien”, lograron hacerla volver a trabajar.

Édith Piaf y Théo Sarapo.

El último hombre en la vida de la legendaria Piaf fue el hijo de inmigrantes griegos Theophanis Lamboukas, que era 20 años más joven que ella. Pero a la cantante no le importaba, en ese momento ella ya sabía su diagnóstico: cáncer.

Edith y Theophanis se casaron. La cada vez más débil cantante quería ayudar a que su joven esposo se hiciera famoso y se le ocurrió un nombre artístico para él: Théo Sarapo. Pero los periodistas que escribían artículos maliciosos incansablemente resultaron ser más fuertes, y solo veían en Theo a un vividor. Pero Sarapo amaba a su esposa y la cuidó hasta el último día de su vida. El matrimonio duró 11 meses. Theo murió en un accidente 7 años después de la muerte de Édith.

Piaf murió el 10 de octubre de 1963, a la edad de 47 años, pero el cuerpo de la cantante fue transportado de Grasse a París en estricto secreto, por lo que anunciaron su muerte oficialmente recién al día siguiente. Un día después de la muerte de la cantante, murió de un ataque al corazón su amigo, Jean Cocteau. La Iglesia Católica se negó a despedir a Piaf, calificando su vida de un constante pecado, pero 40 mil personas pensaban de una manera diferente: esa fue la cantidad de los fanáticos de su talento que se acercaron a despedirse de su cantante favorita. Aznavour recordaba que desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el funeral de Édith fue la única vez en que todo el movimiento de París se detuvo, y que había tantas flores que la gente tenía que caminar encima de ellas.

¿Qué piensas, es factible perdonarle a una persona talentosa un carácter difícil?

Imagen de portada La môme / Légende Films
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