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Por qué con ciertos sonidos se nos eriza el vello o tenemos una extraña sensación en los dientes

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Quizá no has empezado a leer, pero, con solo imaginar un tenedor rayando el fondo de un plato o el arrase de las uñas sobre una pizarra, ya tienes los vellos del brazo erizados o sientes algo raro en los dientes. A esta reacción se le conoce como dentera o tiricia. ¿Habías escuchado hablar de ella antes?

Genial.guru quiere contarte cuál es el origen de este efecto y por qué llega a producirse con solo experimentar o recordar algunos sonidos desagradables. Si logras llegar al final del artículo sin que se te ponga la piel de gallina, ¡felicitaciones! Eres de otro mundo.

Es una reacción evolutiva ante una amenaza o peligro

Existen diversos estudios sobre el origen de la dentera, pero el más sólido es el que señala que se trata de una reacción evolutiva. Se cree que la sensación de desagrado tiene que ver con nuestros ancestros: los macacos. Hay muestras que afirman que los gritos de estos primates son similares a los sonidos agudos que nos producen escalofríos. Por lo regular, la hembra emite un grito cuando detecta un peligro y así avisa al resto del grupo.

Los sonidos que nos molestan tienen algo en común

Los seres humanos podemos escuchar un rango determinado de frecuencias sonoras que oscila entre los 20 y 20 000 hercios (Hz). Pero a partir de cierta frecuencia e intensidad, los sonidos pueden parecer desagradables. Según un estudio publicado en The Journal of the Acoustical Society of America, aquellos que se encuentran aproximadamente entre los 2 000 y 5 000 Hz desatan una reacción aversiva debido a que este es el rango de frecuencia en el que nuestros oídos son más sensibles.

La razón de la piel de gallina y dentera

La explicación que se da a que sonidos como el arrastre de un gis o de las uñas sobre una pizarra resulten “dolorosos” es que, cuando llegan a nuestro oído, una cosa en nuestro cerebro llamada amígdala procesa, decodifica el valor y luego elabora una respuesta emocional. En este caso, como se trata de estímulos desagradables, lo que hace es intensificar la respuesta en la corteza auditiva y generar una reacción cerebral negativa.

Esto quiere decir que envía proyecciones al hipotálamo, encargado de la activación del sistema nervioso autónomo, el cual controla la frecuencia cardíaca, la digestión, la frecuencia respiratoria, la salivación, la sudoración, la dilatación de las pupilas y la micción.

Por eso, las reacciones corporales que se desencadenan cuando escuchamos sonidos que nos desagradan es como si estuviéramos en una circunstancia peligrosa. La piel de gallina, así como la dentera, son actos reflejos innatos: mecanismos de alerta básicos que están ligados al instinto de supervivencia.

Al ser reacciones involuntarias, todos estamos predispuestos a experimentarlas, sobre todo la dentera. Lo que es cierto es que hay personas que son mucho más sensibles que otras a los estímulos sensoriales.

Los sonidos más agradables

Científicos de la Universidad de Newcastle sometieron a un grupo de voluntarios a la escucha de diferentes sonidos para monitorizar sus respuestas y realizar así una clasificación de los ruidos más desagradables para los humanos. En el estudio, publicado en el Journal of Neuroscience, se determinó que algunos de los sonidos que provocan rechazo son:

  • cuchillo golpeando un cristal;

  • tenedor rayando un plato de vidrio;

  • gis arrastrándose sobre un pizarrón;

  • regla raspando una botella;

  • uñas arrastrándose sobre un pizarrón.

De acuerdo con otro estudio, los estímulos desagradables o aversivos sirven para preparar un cuerpo para la acción (por ejemplo: atender a un bebé que llora), mientras que los estímulos agradables sirven para motivar a una persona a moverse hacia ellos para mejorar su bienestar.

Entre los sonidos menos desagradables destacan:

  • aplausos;
  • risa de un bebé;
  • flujo del agua;
  • agua burbujeante;
  • trueno.

Este tipo de sonidos nos parecen agradables porque se encuentran en la gama de frecuencias audibles por el oído humano (entre 20 y 20 000 Hz). Musicalmente, esta cualidad está asociada a la melodía y la armonía.

De igual forma, está comprobado que hay sonidos, como los de la naturaleza, que ofrecen beneficios terapéuticos. Pueden reducir la presión arterial y los niveles de la hormona del estrés cortisol, que calma la respuesta de lucha o huida del cuerpo.

Y a ti, ¿cuál es el sonido que más te gusta? ¿Qué emociones experimentas al escucharlo?

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