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Qué sucede cuando un miembro de la familia real decide dejar de formar parte de ella

Renunciar a un empleo no es cosa sencilla, a veces puede ser estresante redactar una carta explicando las razones que llevaron a la decisión, y esperar retirarse después en los mejores términos posibles. Vamos, seamos honestos, pocas personas están dispuestas a gritar “¡Renuncio!” y cerrar la puerta de la oficina de un portazo sin dar explicaciones. Pero si hacer esto ya es difícil, para un miembro de la realeza lo es aún más, ya que no se trata de renunciar a un trabajo, sino a un título y a un estilo de vida; por lo que requiere un proceso largo para su aprobación.

Genial.guru ha investigado lo que sucede cuando un miembro de la realeza decide abdicar y descubrió que aquellas personas con “poder”, en realidad, no lo tienen para muchas cosas como, por ejemplo, renunciar a él.

Si ahora es difícil, ¡antes era peor!

Antes, los monarcas de cualquier país no podían renunciar bajo ningún concepto, hacerlo era una deshonra y una ofensa imposible de perdonar. Solamente sucedía en circunstancias extremas, como en casos de agitación política o violencia. Así que la mayoría de estas renuncias fueron a la fuerza, debido a invasiones o complots políticos. Pero por ejemplo, el emperador Isaac I Comneno que vivió hace más de mil años, renunció al trono por voluntad propia... porque pensó que moriría.

Lo cierto es que una vez se enfermó durante tantos días que temió pasar a mejor vida, y pese a las objeciones de su esposa, renunció al trono y nombró a un sucesor. Decidió pasar sus “últimos días” en un monasterio pero, al poco tiempo, ¡se recuperó! Y habría sido una excelente noticia si no fuera porque perdió la soberanía, y no pudo recuperarla, porque por supuesto, su sucesor no estuvo dispuesto a devolverle la corona. Este exrey romano despechado no tuvo más remedio que seguir viviendo como un humilde monje en lo que le quedó de vida, sin títulos honoríficos.

La abdicación tiene que ser aprobada

Como ya hemos dicho, un rey no puede simplemente decir “¡Renuncio!”, recoger sus cosas y retirarse sin más, no se podía en la antigüedad ni ahora. En España, por ejemplo, en el caso de la renuncia al trono del rey Juan Carlos I en el 2014, se necesitó una Ley Orgánica. Esta trata de que los proyectos se aprueben por votación entre diputados y senadores; en su caso, fue aprobado y lo sucedió en el trono su hijo Felipe VI porque, tal como remarca la ley, la corona es hereditaria. Y siendo totalmente distinto al caso anterior, Juan Carlos no sufrió ninguna clase de destierro pese a haber renunciado al trono, sigue manteniendo el título de rey vitalicio, por lo que es tratado con honores y como majestad.

No todas las leyes contemplan la renuncia a la corona

Cuando decimos que renunciar al trono es difícil, lo decimos en serio, y en la mayoría de los casos, a la última palabra la tiene el gobierno del país. En Japón, el emperador Akihito fue el primero en renunciar al trono ¡en 200 años! Ya siendo un hombre de 82 años y habiendo padecido enfermedades que dejaron delicada su salud, en el 2014 dejó de manifiesto en un discurso que se emitió en la televisión, que sentía que ya no podía cumplir con sus deberes soberanos. El problema radicaba en que, como en los ejemplos anteriores, en Japón el rey debía serlo hasta la muerte. En caso de incapacidad, quien lo sustituyese no lo haría como emperador, sino como regente, por lo que esta excepción a la ley imperial requeriría la aprobación por el Parlamento de Japón.

Con la tradición imperial en los hombros, no estaba bien visto que el rey dejara el trono ni mucho menos que lo dijera públicamente, como hizo Akihito en la televisión, ya que los monarcas tienen prohibido en Japón hablar de política. Así que, al poco tiempo de eso, sus representantes dijeron que su intención de renunciar eran “rumores falsos”. Afortunadamente, se planteó la reforma de ley para posibilitar su sucesión, pero esta decisión no les tomó a los especialistas días, ni meses, sino que cinco años, sí, media década. En el 2019, fecha elegida por el gobierno, a las 86 años pudo renunciar al trono formalmente y cedérselo a su hijo. Sin embargo los ministros dejaron en claro que el derecho a la abdicación solamente era permitido por las circunstancias de Akihito, pero que no se permitiría que fuese un ejemplo a imitar en los emperadores que lo sucedan.

Las renuncias no tienen que ser solamente por política o vejez, algunos han renunciado por amor

Parece que la frase “dejar todo por amor” solamente se utiliza para las novelas románticas, pero estas princesas estuvieron dispuestas a todo para estar con su pareja. Tanto la princesa Mako de Akishino, la hija del emperador Akihito, y Sayako Kuroda, se han casado con personas “plebeyas”, y en consecuencia perdieron sus títulos honoríficos y todo privilegio de la realeza. Esto se debe a que las leyes imperiales han dejado en claro que las mujeres no puedan casarse con alguien de menor estatus; de hacerlo, pierden el suyo por añadidura.

No todas las abdicaciones por amor resultaron sencillas, ni para el desertor ni para el país

¿Recuerdas que dijimos que no siempre los reyes tienen la autoridad absoluta? Bueno, en lo que respecta al amor, tampoco. Y si bien las princesas japonesas tuvieron que renunciar a sus títulos, la abdicación del rey Eduardo VIII en 1936 para casarse con una mujer divorciada dos veces que ostentaba, según el criterio de la época, un estilo de vida vulgar, trajo consigo también una crisis constitucional. Desde antes de su renuncia ya había recibido advertencias por parte de los ministros de que aquel matrimonio acarrearía conflictos políticos, las críticas de la prensa y por añadidura el mal concepto de la sociedad sobre la corona. Aquellos motivos pudieron haber intimidado a cualquiera, pero lo cierto es que Eduardo, resuelto a que no cumpliría sus funciones soberanas sin la mujer que había elegido para su vida, renunció.

En casos como estos, en que se da una renuncia sin hijo como heredero a la corona, la sucesión se da por pariente directo, que en este caso fue su hermano menor, Jorge VI, y desde entonces, Eduardo obtuvo el título de duque de Windsor. Aunque sin duda es mejor que ser recluido en una prisión o monasterio como en la antigüedad, estuvo la condición de que ni su esposa ni hijos podría obtener títulos honoríficos; tampoco los parientes cercanos pudieron ir al matrimonio de Eduardo y se lo exilió a Francia sin la oportunidad de poder volver a su país sin permiso del rey. Tampoco tuvo permitido asistir como exsoberano a la coronación de la reina Isabel II. Si bien, conforme a los años, existieron encuentros entre la familia real y los duques, nunca aceptaron a la duquesa.

La renuncia de los duques de Sussex

Una renuncia reciente en la monarquía británica es la de Harry y Meghan, quienes comunicaron que, a partir de este año, dejarían de ser considerados miembros privilegiados de la familia real, dejando en claro de que son conscientes de que, al no tener un estatus elevado, dejarán de recibir subsidio de la soberana, que es el dinero público para quienes trabajan representando a la familia real.

En este caso particular, seguirán siendo llamados por sus títulos reales, duque y duquesa, y por el momento no hay ninguna modificación del príncipe Harry en el sexto lugar de la línea de sucesión al trono. Seguirán sirviendo a la reina cuando ella los necesite, pero lo harán teniendo un estilo de vida independiente. El cambio más drástico se dio en cuanto a su relación con la prensa, enviando otro comunicado dando aviso que con sus nuevos roles sociales, ya no participarán en el sistema Royal Rotal, que es un sistema que acuerda que todos los miembros de la realeza británica dan noticias y contenido exclusivo a un reducido grupo de diarios de ese país. Si, por ejemplo, publican una foto en sus redes sociales, como Instagram, antes debe pasar por estos medios. Por lo que los duques quieren prescindir de este grupo de élite periodística y elegir ellos mismos a los responsables de hacer difusión a cualquier evento que sea de interés para la sociedad.

Bono: abdicaciones al trono memorables

1. Friso de Orange-Nassau

Friso fue el hermano menor de Guillermo Alejandro, el actual rey de los Países Bajos. Su caso se hizo conocido cuando renunció a su título de príncipe y a la posibilidad de alcanzar la corona al casarse en el 2004 con una mujer que no era bien vista por el gobierno ni por el parlamento.

2. Beatriz de los Países Bajos

Beatriz de los Países Bajos, madre de Friso y el rey Guillermo, abdicó del trono por voluntad propia a los 75 años de edad, con el fin de cedérselo a su hijo para que la responsabilidad del país estuviese en manos de nuevas generaciones. Otro de los motivos se debió a que deseaba tener más tiempo para poder cuidar a su hijo Friso, quién en aquel tiempo estaba en estado de coma tras haber tenido un accidente de esquí que posteriormente le provocó la muerte.

3. María I de Escocia

María Estuardo se casó 3 veces, de las cuales enviudó 2. Fue reina consorte, obligada posteriormente a abdicar el trono por su hijo de tan solo un año, viajó a Inglaterra donde finalmente fue sentenciada a muerte por intentar conspirar una rebelión para robarle la corona a Isabel I, ¡y todo eso en tan solo 44 años de vida!

4. Balduino I de Bélgica

Este rey tuvo la particularidad de abdicar del trono por ¡tan solo 24 horas! La razón se debió a que, durante el proceso de promulgación de una ley a la que él objetaba, decidió renunciar a la corona para no tener que firmarla, regresando cuando terminó todo el papeleo. Oye, ¡eso es trampa!

5. Cristina de Suecia

La reina de Suecia nació en el año 1626 y se caracterizó por tener una mente muy innovadora para su época, por empezar desde la niñez dio muestras de gran inteligencia, rechazando también los lujos y las joyas. Ya siendo reina se negó a casarse pese a que la nobleza se lo insistía imperativamente. Luego simplemente decidió dar aviso que abdicaría del trono, y cuando le preguntaron a qué se debía tamaña noticia, ella solamente respondió: “Si el Consejo supiera las razones, no le parecerían tan extrañas”. Pues siglos después de su abdicación sigue siendo todo un misterio ya que nunca dio ni la más mínima pista del motivo por el que renunció.

6. Christopher O’Neill

Christopher O’Neill se casó en el 2013 con la princesa Magdalena de Suecia, y pese a que ello podría haber sido motivo de envidia para muchos por los importantes títulos de la realeza que adquiriría, él renunció a todo ello para poder continuar trabajando como empresario.

7. Sigvard Bernadotte

Sigvard Bernadotte, quien era príncipe de Suecia, se casó con una mujer que tenía ciudadanía alemana, lo que le valió que le quitaran sus títulos reales. Y esta podría ser una conmovedora historia de amor si no fuera por el hecho de que, años después, se divorció de su esposa para casarse con otra mujer, de la que también se separó, por lo que no se podría aplicar la frase “vivieron felices por siempre”. Además, Sigvard se arrepintió de haber renunciado a sus títulos, los cuales nunca le devolvieron pese a su insistencia.

8. Princesa Ubol Ratana

Al igual que las princesas japonesas, Ubol Ratana de Tailandia tuvo que despojarse de sus títulos al casarse con un plebeyo, lo cual fue muy repudiado por su familia. Lamentablemente, años después, el matrimonio llegó a su fin, y aunque ella no pudo recuperar su estatus real, continuó haciendo obras caritativas; trabajó como actriz y hasta quiso trabajar en el gobierno, aunque en esto último no tuvo autorización de la familia real.

9. Mohamed V de Kelantan

Otra historia en la que el protagonista renuncia a la corona por amor y no tiene un final de cuento de hadas es la de Mohamed V, que no era ni duque ni príncipe, sino rey, y abdicó en el 2019 tras dos años de reinado para casarse con la reina de belleza Oksana Voevodina, de la que terminó divorciándose seis meses después en malos términos.

10. Carlos II de Rumania

En su juventud, fue obligado a anular un matrimonio que contrajo por amor y a casarse después con una princesa. Luego conoció a Magda Lupescu, también casada, y ambos se enamoraron. Tras ser amantes por años, decidieron fugarse juntos, así que Carlos renunció a su derecho de sucesión a la corona cediéndosela a su hijo, fruto del matrimonio con la princesa Elena de Grecia.

A diferencia de los casos anteriores, él no se rindió a las normas y, tras años de exilio, decidió seguir luchando para ser rey a la fuerza, declarando un golpe de estado a su hijo que tenía por entonces nada más que 9 años, por lo que resultó vencedor. Esta podría ser una historia con un final injusto si no fuera porque, al ser su reinado muy cuestionado por el pueblo debido a sus tiranías y mentiras, tuvo que volver a abdicar en 1940, viviendo otra vez en el exilio, pero esta vez en Portugal.

¿Alguna vez renunciaste a un empleo? De ser así, comparte tu historia en los comentarios, y no olvides colocar los detalles más divertidos de tu experiencia.

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