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15+ Personas contaron historias de peluquerías que se podrían relatar en un programa de televisión cómico

Una vez al mes o una vez al año, probablemente todos visitamos una peluquería. Algunos de nosotros disfrutamos de estas visitas, mientras que para otros son un verdadero calvario. Pero a veces, durante un corte de pelo o una coloración aparentemente inofensiva, ocurren percances que no puedes contarles a tus amigos sin reírte.

En Genial.guru no pudimos ignorar las historias de los usuarios de las redes que demuestran que una visita a la peluquería puede ser muy poco convencional, tanto para los estilistas como para sus clientes.

  • Una conocida mía me contó una historia. Un día llegó a la peluquería y le explicó al estilista cómo cortarle el pelo. Dónde dejar más, dónde cortar menos, a qué nivel recortar el flequillo. Incluso le mostró una foto en su teléfono del corte de pelo que quería. El peluquero la escuchó pacientemente, sin interrumpirla, y cuando terminó su monólogo, dijo: “¡Recuerde, señora, usted puede querer el corte de pelo que quiera, el tema es que el estilista se lo cortará de la manera que pueda!”. © PolAnd1962 / Pikabu
  • Un asistente de peluquero estaba aprendiendo a hacer los reflejos rubios en una adolescente con el pelo largo y negro. La chica le mostró algunas fotos del resultado que le gustaría obtener y se la veía muy nerviosa. Cuando le quitaron el papel de aluminio, su pelo estaba amarillo como un plátano. Decir que estaba molesta es poco. © anaugustleaf / Reddit
  • Me estaba cortando el pelo y la peluquera preguntó: “Oh, ¿quién te cortó el pelo? Aquí hay unos tijeretazos de más, y aquí no está parejo, ¡qué horror!”. No me inmuté en absoluto y le conté que la última vez que me había cortado el pelo había sido allí mismo, en esa peluquería. La chica se puso pálida y guardó silencio hasta el final del corte de pelo. Por cierto, esa peluquería no era nada barata. © Ia_vam_pishu / AdMe
  • Tengo unos días muy ocupados. Trabajar, trabajar como freelancer, hacer ejercicio, etc. Últimamente ni siquiera tuve tiempo para dormir bien. Hoy, por fin, fui a una peluquería, me senté en la silla del peluquero y me quedé absolutamente dormida durante unos minutos con un secador de pelo zumbando en mi oído. Me desperté con la pregunta en los ojos: “¿En qué año estamos?”. Es hora de reconsiderar mi estilo de vida. © Podslushano / Ideer
  • Solía cortarme el pelo con una maquinilla eléctrica. En algún momento fui a una barbería normal frente a mi casa. Me cortaron el pelo perfectamente y me costó muy poco. Empecé a ir allí una vez al mes. Un día, salí de mi casa y mi vecina me preguntó por qué no iba a cortarme el pelo. Quedé confundido por la pregunta, así que le dije: “¿Por qué? ¿Ya es el momento?”. Dijo: “Sí, Guadalupe lleva una semana esperándote”. Y pensar que yo ni siquiera me había percatado de que siempre me cortaba la misma chica, que su nombre era Guadalupe, ¡y que me estaba esperando! © Nick903 / Pikabu
  • Siempre iba a la misma peluquería. Me gustaba mucho: la estilista me hacía buenos cortes de pelo, me entendía bien y, lo más importante, siempre teníamos conversaciones interesantes. Una vez, como de costumbre, me estaba cortando el pelo con ella, hablamos de las películas de Pedro Almodóvar, al mismo tiempo que recordamos los libros históricos que habíamos leído sobre un tema, y pasamos a los documentales. Y entonces un cliente se acercó al estilista que estaba al lado de la mía. El hombre no paró de quejarse durante unos 10 minutos de que su flequillo no quedaba como él quería, sin importar lo que intentara. El peluquero comenzó a calmarlo. Mi estilista y yo nos quedamos simultáneamente en silencio. Me alegré tanto de que estuviera terminando mi corte de pelo, porque no hubiera podido tolerar ni 5 minutos más esos chillidos y lamentos sobre el flequillo. © Delo v shliape / AdMe
  • Estaba sentada en una peluquería, entra un chico de unos 19 o 20 años y se sienta en su silla. El peluquero le pregunta: “¿Qué corte de pelo te gustaría?”. Le dice: “Quiero el corte de pelo más de moda entre los chicos de 18 a 27 años”. Silenciosamente lo aparta del espejo, lo sienta, toma la maquinilla eléctrica y le afeita la cabeza. Eso es ser claro sin más. © Podslushano / Ideer

“Pedí que me hicieran un Balayage/Ombré y pagué 450 dólares. ¿Es razonable pedir un reembolso?”.

  • Trabajo como peluquero. Viene una mujer, me pregunta cuánto costaría aplicarle la tintura en las raíces del pelo y una bolsa térmica encima para que se vaya a casa así. Le dije que no la dejaría ir a ninguna parte con una bolsa térmica en la cabeza. La señora trajo su propia tintura, así que volví a decirle que no era responsable del resultado. Cuando enjuagamos el tinte, ella quedó en shock: su pelo era rojo. Me preguntó si podía volver a teñirse. Entonces le contesté que, en ese caso, debería pagar los dos servicios. La siguiente hora y media la pasamos en completo silencio. © AtatoraMatushka / Pikabu
  • Un día fui a la peluquería a teñirme el pelo. Ya había estado allí cinco veces y todo había salido bien. Pero ese no era mi día. Primero, al enjuagar la tintura, resultó que habían cortado el agua caliente, así que me tuvieron que lavar la cabeza con agua fría, que estaba terriblemente helada. Luego resultó que el colorista se había equivocado un “poco” al calcular, por ende, las raíces no tomaron color y el pelo quedó horrible. Cuando el estilista me estaba secando el cabello, mientras yo sollozaba, un mechón se enganchó en el ventilador del secador y me arrancó una buena cantidad de pelo de un tirón. Ese día todo fue un desastre. Y lo más importante, cuando todo ese calvario terminó, ni siquiera se me pasó por la cabeza no pagar. Aunque ahora, teniendo un poco más de experiencia en este tema, puedo decir que era la peluquería la que tenía que haberme pagado por toda esa tortura que recibí ese día memorable. © Maria Lakomina / Facebook
  • ¿Conoces esa sensación cuando estás sentada en la silla de la peluquería, ya tienes un montón de clips y horquillas en la cabeza y te estás mirando en el espejo, tratando de averiguar si siempre fuiste así de fea? En serio, no hay otro lugar que te haga ver más fea que la silla de la peluquería. © HeIIoSidney96 / Twitter

“La suerte no estuvo del lado de mi estilista hoy”.

  • Trabajé como administradora en un salón de belleza durante tres años. A menudo entraban todo tipo de clientas diciendo: “¿Para qué pagar de más? Al fin y al cabo, traigo mi propia tintura, tú solo aplícamela y yo me iré, vivo muy cerca de aquí”.
    Por cierto, una de ellas así lo hizo una vez. La clienta parecía normal, no tenía nada inusual. El peluquero le aplicó la tintura en el pelo, la sentó en el sofá con un té y galletas para que esperara un tiempo determinado, y mientras tanto se puso a cortarle el pelo a otro cliente. Esta señora bebió el té, comió las galletitas y pidió salir afuera a respirar un poco de aire. Y así como estaba: en bata, con tintura en la cabeza, se fue. Su bolso quedó colgado en una percha. Estaba vacío, o sea, la señora lo planeó todo desde un principio. Nos quedamos sin palabras. © milli200 / Pikabu
  • Mi amiga, que es peluquera, me contó algo que le pasó. Una señora acudió a ella para que le hiciera un peinado con el secador y el cepillo, o sea un brushing. Quedó satisfecha y se fue a casa. Dos días después, la clienta vino a quejarse. Resulta que pensó que la estilista le había aplicado un compuesto especial en la cabeza y que por eso su cabello no debería ensuciarse durante al menos una semana. © Maria Khavantseva / Facebook
  • ¿Soy el único que no se pone el gorro después de un corte de pelo hasta que el peluquero esté fuera de la vista? Para no faltarle el respeto al trabajo realizado. © RuslanUsachev / Twitter

“Creo que necesito buscar un nuevo peluquero”.

  • Quería hacerme una coloración de pelo, y una amiga me recomendó al mejor colorista de la ciudad, con el cual ella estaba encantada. Miré las fotos en su Instagram y le escribí. Los precios eran más altos que en un salón de lujo, ¡tres veces más! “Bueno... Tal vez vale la pena, ya que al parecer, es un verdadero maestro en su oficio”, traté de tranquilizarme. Decidí acordar con él un corte de pelo, y me dijo que necesitaba hacerme un corte bien recto, con un desmechado a los costados, etc., porque así lo requería mi estructura capilar, que era la mejor opción para mí. Me negué cortésmente y aclaré que me bastaba con teñirme el cabello. ¡Pero no tuve suerte con mi petición! Resultó que esta persona se creía un Miguel Ángel y yo me atreví a estropear la “obra maestra” que este artista tenía en la cabeza con mis percepciones toscas y “campesinas”. Quedé aturdida, me negué y cancelé todo. Un par de días después, fui a teñirme con un estilista a quien conocía desde hace tiempo. Me teñí, me corté el pelo como yo necesitaba y ahora camino por las calles como una “campesina” feliz. © Juliapo / Pikabu
  • Me encanta cuando llegas a la peluquería para hacerte el servicio de “cuidado del cabello”, lo que ya insinúa que eres consciente de su sequedad y porosidad, y el peluquero empieza a lamentarse: “Ay, pues el pelo se ve tan opaco, deberías cuidarlo más, cómo es que está tan...”. Una falta de tacto al 100 %. © KDukalis / Twitter
  • Mi suegro tiene más de 50 años, es un hombre sencillo y trabajador, va a barberías baratas donde le cortan el pelo en seco por 5 dólares. Una vez fue a otra peluquería, de mayor categoría. La estilista le dijo que se lavara la cabeza, pero él nunca se había lavado el pelo en una peluquería antes. Se acercó a la silla de lavado de cabello y apoyó las rodillas en el asiento y puso su cabeza bajo la ducha del lavabo. La peluquera, cuando lo vio, se indignó: “¿Me estás jugando una broma?”. Y yo, cuando me imagino esta escena (un hombre adulto con su cabeza metida en el lavabo y el trasero apuntando hacia arriba), lloro de risa. Cada vez que voy a cortarme el pelo, recuerdo eso y me quedo riendo sola. © Podslushano / Ideer

¿Alguna vez has tenido situaciones divertidas al visitar una peluquería?

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