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20 Personas que tuvieron las primeras citas más terribles del mundo

Un usuario llamado akagenonogitsune recopiló historias sobre primeras citas en las que todo salió mal. Estamos seguros de que a los participantes de esos eventos no les pareció nada gracioso enfrentarse a tales situaciones, pero fueron precisamente esos incidentes los que luego se convirtieron en las mejores anécdotas de sus vidas, capaces de provocar la risa de todo el mundo.

En Genial.guru recopilamos para ti las historias más brillantes de la colección. Esperamos que no solo te rías con ellas, sino que también compartas las tuyas. Si lees el artículo hasta el final sabrás que incluso las citas más terribles pueden tener un final feliz.

  • “En medio de la cita, el hombre vio a una paloma y, después de gritar ‘¡Canalla!’, salió corriendo tras ella. Nunca regresó”.
  • “Soy dentista. En medio de la cena, la chica me ofreció examinarle los dientes allí mismo, y pasó 3 minutos con la boca abierta mientras yo intentaba explicarle por qué no era adecuado hacer eso”.
  • “Dijo que quería hacerse una rinoplastia para que sus hijos no heredaran su gran nariz. ¡Qué listo!”.
  • “En la primera cita: ‘Las mujeres me miran la cara y no quieren tener nada conmigo...’. Yo: ‘Pero ¿qué tiene de malo tu rostro?’. Él: ‘Pues, soy guapo...’. Al principio pensé que estaba bromeando, pero hablaba en serio. Cuando le dije ‘Soy más bella que tú’, se fue ofendido”.
  • “Había mucha gente en el parque, era de noche y el alumbrado ya estaba encendido. En aquel momento, mi compañero decidió enseñarme algunos trucos de karate, y no encontró nada mejor que hacer que darle una patada al farol. Lo siguiente duró un par de segundos: la bombilla echó unas cuantas chispas y se apagó, el chico cayó al suelo y se puso a gritar, y todas las personas que presenciaron el incidente estallaron de risa. Mi compañero no pudo soportar la vergüenza, así que se levantó y corrió hacia la salida del parque sin callarse”.
  • “Pasamos por un supermercado, y resultó que él era muy ágil degustando alimentos. Inmediatamente se dirigió al departamento de frutas, comenzó a comer mandarinas (incluso peló una para mí), y luego me invitó a probar uvas, manzanas y algo más. Después fue al departamento de confitería, abrió un envase de crema y se puso a comerla. Y, una vez más, se portó como un verdadero caballero: me ofreció la golosina diciendo ‘Toma, pruébala. ¡Está muy buena! ¡Siempre como de esta!’”.
  • “Él: ‘¿De cuántos pisos es tu casa?’. Yo: ‘De 9 pisos’. Él: ‘¿Por qué no es de 7?’. Para ser honesta, esa pregunta me confundió, así que no le respondí. Después de eso, pasó unos 20 minutos contándome sobre el hecho de que estaba seguro de que los bloques de pisos deberían tener 7 niveles, porque eso era mucho mejor que tener 9 y así le gustaban más”.
  • “Durante la cita habló sobre el osciloscopio C1-350. Al principio insinué que no me interesaba, pero después de media hora declaré que no entendía nada y que quería cambiar de tema. Él respondió: ‘¡Haré un dibujo y así entenderás mejor!’, y se puso a dibujar un esquema”.
  • “Este ‘futuro gran actor’ se emborrachó y comenzó a contarme la fábula: ‘En la rama de un árbol, bien ufano y contento, con un queso en el pico, estaba el señor Cuervo...’. ¡Se subió a una silla como si fuera un niño y comenzó a gritar para que todos los clientes de la cafetería pudieran oírlo! Pero debo decir que interpretó magistralmente al señor Cuervo”.
  • “Le llevó dos horas contarme sobre sí mismo: cuándo cumplía años, cómo era de niño, cuántos sobrinos tenía, etc. No tuve la oportunidad de meter una sola palabra en ese monólogo. Al final, me levanté para ir a casa. Siguió hablando acerca de lo hermoso que era su gato, y luego dijo: “Creo que esta fue una cita perfecta”. Pensó un poco y agregó: “También estudié en la escuela de música durante 3 años, sé preparar paella y hacer punto de cruz... Me lo enseño mi mamá”.
  • “Fuimos a dar un paseo por el parque, nos sentamos en un banco y dijo: ‘Ahora regreso’. Fue al puesto de helados, compró uno, lo comió rápidamente y regresó”.
  • “Tengo 19 años. Un chico me invitó a un restaurante. Antes de salir me puse pestañas postizas, pero se despegaron y cayeron en la sopa. Fue uno de esos momentos incómodos cuando el cerebro se encoge por lo sucedido. En fin, diciendo ‘No pasa nada’ intenté sacar esas cosas del plato. No volvió a invitarme a salir”.
  • “De repente suena su celular y él responde a la llamada diciendo: ‘No, está bien. No, sí, es bonita. No, barato. Sí, tendré cuidado. No, no bebimos. Sí, me gusta. Sí, adiós, un beso’. Colgó el teléfono y dijo: ‘Lo siento, era mamá, estaba preocupada’. El hombre tenía más de 40 años”.
  • “Resultó que conocía a mujeres para que leyeran las poesías publicadas en un sitio web, todo para que su calificación aumentara. Además, estaba casado desde hacía mucho tiempo, vivía en un departamento rentado, le encantaba hablar sobre su infancia feliz y siempre llevaba consigo una laptop y sus fotos de la niñez”.
  • “Por primera vez en mucho tiempo me gustó un joven. Quedamos de vernos en un café y pasamos un rato agradable hablando. Pensé ‘¡Qué genial! Tenemos tanto en común’. Pero aproximadamente una hora después se quedó dormido. Ese día había presentado su tesis y había dormido muy poco, ni siquiera yo pude mantenerlo despierto. Al principio no pude parar de reír. Luego se acercó la camarera y me dijo que estaba prohibido dormir en la cafetería, pero cuando le conté la historia se echó a reír conmigo y me dijo que no lo despertara”.
  • “Durante nuestra primera cita fui a una cafetería con un joven y le dije que me gustaba el jarrón que había en nuestra mesa. Cuando nos fuimos, él chico sacó el objeto del interior de su camisa y me lo ofreció con una sonrisa”.
  • “Fui a mi primera cita con un hombre maduro y simpático. Cenamos en el restaurante más costoso de la ciudad, y, como postre, fue arrestado por evasión de impuestos a la salida”.
  • “Me contó sobre lo peligroso que era su trabajo (distribuía recibos de electricidad) ya que en la zona en donde trabajaba había muchos perros. Una vez incluso le rompieron a mordiscos sus guantes”.
  • “Ya era de noche, así que le dije que tenía que irme a casa. Él contestó: ‘No puedo acompañarte, vives en una zona peligrosa y tengo un celular nuevo’”.
  • “Fui a mi primera cita con una chica a la cual le sugerí que fuéramos a tomar un café. Pero ella me pidió que la acompañara a una clínica para recoger un certificado, y me dijo que solo tardaría unos 5 minutos. La esperé durante 4 horas”.

Bono: a veces, las citas terribles tienen un final feliz

  • “Era un hombre muy elegante y estaba vestido con su mejor ropa. Al terminar la cena pedimos unos deliciosos bollos recién horneados con café. Mordí mi postre, bebí un poco y ... ¡estornudé y eché todo el contenido de mi boca en su cara y su camisa! No sabía en dónde meterme, y con los ojos llenos de lágrimas le rogué a Zeus que me lanzara un rayo. Sin embargo, mi compañero tomó unas servilletas y, limpiándose, dijo: ‘A veces es difícil contenerse’. Luego comenzó a reír... Todavía estamos juntos. Ahora es mi marido”.

Bueno, no hay mal que por bien no venga, ¿verdad?. ¿Qué hay de ti? ¿Recuerdas tu primera cita? ¿Cómo fue? Cuéntanos en la sección de comentarios.

Imagen de portada akagenonogitsune / Pikabu
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