12 Costumbres de los 80 y 90 que se perdieron en el tiempo

Historias
hace 1 hora
12 Costumbres de los 80 y 90 que se perdieron en el tiempo

La nostalgia es dulce y triste a la vez, ¿verdad? Nos lleva a pensar: “éramos felices y no lo sabíamos”. Y si nuestra infancia fue buena, nuestra memoria está llena de recuerdos a los que volvemos una y otra vez. En este artículo compartimos historias nostálgicas y divertidas de lectores de Genial que fueron niños durante los 80 y los 90.

  • Recuerdo que cuando era chica, para comprar galletitas, íbamos a la galletitería. Era un negocio donde solo vendían galletitas. Venían en latas grandes, con una parte de vidrio para que podamos ver el interior. Por lo general, comprábamos un cuarto de galletitas, entonces el vendedor tomaba la lata correspondiente, la abría, sacaba un cuarto de galletitas, y las ponía en una bolsita. Extraño mucho esos comercios, y estoy segura de que las galletitas eran más sabrosas antes.
  • Alquilar películas en el videoclub. Era una fiesta. Solamente lo hacíamos los fines de semana, y no siempre. En la tele había solo cinco canales, y la TV por cable era costosa, entonces solo teníamos el videoclub. Iba con mi papá y alquilábamos dos: una infantil, para mi hermano y para mí, y otra para mi mamá y mi papá. ¡Había que verlas rápido porque te las alquilaban solo por 24 hs!
  • No sé si los chicos de ahora lo siguen haciendo, pero en los 90 era impresionante la cantidad de álbumes de figuritas que coleccionábamos. De todo: Los Simpson, Jem and the Holograms, Rainbow Brite, Mickey y Minnie... mi hermana y yo completábamos uno y ya pedíamos otro. ¡Éramos tan felices!
  • Recuerdo las tardes jugando en la vereda hasta que se hacía de noche. Mi mamá gritaba mi nombre desde la puerta y esa era la única alarma. Jugábamos a la mancha, al elástico, a la escondida. Si pasaba un auto, frenábamos el partido y seguíamos como si nada. Volvía a casa con las rodillas raspadas y el corazón feliz. Eran buenos tiempos.
  • Me acuerdo del walkman y los casetes rebobinados con una birome, ¡jajaja! Hacía compilados grabando canciones de la radio y me molestaba cuando el locutor hablaba encima. Cuando la canción salía “limpia”, era un triunfo.
  • Ir al ciber por primera vez fue una revolución. Antes de eso, la computadora era solo para jueguitos simples (y eso para los que teníamos computadoras, que éramos pocos). De pronto descubrimos el chat, el correo electrónico y esa sensación rara de hablar con alguien que no veías. Pagábamos por hora, por media hora, cada quince minutos, lo que nos alcanzara el dinero. Por supuesto que es mucho mejor tener la propia laptop y el propio teléfono, pero eran buenas épocas.
  • En mi casa, los domingos eran sagrados para los dibujos animados. Me levantaba temprano, me hacía un tazón enorme de chocolatada y me sentaba en el piso frente al televisor. No había pausa ni repetición. Si te lo perdías, te lo perdías.
  • Recuerdo los teléfonos fijos con cable largo. En los 90 ya era adolescente, y me encerraba en mi cuarto para hablar con mis amigas durante horas. Si alguien levantaba otro tubo en la casa, se escuchaba todo. No había mensajes de texto. Había que animarse a llamar y, peor aún, que atienda el papá de tu amiga. Me daba miedo llamar y que estuvieran almorzando, jajaja, no quería molestar.
  • Las tardes de lluvia eran para armar “castillos” con sábanas y sillas. Convertíamos el living en una fortaleza secreta, o eso creíamos. Llevábamos galletitas, linternas y contábamos historias de miedo. Afuera llovía fuerte, pero adentro era pura aventura.
  • Me acuerdo de esperar mi turno para usar la computadora familiar. Era una sola y estaba en el comedor, a la vista de todos; la privacidad no existía. Éramos mi mamá, mi papá, mis tres hermanos y yo. Y si alguien necesitaba llamar por teléfono, había que desconectarse de internet. Si podíamos pasar veinte minutos conectados era un milagro.
  • En la escuela intercambiábamos tazos y figuritas en cada recreo. Había reglas claras y discusiones eternas. Guardaba mis mejores repetidas para negociar. Cuando por fin completaba una colección, la miraba como si fuera un trofeo.
  • Las vacaciones eran sin reservas online ni fotos previas. Íbamos a donde se podía y listo. Jugaba con chicos que recién conocía en la playa y a la semana ya éramos inseparables. Luego no nos volvíamos a ver, pero a algunos todavía los recuerdo, y pasaron como treinta años de eso.

¿Qué historias nostálgicas de tu niñez recuerdas? ¿Quieres compartir alguna?

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Durante horas hablaba con mi amiga. Fue genial cuando mi papá trajo un teléfono con alta voz.

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