14 Compañeros de viaje cuyo descaro es tan vasto como un océano

Gente
hace 1 año

La experiencia de viajar en el transporte público no está completa sin otros pasajeros. Y, tras encontrarse con algunos de ellos, a veces dan ganas de terminar el trayecto en ese mismo instante y no volver a asomar la nariz de casa. A algunos insolentes se los puede poner en su lugar, pero hay personas completamente impenetrables, cuyo descaro solo da lugar a aguantar estoicamente.

En Genial.guru esperamos que nunca nadie tenga que lidiar durante un viaje con acompañantes cuyo recuerdo no evoque más que escalofríos.

  • Suecia. Tren de Gotemburgo a Estocolmo. Iba a rendir un examen en el instituto y me preparaba en el camino. Una joven iba sentada a mi lado y comenzó a hacer llamadas con su celular. Primero le contó a su amiga todo sobre la relación con su novio, la mudanza a un nuevo departamento, sobre los muebles comprados. Luego llegó el turno de llamar a su abuela, con quien hacía mucho tiempo que no hablaba. Se enumeraron todas las tías, tíos, bautizos y compromisos, así como el contenido del refrigerador. Por supuesto que yo no podía estudiar con tal flujo de información, y una hora y media después, tras otra llamada, le dije: “Creo que ahora lo sé todo sobre ti y tu familia”. Después de eso, la joven se quedó en silencio. © Oksana Malinin-Laihonen / Facebook
  • Mi hijo tiene 4 años. No tuve suerte con los pasajes y tuvimos que hacer un viaje largo en vagón compartido. Mi hijo tenía libros para colorear, jugábamos, hacíamos rimas, hacía lo posible para no molestar a nadie. En el compartimento de al lado había 2 madres con hijos de aproximadamente la misma edad. No vi que esos niños tuvieran ningún juguete. Las madres estaban ocupándose de ellas mismas. Sus hijos correteaban por el vagón, chillando. Si les decías algo, simplemente te ignoraban y ponían “ojos de vidrio”. Cuando ya habían hecho enojar a medio vagón y recibido un comentario del controlador, a las madres no se les ocurrió nada más inteligente que acercarse a mí y decirles a los niños “Siéntense aquí, jueguen con el niño”, y luego a mí: “Los cuidarás, ¿verdad?”. ¡¿Por qué haría eso?! Por supuesto que no. “¿Tanto te cuesta?”. Tanto me cuesta. © crazyEmpress / Pikabu
  • Recuerdo a un personaje: un sujeto que volaba a casa después de haber trabajado en Portugal. El típico alma de cualquier fiesta (en el peor sentido de la palabra). Estuvo hablando todo el vuelo: a viva voz, sin contemplaciones, sin preguntar si alguien quería hablar con él. Sobre todo molestó a una pareja de ancianos que estaban en asientos vecinos: no los dejaba en paz y en mal portugués vociferaba algo como “Oh, ¿estar en Aveiro? Oh, ¿entonces conocer Rodrigo, el calvo? ¡¿No conocer Rodrigo?!”. Luego durmió durante una hora. ¿Crees que fue un descanso? No, tenía pesadillas y gritaba cosas a todo pulmón. © Denys Hordieiev / Genial
  • En un vuelo de El Cairo a Nueva York, una pareja de ancianos se sentó a mi lado. El hombre estaba cansado, su esposa le dijo que acostara la cabeza en mi asiento y los pies en su regazo. ¡Fue tan raro! Dije que estaba incómodo. La mujer comenzó: “Somos ancianos, es un vuelo tan largo, es difícil para nosotros”. Quería comer algo, ir al baño, ¡pero no podía! Finalmente me di por vencido y solo leí durante todo el vuelo. No sé si existen situaciones más extrañas. © Meghna Patel / Quora
  • Tomé un tren a casa y estaba escuchando música a bajo volumen en mis auriculares. Pero el sujeto que estaba sentado cerca tenía música saliendo directamente a través del altavoz de su móvil. Quise hacerle un comentario, pero otra pasajera se me adelantó: “Disculpe, ¿podría apagar eso o usar los auriculares?”. El chico obedeció y en mi rostro apareció una expresión de suficiencia. Cinco segundos más tarde, la misma señora me dio una palmada en el hombro y dijo: “Tú también, jovencito”. Me sorprendió, pero miré hacia abajo y me di cuenta de que los auriculares no estaban completamente conectados al conector y mi música también sonaba por el altavoz. Me disculpé, arreglé la conexión y bajé aún más el volumen. © verbal_diarrhea_guy / Reddit
  • Viajábamos en un autobús con una mujer que se pasó las 6 horas jugando a un juego en su smartphone con música a todo volumen y exclamaciones victoriosas en caso de una combinación exitosa. En respuesta a mi solicitud de apagar el sonido, la madame dijo que así el juego no le resultaría interesante, que no le causaría tanta emoción. Le propuse que le comprara al conductor unos auriculares por 1 EUR, y hasta estaba dispuesta a pagárselos. La señora entrecerró los ojos y dijo: “Me duelen los oídos con esos auriculares. Tal vez tu hijo podría prestarme los suyos...”. Por supuesto, ¡le compré a mi niño esos auriculares caros para que una señora desconocida y descarada esté más cómoda!
  • Una vez, en Tailandia, viajábamos con mi mujer en autobús desde una isla hasta la capital. El camino era largo, de unas 7 horas. Los asientos no estaban indicados en los boletos. Ocupamos lugares en el medio de la cabina y llegamos sin inconvenientes a la primera parada intermedia. Allí salimos por un rato, nuestras cosas quedaron en los asientos. Regresamos: en nuestros lugares estaba sentada una pareja, y nuestras cosas estaban en sus lugares, al final de la cabina. Respondieron a todas nuestras preguntas con cara de nada. Bueno, nos sentamos en sus asientos. De cualquier forma, el autobús era cómodo. Y todo estaría bien, pero habían dejado botellas sin terminar, bolsas vacías de bocadillos y otra basura. Lo junté todo, se lo llevé a los dueños y les dije que se lo habían olvidado. ¡Volví a mi lugar y me lo trajeron todo de vuelta! Ahí ya comencé a enojarme. Les devolví todo, vacié los paquetes sobre sus rodillas. Murmuraron algo, pero ya no nos molestaron más. © i8086 / Pikabu
  • Estábamos volando con mi futura esposa a Tailandia. El tiempo de vuelo era de unas 11 horas. Sabiendo que el viaje sería aburridísimo, llevé una vieja PSP para jugar. Llevábamos volando unas 6 horas, yo estaba jugando, mi esposa estaba durmiendo. De repente, alguien me tocó el hombro. Me quité los auriculares, me di la vuelta y vi a una mujer de la fila de al lado.
    —¿Podrías dejar de jugar?
    —¿Se escucha aún con los auriculares? Bajaré aún más el volumen.
    —No, es que la tableta de mi hijo se quedó sin batería y está aburrido.
    —¿Hablas en serio? Él está aburrido, ¿entonces todos tenemos que aburrirnos?
    —¿Qué te cuesta?
    Sonreí irónicamente, saludé al niño de unos 7 años que estaba a su lado con la mano, conecté los auriculares y seguí jugando. Vaya solicitud extraña. No entiendo qué reacción esperaba esa señora. © Eugen*** / Pikabu
  • Regresaba de Florencia y el hombre que estaba sentado a mi lado decidió comer cecina. Tenía una bolsa enorme y comía pieza tras pieza. El olor inundó el salón y él, a pesar de los fuertes gruñidos de la gente a su alrededor, que se tapaba la nariz con servilletas, seguía masticando. Finalmente, una sobrecargo se nos acercó para preguntarle si ella podía poner su comida en un lugar seguro hasta que aterrizáramos. Habló cortésmente pero con firmeza y, de mala gana, él le entregó los restos de su comida. © Sylvie Aimée / Quora
  • Hice un viaje de negocios en un tren. Había comprado la litera de abajo con un mes de anticipación. Entré en el vagón y la controladora me dijo casi desde el umbral que mi lugar estaba ocupado. “¿Por qué?”. “Bueno, hay una chica. ¿Tal vez puedan ponerse de acuerdo?”. Entré: el lugar no estaba solo ocupado, ya estaba cubierto de sus cosas. Una joven estaba sentada allí con una sonrisa ingenuamente boba, como diciendo “qué te cuesta cedérmelo”. ¡Sí, cómo no, sigue esperando! Había comprado la litera de abajo y viajaría en la litera de abajo. Tras un suspiro pesado y ojos en blanco, demostrativa y muy lentamente subió a la litera superior. No me arrepiento de nada, no soy un caballero. © KocmukF / Pikabu
  • Viajaba con una amiga en un autobús al mar. Había 4 horas de viaje. Entre los pasajeros había una pareja joven con un niño de un año y medio como máximo y dos ancianas con una nena de unos 4 años. Todos suspiraron tristemente y subieron al autobús. Como resultado, el niño resultó ser de oro: estuvo en silencio todo el camino, a veces chupaba panecillos y observaba con interés a la niña, que trataba de moverse como podía: se paraba en el asiento, caminaba por el pasillo. Pero todo el autobús se había quedado sordo por sus dos abuelas, que interrumpiéndose, le daban órdenes a su nieta, y cada una una distinta. ¡Maldita sea, sus bocas no se cerraron ni por un minuto, mientras que los niños no emitieron ni un sonido! Cuántos años han pasado y sigo pensando: ¿qué clase de madre loca le daría a su pequeña a esas dos mujeres? Corrieron tras ella y gritaron sin parar en todo momento. © Liudmyla Glushchevska / Facebook

“Ese repugnante pie en el avión justo al lado de mi hija”.

  • Viajé en tren con una señora que había llenado una bolsa de crucigramas, comida rápida, galletas saladas y rollos de papel higiénico. Tenía miedo de que le robaran su equipaje, así que lo metió debajo de su asiento; las pertenencias ocupaban todo el lugar. Durante 7 horas, sus extremidades estuvieron en el espacio designado para mis piernas. © Lightmareman / Reddit
  • Viajaba a la casa de mis padres, que vivían en un pueblo, a pasar el Año Nuevo. Decidí ir en autobús, compré un boleto en línea con anticipación. Elegí especialmente un asiento justo detrás del conductor, porque es más cómodo viajar allí con mi estatura. Además, estaba en los primeros meses de embarazo y no quería sacudirme mucho y marearme. Subí al autobús y vi a una joven sentada en mi lugar: auriculares en los oídos, cara de nada. Le pedí que se quitara los audífonos y se produjo el siguiente diálogo:
    —Señorita, este es mi lugar. ¿Qué asiento tienes?
    —Aquí cada uno se sienta como quiere.
    —Otros pueden sentarse como quieran, pero este lugar es mío. Levántate, por favor.
    —No tengo ningún número de asiento en mi boleto.
    —Muéstrame tu boleto, por favor. No puede ser.
    —No te mostraré nada.
    Se puso los auriculares y se dio vuelta. Me dirigí hacia el conductor en busca de ayuda, pero él tampoco pudo lograr nada. Y luego vino la controladora, me escuchó, sacudió el hombro de la joven y le preguntó cuál era su lugar. Y vaya, resulta que lo sabía muy bien: era el lugar número 17. Que fue a donde tuvo que irse con un suspiro, chasquidos de lengua y expresión de fastidio. © mannab / Pikabu

¿Te has cruzado con pasajeros que te hicieron arrepentirte de no haberte quedado en casa ese día?

Imagen de portada Eugen*** / Pikabu

Comentarios

Me sorprendió la petición de la mujer cuyo hijo se aburría sin su tableta
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