15 Momentos divertidos y tiernos que solo ocurren en el kínder (y que los papás nunca olvidan)

Crianza
hace 1 mes
15 Momentos divertidos y tiernos que solo ocurren en el kínder (y que los papás nunca olvidan)

El kínder es la primera gran etapa en el camino hacia el crecimiento, llena de sorpresas, emociones, risas y situaciones inesperadas. Reunimos 15 historias que muestran por qué esta experiencia se convierte en una verdadera aventura no solo para los niños, sino también para los adultos.

  • Desde pequeño, mi primo no comía bien y, sobre todo, no le gustaba la sopa. Pero en cuanto empezó a ir al kínder, de repente comenzó a comerla sin problema. Sus padres no tardaron en elogiarlo: “¡Max, ya estás muy grande, comes sopa y todo!”. Y él les respondió: “Es que en el kínder, si no te comes la sopa rápido, te sirven el segundo plato encima”. Así de dura fue su infancia© Boba / ADME
  • Mi hijo dibuja mal, incluso en los libros para colorear. En el jardín de niños insinuaban que debíamos trabajar más con él. Hace unos días, la maestra me lo dijo directamente. Sin dudar, respondí: “¿Sabe? Mi hermano también dibujaba muy mal.” Ella, con un tono esperanzado, preguntó: “¿Y se convirtió en artista?” Entonces le respondí: “No, se convirtió en físico, doctor en ciencias, y hasta el día de hoy sigue dibujando igual de mal.” Desde entonces, no he vuelto a oír una sola queja sobre los dibujos de mi hijo. © nad_igroy / Threads
  • En un festival del jardín de niños, cada niño debía decirle un cumplido a su mamá. Todos escuchaban con una sonrisa, hasta que llegó el turno de mi hijo. Se levantó, miró con orgullo al público y declaró con seguridad: “Soy el hijo más feliz del mundo, porque mi mamá, cuando se lava la cara, sigue teniendo cejaspestañas.” En la sala reinó un silencio total... y luego, estallaron las carcajadas. Las mamás con capas de maquillaje se miraron entre sí, la maestra apenas podía contener la risa, y yo simplemente sonreía, pensando: “Bueno, parece que estoy criando a un verdadero admirador de la belleza natural.” © Habitación N.° 6 / VK
  • Mi papá tenía un bigote grueso y espectacular. Yo tenía 4 años cuando me llevó al jardín de niños. Mientras yo estaba allí, se lo afeitó y luego regresó a recogerme. La maestra me llamó cuando llegó, pero yo respondí: “Este no es mi papá, es la primera vez que veo a este señor.” A mi papá le dio risa y me llevó a casa, pero desde entonces, nunca más volvió a afeitarse el bigote. © Almaz Perfecto diez / Dzen
  • Mi hija se llama Margarita, pero desde siempre la hemos llamado Magui o Margo. El 1 de noviembre comenzó a ir al jardín de niños. Allí me entregaron un formulario que incluía una pregunta: “¿Cómo llaman al niño en casa?” Escribí que Magui o Margo. De pronto sentí curiosidad y le pregunté a mi hija cómo la llamaba su maestra. Me respondió: “Por alguna razón me dice Rita, pero yo le pedí que me llame Margarita.” © sibiryachka_sofya / Threads
  • Fui a recoger a mi hija del jardín de niños. Mientras ella se entretenía con sus cosas, la maestra se me acercó y me dijo: “Por favor, controlen un poco lo que su hija ve en casa.” Me sorprendí y repasé mentalmente todo lo que ve: Masha y el Oso, Plaza Sésamo, programas educativos... Entonces la maestra soltó una carcajada y dijo: ‘No se preocupe, no es nada grave. Lo que pasó fue que su hija y dos niños, mientras el resto del grupo jugaba, se fueron al vestidor... y se pusieron a bailar ‘Gangnam Style’. Su hija cantaba y daba las órdenes. Al final, terminamos riéndonos juntas. © Polina Voronina / Dzen
  • Fui con mi hija al jardín de niños para inscribirla en el grupo, y también debíamos pasar con la psicóloga infantil. Una mujer muy amable nos llamó y me pidió que esperara afuera. Estuve sentada unos 30 minutos, algo nerviosa sin saber por qué, hasta que finalmente salieron. Mi hija estaba feliz, radiante, y la psicóloga me llamó para conversar. Charlamos un poco y me dijo que los resultados eran buenos, incluso muy buenos. Luego sonrió y agregó: “¿Sabe? Su hija va a ser una persona maravillosa. Le pregunté cuáles eran sus tres cosas favoritas, y respondió: ‘mamá, papá y mamá con papá’.” Está bien, no somos cosas, pero para nuestra pequeña somos lo más valioso y querido. © Karamel / VK
  • Teníamos la esperanza de que nuestro hijo trajera dibujos y manualidades del jardín de niños. Pero lo que trajo fue un rotavirus. © XAYZZzz / Pikabu
  • Mi hija, de 3 años, lleva varios meses asistiendo a una clase extra de fútbol en el jardín de niños. Las sesiones se realizan en el salón de actos. Siempre que le pregunto: “¿Y qué tal, metiste goles hoy?”, su respuesta es siempre la misma: “No me dieron el balón.” Pensé que, siendo tan pequeña, el entrenador sabría lo que hace. Pero un día, mi esposo fue a recogerla y se enteró de que ningún otro niño había pateado el balón. Finalmente, le preguntaron al entrenador: “¿Por qué no deja que los niños pateen el balón?” Y él respondió: "¿Patear? ¡Si el lugar está rodeado de cristales y espejos! © forest.river / Pikabu
  • Mi esposo y yo inscribimos a nuestro hijo en un jardín de niños anglo-chino, con la idea de que desde pequeño pudiera comunicarse en otros idiomas. Estábamos encantados, y él, feliz: hizo muchos amigos allí. Pero, después de dos años, comenzó a negarse a hablar en su lengua materna (que no es ni inglés, ni chino). Hace berrinches y nos habla en inglés, mientras mi esposo se queda desconcertado, sin entender una sola palabra. Hablé con las maestras, pero no ven el problema, ya que según ellas están cumpliendo con su trabajo. Me dan ganas de llorar. Separarlo de sus amigos sería muy duro, pero no vemos otra opción. © Overheard / Ideer
  • Mi tía lejana era la directora de un jardín de niños. Su esposo solía estar por allí por las tardes, paseándose con frecuencia. A nuestro hijo lo recogían por turnos mi esposo y su hermano. Físicamente se parecen mucho. Ambos son policías y, la mayoría de las veces, van con uniforme porque patrullan esa misma zona. La cosa es que, cuando lo recogía mi esposo, siempre saludaba al esposo de la directora. Pero cuando lo hacía su hermano, simplemente pasaba de largo, ya que no lo conocía. Un día que fui a recoger a nuestro hijo, me encontré con este señor y me dijo: “Tu esposo a veces me saluda y otras veces no. No entiendo por qué, si yo nunca le he hecho nada.” En ese momento lo comprendí todo. En casa no pudimos parar de reír. © gu_ka_1603 / Threads
  • Mi hija comenzó a ir al jardín de niños y, cada día, llega con nuevas frases. Por ejemplo: “No empujes a Andrés”, “Termínate la papilla” y cosas por el estilo. Pero hoy, miró al gato a los ojos y, con todo el dramatismo del mundo, le dijo: “¡Estoy tan cansada de ustedes!” Al parecer, los 18 niños del grupo ya lograron agotar a la maestra. © Mamdarinka / VK
  • Estoy criando a mi hijo solo. Al tercer día en su nuevo jardín de niños, la maestra me envió uno de sus dibujos. Yo lo elogié, pero ella reaccionó con molestia: “¿¡Esto le parece normal!?” Resulta que mi hijo había dibujado flores. Y claro, según ella, eso no es apropiado porque es niño. Luego empezó a acusarme de no dedicarle suficiente tiempo a su educación y, al parecer, de permitirle pasar demasiado tiempo con sus abuelas. Una suposición curiosa, sin duda. Me quedé sin palabras. Gracias por dejar tan claro, desde el principio, que ese jardín no era para nosotros. © Work Stories / VK
  • Este año fuimos por primera vez al jardín de niños. Estaba muy nerviosa por mi hija, ya que mi hija mayor vivió su primer día entre lágrimas. No quería separarse de mí en absoluto, y a mí se me partía el corazón. Pero con la más pequeña, todo resultó mucho más sencillo. Entramos al salón y nos recibió la maestra, quien dijo: “Hola, me llamo María Guadalupe, y la otra maestra se llama Verónica Ramírez. ¿Y tú cómo te llamas, princesa?” A lo que mi hija respondió, muy segura: “Carla Rodríguez, ¡mucho gusto!” © Mamdarinka / VK
  • Mi hijo no comía sopa de betabel, y yo tenía muchas ganas de prepararla en casa, pero hacerla solo para mí no tenía mucho sentido. En casa solíamos comer otro tipo de sopas. Un día, al recogerlo del jardín después del almuerzo, la maestra me comentó que él siempre se terminaba la sopa de betabel. Le respondí que eso no era posible, que a mi hijo no le gustaba. Ella abrió los ojos, sorprendida, y me dijo que nunca había visto a un niño tan fanático: siempre pedía más, y para él, dos o tres platos eran lo normal. Al salir, le pregunté a mi hijo cómo era posible. Y él, muy tranquilo, me respondió que sí, que en el jardín sí la comía, y que si ya la comía allá, ¿para qué quería más en casa? Como las sopas que preparábamos en casa eran distintas a las del jardín, nunca notamos la diferencia. © evakaby / Pikabu

A veces, un solo día en el jardín de niños se convierte en toda una historia familiar. ¿Y a ustedes les ha pasado algo parecido? Cuéntenlo en los comentarios.

Lee también:

Imagen de portada Polina Voronina / Dzen

Comentarios

Recibir notificaciones
Aún no hay comentarios. ¡Puedes ser el primero!

Lecturas relacionadas