15 Personas recordaron las experiencias más bochornosas que tuvieron en un empleo

Historias
Hace 1 semana

Hay algunas experiencias en la vida que seguramente recordamos pensando: “¡Cómo me libré de eso!”. Esto también sucede cuando, por azar, toca convivir con jefes, compañeros de trabajo o clientes desagradables, que logran que cualquier empleado quiera tomar sus cosas y salir corriendo para nunca volver. Y todo gracias a la tremenda falta de respeto de la que fueron objeto en su lugar de trabajo.

  • Mi jefe era conocido por ser “tacaño”. Un día de invierno intenso, la calefacción estaba nuevamente inaccesible. Éramos temblorosos empleados que tratábamos de acomodar libros usando guantes. Le dije que hacía demasiado frío para concentrarse en el trabajo. Su respuesta fue ir a la oficina y volver con un suéter viejo y harapiento del tamaño de una casa. Lo revoleó hacia mí, que estaba del otro lado de la sala, y ordenó ponérmelo. Él fue el mismo tipo que tiempo después pintó todas las ventanas para que no perdiéramos el tiempo mirando hacia afuera. ¡Increíble! © NecessaryImmediate93 / Reddit
  • Trabajaba en una escuela como maestra. Cerca de un feriado largo, mi padre tuvo un derrame en la pleura y necesitó ser internado. Como la internación era en otra ciudad, tuve que faltar al trabajo para acompañarlo. Telefoneé a la escuela para contar lo que había sucedido y avisar que iba a ausentarme. Esto fue el viernes feriado. Cuando volvimos el jueves siguiente, fui a entregar el justificativo y la secretaria de dirección me dijo que no era válido, que tendría que haberlo entregado el viernes. Ella actuó de mala fe, pues sabía que no tenía forma de hacérselo llegar. Además, tampoco me dijo que podía enviar una foto de este a través de un mensaje de celular. Después de un tiempo, renuncié. © Rachel B. Daga/Facebook
  • Trabajé en dos escuelas de música y fueron experiencias horribles. En la primera, siempre pagaban con retraso y de forma incompleta, faltando 20 o 50 USD. El jefe alegaba que los padres de los alumnos no pagaban las mensualidades. Un día nos faltaron 175 USD y fui a preguntar el motivo. Me informaron que uno de los padres no había pagado, pero la alumna siempre acudía a clases. Recibí el pago y pedí la renuncia. El jefe me insistió para que continuara trabajando 15 días gratis, hasta que él consiguiera a otro profesor. Le dije que no y cerré el contrato. El coordinador pasó meses colmándome la paciencia para que volviera. Descubrí que, con mi renuncia, parte de los alumnos se habían ido de la escuela porque no les gustaba cómo el nuevo profesor les enseñaba. En la segunda institución, la coordinadora quería exclusividad para que diera clases. Un día sufrí una intoxicación alimentaria y ella se enojó bastante, diciendo que a los alumnos no les importaba si yo estaba enfermo o no. Me dijo que tomara algún medicamento y volviera al trabajo. Con el tiempo, comencé a dar clases particulares, y actualmente gano diez veces más de lo que recibía en las dos escuelas. © Lira Silva/Facebook
  • Tuve un jefe que me amenazaba. Quería mostrarles a mi novio y a mi familia las imágenes de la cámara de seguridad donde se veía que yo estaba conversando con un colega del sexo opuesto. Quería hacerlo para arruinarme y obligarme a vender más. Terminaron despidiéndolo. © Zealousideal_Ice_775/Reddit
  • De tanto trabajar gratis para otros, prometí que iba a dejar de ser tonta y que no iba a trabajar más sin recibir nada. Aquí, en mi ciudad, hay empresas que ofrecen un período de prueba, pero es la mayor mentira. Te usan y no te pagan. Trabajas mucho y, al final, sales peor de lo que entras. Pasé algunas veces por esa experiencia, y desde que estuve un mes en un kínder solo para obtener 80 USD, decidí estudiar para vender cosméticos por cuenta propia. El tiempo pasó, hace nueve años que me gradué y todavía tengo a mis clientes fieles. © Aline Pinheiro/Facebook
  • Trabajé en una empresa de impresoras muy conocida, donde algunos colegas y yo, hombres y mujeres, éramos técnicos del área de impresión. Las empresas que alquilaban las impresoras solicitaban empleados para que se quedaran en el local todo el tiempo. Mi supervisor nos decía descaradamente: “No acepto mujeres en el área de IT, su sitio es en casa”. Imaginen cómo era trabajar en un ambiente así. Cuando me embaracé, ese supervisor me llamó en privado para decirme que tendría que haber pedido permiso para embarazarme, pues atrasaba a todo el equipo y los desconcentraba con mis problemas de embarazo. Hasta mi licencia por maternidad trabajé el doble, pues él no les decía nada a los hombres, quienes miraban series en horario de trabajo, mientras una colega y yo corríamos por el área de impresión. Todavía se sintió ofendido cuando encontré otro trabajo y pedí la renuncia. Me llamó a casa diciendo que le haría falta y que, por favor, considerara volver. La mejor cosa que hice fue salir de ese ambiente tóxico. © Isabel Fernanda dos Santos/Facebook
  • Del infierno al paraíso en menos de tres años. Trabajaba en una escuela de informática, y los jefes y supervisores eran tan ruines que desarrollé algunos problemas de salud. Cierta vez, estuve una semana internada, y la supervisora me llamó al cuarto del hospital para preguntarme cuándo pretendía volver. Ni se tomó el trabajo de preguntarme cómo estaba. ¡Sucedían tantas cosas malas en ese lugar como para escribir un libro! Lloré de emoción cuando finalmente me despidieron. Enseguida conseguí un empleo en una agencia de publicidad, y el jefe era fantástico. Mi abuela falleció durante el horario de oficina, y quien nos llevó a mi madre y a mí a su casa fue mi jefe. Lo lamenté cuando pedí la renuncia para abrir mi propia empresa, pues me gustaba trabajar con ellos. Entretanto, los problemas que había en el otro empleo maléfico continúan hasta hoy. Ni siquiera en mis pesadillas volvería a trabajar allí. © Grey Giotto/Facebook
  • Una vez, fui contratado para trabajar solo en una tienda como vendedor, donde ganaba el salario mínimo, sin comisión alguna. Era de domingo a domingo con un único día libre a la semana. Tenía apenas 30 minutos para almorzar y no podía cerrar la tienda durante ese tiempo. Si quería, tenía que comer allí, en la tienda, sin siquiera cerrar la puerta. Siempre coincidía que, cuando comenzaba a almorzar, independientemente del horario, la tienda se llenaba de clientes preguntando sobre todo y queriendo comprar todo, haciéndome desistir de la comida. Fue así por mucho tiempo. Hasta que el dueño, lucrando mucho conmigo, decidió abrir una segunda tienda, al lado de la primera. Así lo hizo, y contrató a un amigo suyo para atenderla. La diferencia era que el amigo sí cobraba comisión. Como era de esperarse, también acostumbraba a llegar todos los días con al menos una hora de retraso, sin recibir ninguna advertencia. A la hora del almuerzo, ignoraba las normas, cerraba la tienda y se iba a comer fuera, por lo menos, una hora y media. Volvía y cada 10 minutos salía, diciendo que iba a algún lugar. Las tiendas eran de segmentos y precios semejantes, como si fueran competidoras. En promedio, yo vendía 5 veces más que la otra. Cuando llegó la crisis, el jefe tuvo que cerrar una de ellas. Cerró la menos rentable, en la que trabajaba su amigo. Mientras tanto, me despidió para colocarlo en mi lugar. Cuando le discutí cuál era la lógica de eso, porque yo estaba vendiendo mucho más y sin comisión, me respondió que yo no tenía una amistad con él, como el otro, que podía probar lo amigo que era pidiendo la renuncia. Así, si él no me despedía, no tendría que desembolsar mi remuneración. Al final, viendo que me resistía, me despidió. Sin embargo, no me pagó lo acordado hasta hoy, y el problema ya está en la justicia, a paso de tortuga, pues él alegó que la empresa estaba en quiebra y no tenía cómo pagarme. Y la empresa realmente está en quiebra gracias al empleado “amigo”. © Alexandre Flotti/Facebook
  • Trabajé en una pequeña tienda de ropa, y la dueña daba vueltas por allí todo el día. Cuando no estaba, nos vigilaba por las cámaras, a través de una aplicación en su celular. Todo lo que hacíamos, nos preguntaba si lo habíamos hecho, y dudaba de todo. Una vez, una clienta devolvió un short, que fue ingresado en el sistema de nuestra tienda. La jefa quiso que revisáramos el stock para encontrar el short; ella misma lo fue a buscar, alegando que tenía que aparecer de cualquier forma. Al final, el pantalón estaba en otra tienda que ella tenía, donde lo habían ingresado, pero no lo habían traído a la nuestra. Lo peor fue que no nos dijo que lo había encontrado, sino que lo supimos por las vendedoras de la otra tienda. Esta fue una de las cosas, entre otras, que me agotó. Cuando renuncié, le dije que el motivo de mi renuncia era ella. © Raquel Lara/Facebook
  • Una amiga trabajaba como cajera en un supermercado. Estaba en la caja rápida, que era para pocos productos, pero un día, una clienta insistió en pasar con el carrito repleto de compras. Cuando le avisó que no podía usar esa caja, la clienta gritó y llamó al gerente. Al llegar él, le dijo a mi amiga: “Tendrías que haber ayudado a la señora, pues el cliente siempre tiene la razón”. Ella le explicó que la fila era larga, y que podría haberle cobrado, sí, pero la regla era de apenas diez ítems, y la clienta llevaba muchos más. El gerente la envió a la oficina a firmar una advertencia por haber, según él, maltratado a una clienta. Ella renunció en ese mismo momento después de cinco años de trabajar allí. © Josiane Souza Alves/Facebook

Como muestras las historias anteriores, los empleos y algunos jefes, no ponen a prueba solo nuestras capacidades profesionales o conocimientos, sino que también parecen hacer experimentos con nuestra paciencia y aguante. Eso sí, les daremos un punto a favor, y es que podrían servir de inspiración para cualquier serie o película.

Imagen de portada Josy Kreissl/Facebook

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