13 Mentiras que se derrumbaron cuando un detalle lo arruinó todo

Tres mamás y una niña: así empieza una historia real que parece sacada de una novela, pero sucedió en Argentina. María y Guillermina, dos amigas que jamás pensaron en formar una familia juntas, terminaron compartiendo la maternidad de Alma junto con su madre biológica. Entre trámites legales, dudas y mucho amor, construyeron un hogar que desafió estereotipos y mostró que la adopción no tradicional también puede ser un acto de valentía y esperanza.
María y Guillermina se conocieron en 2014 trabajando como profesoras en una escuela de Neuquén, Argentina, y pronto se hicieron amigas. Durante un viaje de fin de curso, María comentó que se había inscrito en “Familias Solidarias”, un programa de acogida temporal del Ministerio de Gobierno de la Provincia del Neuquén para niños que por alguna razón no podían estar bajo el cuidado de sus padres. Su idea inicial era recibir a una adolescente por unos meses, pero el plan cambió cuando les ofrecieron cuidar a Alma, una bebé de apenas un año y tres meses. Aunque Guillermina solo estaba como testigo, la psicóloga del programa propuso incluirla también, y así las dos comenzaron el proceso sin imaginar lo que vendría.
Alma llegó a la casa de María y, al principio como amiga, Guillermina comenzó a ayudar en el día a día. Sin pensarlo ya se encontraba viviendo cada ’primera vez’ junto a la bebé: la primera vez que se enfermó y las hizo pasar la noche en vela, la emoción de ver sus primeros pasos inseguros y la sorpresa de oír a la pequeña llamarlas ‘mamá’ y ‘mami’, lo que marcaría un vínculo que no había sido planificado. Fue la propia niña quien eligió a sus madres, y esa elección se convirtió en el cimiento de una familia que no necesitaba etiquetas para ser real, bastaba el amor.
Lejos de apartar a la madre biológica, quien no la podía cuidar de ella por tener problemas de salud mental, ambas decidieron integrarla en la crianza de Alma. A pesar de su estado, la madre siempre mostró amor por su hija, y con apoyo pudo seguir siendo parte de su vida. Juntas compartieron cumpleaños, salidas al río, visitas al jardín y encuentros familiares. Incluso incluían a la hermana biológica de Alma, quien vivía con un familiar. Para las chicas, mantener los lazos de Alma era imprescindible. Y así, sin darse cuenta, se habían convertido en una familia ensamblada y atípica, pero sólida: tres mujeres unidas por la crianza de una niña que nunca dejó de sentirse amada.
Después de más de dos años como familia de tránsito, el corazón de María se encogió. Era la noticia que más temía: Alma debía ingresar al sistema de adopción y podrían perderla. Según las estadísticas de la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DNRUA), más del 83% de niños en disponibilidad adoptiva tienen la edad de Alma. Felizmente, la madre biológica manifestó su deseo de que su hija se quedara con ellas. Ante la jueza, contaron su historia y mostraron el lazo construido con la niña. Alma incluso participó, y lo que la magistrada vio fue simple: una niña feliz. Con esa certeza, decidió no romper la red de amor y les permitió seguir juntas como familia, pues las estadísticas muestran que más del 70% de niños son adoptados por matrimonios.
Con el tiempo, la historia sumó un nuevo capítulo: Guillermina decidió recurrir a la inseminación artificial y tuvo un bebé, Luma, que se convirtió en el hermanito de Alma. Lejos de desarmar la dinámica, el nacimiento fortaleció aún más la red de cuidado y afecto. Hoy, la niña comparte juegos, rutinas y la alegría de tener un compañero de infancia, mientras las tres mamás continúan sosteniendo un modelo de familia que se expande sin perder su esencia: el amor elegido y compartido.
Esta es la historia de una familia real, y su testimonio ha sido compartido con el fin de inspirar, visibilizar nuevas formas de maternidad y reflexionar sobre la diversidad familiar. La historia de Alma y sus tres mamás nos recuerda que la familia no siempre responde a moldes tradicionales: a veces nace de la amistad, del coraje y de la elección cotidiana de cuidarse. Y tú, ¿con qué amiga o amigo te aventurarías a construir una familia diferente?