3 Teorías científicas increíbles sobre el espacio de las que no has oído hablar

Curiosidades
hace 7 meses

La constelación de Orión es la más brillante del cielo. También está en el cielo nocturno durante los meses de invierno, cuando está oscuro durante más horas. Esto hace que Orión sea la constelación más reconocible para casi todo el mundo. La mayoría de las estrellas no parecen moverse demasiado ni cambiar su posición en el cielo. Esto no se debe a que son estáticas. Es porque el Sol se mueve junto con ellas a unos 777.000 kilómetros por hora. Es un gran desfile orbitando juntas alrededor de la Vía Láctea. Las tres estrellas que forman el “asterismo”, o cuadro estelar, del cinturón de Orión han aparecido en la misma posición durante muchos miles de años. Existe la teoría de que los antiguos egipcios utilizaron las estrellas del cinturón de Orión como plantilla para la colocación de las tres pirámides de Guiza.

La estrella más brillante del cinturón de Orión es la del medio, llamada Alnilam. Ahí es donde se colocó la Gran Pirámide de Jufu, de 147 metros de altura. Al lado oeste de Jufu, y en alineación precisa con ella, se encuentra la pirámide de Kefrén, de 144 metros de altura. Ahí es exactamente donde la estrella Alnitak está directamente alineada con la estrella central brillante del cinturón. Al lado este de Jufu, donde la estrella más débil del cinturón de Orión, Mintaka, está ligeramente fuera de línea con las otras dos estrellas, se encuentra la pirámide más pequeña de las tres. Micerino tiene 65 metros de altura, y está ligeramente fuera de la línea de las otras dos pirámides. Este ejemplo sirve para ilustrar el profundo impacto que la constelación de Orión ha tenido en la historia de la humanidad. La figura de Orión, de tamaño heroico, inspiró a los antiguos griegos a crear una historia en forma de tapiz. En él participan otras 6 constelaciones repartidas por el cielo de invierno, primavera y verano. Veamos qué nos cuenta esta historia. Orión es representado como un cazador. En aquella época, la caza era algo importante: los cazadores proporcionaban alimentos. Así que esta constelación tiene mucho que ver: toda la cadena alimentaria, de hecho.

En el cielo, Orión se enfrenta a la constelación de Tauro, el toro. Pero Tauro no es un toro, sino un uro. Estos se extinguieron ya, pero antes abundaban en Europa. Con una altura de 1,80 metros y unos cuernos largos y puntiagudos, los uros eran criaturas poderosas y temibles. Hay una cueva en España que está llena de magníficas pinturas de estos. Estas datan de hace 15 000 años. Exquisitamente dibujadas con tintas que no se han desvanecido en el transcurso de 150 siglos, las protuberancias de la roca destacan en tres dimensiones como los músculos de los hombros de los uros. La constelación de Tauro, el uro, también está en la cueva, con los famosos cúmulos estelares “Las Pléyades” en su espalda y “Las Híades” en su hocico. En Internet hay una emocionante visita virtual a esta “Sala de los toros” llena de estos. Tal vez habría que rebautizarla como “Sala de los uros”.

Recientemente se recuperó la firma completa del ADN de un uro a partir de un esqueleto de este bien conservado. Y los científicos esperan volver a criar a estos animales. Buena suerte y buenos deseos para este intento de revivir una especie extinta. Aldebarán es la brillante gigante roja que marca el ojo de Tauro. Los toros, cuando se enojan, siempre tienen esa mirada de “sangre”. ¿Te hace preguntarte por qué la “diana” de un blanco de dardos o de tiro con arco es siempre roja? Mmm. Detrás de Orión está Leo, el león. Los leones no solo vivían en África en tiempos pasados. La “Sala de los toros” en España tiene una pintura de Leo, el león. Sí, los prehistóricos dibujaban las constelaciones del zodiaco. Pero esa es otra historia para otro momento. Orión se deshace tanto de Tauro como de Leo. Y entonces la historia se pone interesante. Orión afirma en su momento de triunfo: “Puedo vencer a cualquier animal que quiera”. Esta jactancia se convierte en el centro de este drama celeste cuando Gaia, o la Tierra, decide involucrarse.

Las palabras de Orión resuenan en todo el mundo. Puede que haya en la época de la prehistoria, en la que la civilización estaba cambiando de una sociedad tribal nómada de cazadores-recolectores a una sociedad agraria. Esta última desarrolló aldeas y ciudades hace 12.000 años. La población humana aumentaba y las reservas de alimentos disminuían. Había que hacer algo con Orión y todos los cazadores, o el desarrollo social se vería obstaculizado. Ahora, entra Gaia en la historia, pero no en el cielo. No hay ninguna constelación de esta. Gaia es la Tierra. Nacida sin padres directamente del Caos Elemental, ella era la personificación femenina de nuestro planeta. Y la propia palabra significa “tierra”.

Los genialocos pueden estar interesados en una teoría científica moderna que también personifica a la Tierra como un organismo vivo. Se llama “La hipótesis Gaia”. Apareció por primera vez en la década de 1970, y presenta a la Tierra como una biosfera, como si estuviera viva. La teoría afirma que todos los componentes del planeta funcionan juntos como un sistema dinámico totalmente interconectado. Esto se llama “simbiosis” o “sinergia”. Juntos, producen las condiciones ideales para la vida. Esta se adapta para regular la atmósfera en un 21 % de oxígeno, la salinidad de los océanos en un máximo de 24,7 % y las temperaturas planetarias en 14 ˚C.

Para ilustrar cómo la vida se adapta para mantener el control de los cambios en las temperaturas planetarias, los autores de la hipótesis Gaia crearon el planeta ficticio “mundo de margaritas”. Este está completamente cubierto de margaritas blancas y negras. Cuando el Sol se calienta demasiado, las margaritas negras empiezan a desaparecer, mientras que las blancas aumentan su población. La blancura de estas flores refleja la luz del Sol, y el planeta se enfría. Si el Sol no está lo suficientemente caliente, las margaritas blancas reducen su población, y el número de margaritas negras aumenta. ¡Las flores negras absorben la luz solar y el planeta se calienta! Esto es Gaia en funcionamiento. Es básicamente el mismo principio que creó el oxígeno y produjo la capa de ozono en la atmósfera. Esta ayuda a bloquear la dañina luz ultravioleta del Sol.

Los científicos han tardado en aceptar la hipótesis Gaia debido a la falta de pruebas convincentes. Pero hoy en día, disponemos de supercomputadoras de inteligencia artificial con capacidad de autoaprendizaje. Probablemente puedan hacer posible la integración de los sistemas biológicos y geológicos de la Tierra. De este modo, podríamos obtener una imagen clara de cómo funciona el planeta como una BIOSFERA autosuficiente. ¡¿No sería eso algo?! Ahora, podemos volver a la historia de Orión y ver cómo Gaia se encargó del problema que el alarde de Orión creó para el planeta. Obviamente, ella no podía enviar animales más fieros que un león o un uro para someter a Orión. Así que Gaia fue a lo pequeño. Eligió un escorpión venenoso para hacer el trabajo... y lo hizo. En verano, la constelación del Escorpión se arrastra casi a la misma latitud que el pie de Orión. Este puede ser un pequeño animal de la misma familia de arácnidos que las arañas y las garrapatas. Pero en el cielo, Escorpio es la 33.ª constelación más grande de las 88 que hay.

Existe una regla general según la cual cuanto más grande es una constelación, más tiempo hace que fue creada por los primeros observadores de estrellas. Tenían la posibilidad de elegir las estrellas que más les interesaban. Así que primero crearon las grandes constelaciones y después las pequeñas (si fueras el primero de la fila en una cena tipo bufé, ¿no tomarías grandes porciones y dejarías que el final de la fila se quedara con las sobras? Piensa en el pastel de chocolate... “Solo tomaré un trocito...”. Ja, no lo creo). En esta historia de Orión, tenemos una colección de grandes constelaciones conspicuas, como Leo, Tauro, Orión y Escorpio, lo que confirma la gran antigüedad de la historia. Tres constelaciones más pequeñas, Lepus, la liebre, Can Mayor y Can Menor, los dos perros de caza de Orión, completan el tapiz estelar de Orión y añaden una interesante subtrama.

Lo que tenemos entonces es una fábula de dos cosmovisiones o cosmologías diferentes: la de Gaia y la de Orión. Una es femenina y la otra es clásicamente masculina. Una está comprometida con la dominación del mundo natural: es el arquetipo de Orión. La otra está comprometida con la supervivencia del planeta contra toda circunstancia, esa es Gaia. Los dos pueden parecer opuestos, pero quizá están destinados a ser complementarios. Mira, Orión y el Escorpión están en los lados opuestos del cielo; uno en invierno, el otro en verano. Actúan como dos polos, norte y sur, del mismo imán: nuestro planeta. Esto es lo que vemos que ocurre hoy en día. La ciencia y la tecnología son cada vez más sensibles al entorno natural. Miríadas de satélites vigilan la biosfera de la Tierra. Gaia y Orión están empezando a trabajar juntos hacia lo que los antiguos griegos llamaban “Kalokagathia”, o “armonía”. Es lo que llamamos “sinergia” y “simbiosis” hoy en día. Mantengamos esa sinergia con fuerza.

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