Barbra Streisand transformó las carencias de su niñez en una carrera que traspasó las generaciones

Historias
hace 1 año

Barbra Streisand es un ejemplo perfecto de una mujer que logró el éxito a pesar de los obstáculos que tuvo que enfrentar. Tal vez incluso se podría decir que su suceso se debió en gran parte a esos obstáculos. El 24 de abril, la diva cumplió 81 años y como homenaje, queremos contarte un poco de su historia, que nos hace admirarla aún más.

La niña con buena voz, pero sin padre

Barbra nació en Brooklyn, Estados Unidos, a principios de los años 40, en una familia judía. Desafortunadamente, perdió a su padre cuando era demasiado pequeña como para guardar recuerdos de él. Diana Ida Rosen trabajaba como secretaria en una escuela y allí conoció a Emanuel Streisand, un profesor de gramática y literatura, con quien finalmente se casó.

Después del nacimiento de su primer hijo, Sheldon, llegó la niña, a la que llamaron Barbara (más tarde ella se quitaría una “a” para su nombre artístico). Sin embargo, cuando Barbra tenía solo 15 meses de edad, Emanuel murió trágicamente después de sufrir un ataque de epilepsia. La familia quedó devastada y Diana, junto con sus dos hijos, se mudó a la casa de su madre.

Barbra Streisand le contó a Oprah Winfrey que en la escuela se la conocía como “la niña que tenía buena voz y no tenía padre”. Emanuel fue una ausencia constante en su vida, incluso en las decisiones más difíciles de su carrera. “Le pregunté a mi madre por qué nunca me habló de papá, y me dijo que no quería que lo extrañara”.

En cambio, la presencia que la marcó durante toda su vida fue la de su madre: una mujer que quedó tan rota por la muerte de su esposo que la crio sin ningún tipo de afecto y que se convirtió en su crítica más feroz.

Una madre celosa y un padrastro indiferente

Streisand ha hablado abiertamente sobre la falta de apoyo que recibió de su madre y de su padrastro cuando era joven. En una entrevista con el New York Times, recordó cómo su madre le dijo que no era lo suficientemente guapa y que sería mejor que se convirtiera en mecanógrafa. Streisand también reveló que no le gustaba cantar frente a su madre porque siempre la avergonzaba. “Otras personas alababan mi voz, pero mi madre decía: ’No es lo suficientemente buena, no es fuerte’”, confesó.

Además, Barbra habló sobre el trato poco amable que recibió de su padrastro, Lou Kind, quien nunca la quiso y la hizo sentir como si fuera un ser horrible cuando era solo una niña: “Traté de hacer que le gustara por un tiempo. Intenté llamarlo papá y le traía las pantuflas por la noche cuando llegaba. Me agachaba boca abajo y gateaba para no caminar frente al televisor mientras él veía la lucha libre. ¿Pero conseguí agradarle? De ninguna manera”. Estas experiencias han influido en la vida de Streisand y la han llevado a ser una defensora de la autoestima y la confianza en uno mismo, y a luchar contra los estereotipos de belleza en la industria del entretenimiento.

Tal vez a causa de haber enviudado tan de repente, Diana veía a su hija a través de la frustración: antes de convertirse en secretaria, ella misma había sido soprano, pero era demasiado tímida para cantar en público. Durante una entrevista, se le preguntó si su madre podría haber estado celosa de su carrera y ella respondió afirmativamente: “Sí. Y fue algo sorprendente descubrirlo. Nunca me elogió directamente, pero tengo la sensación de que lo hizo con otras personas. A ella no le gustaba el contacto físico, nunca me abrazó ni me dijo palabras como ’te quiero’. Simplemente, no podía complacerla, pero le debo mi carrera”, reconoció la cantante.

Barbra recuerda que de pequeña, cuando su padre ya había muerto, vivían con sus abuelos. Ella y su madre dormían en la misma cama y su hermano mayor, en un catre. Ni siquiera tenían sala de estar. Entonces, su madre la envió a un campamento que odiaba. Cuando la fue a buscar, había un hombre en el auto junto a su madre. Así se enteró de que se había vuelto a casar y que tendría una hermana, Roslyn.

A modo de consuelo, Barbra se sentaba en los pasillos de su vecindario y cantaba. La invitaban a cantar en bodas y campamentos, pero fue recién a los 13 años cuando su madre la dejó grabar una cinta con algunas canciones. A los 16 años, ya vivía sola y buscaba su lugar en el mundo del entretenimiento primero como actriz, pero a menudo le decían que era demasiado fea y que debía operarse la nariz. Fue a los 18 años cuando Barbra se presentó para cantar en un club nocturno y de camino pensó: “Este podría ser el comienzo de un gran cambio en mi vida”. Y así fue, pues desde entonces su carrera no paró de ascender.

A pesar de la frialdad con la que su madre la trataba, cree que sí la amaba, a su manera: “Estoy segura de que me amaba de la manera que sabía. Para ella, el amor era darme comida. Ella no me animó a convertirme en actriz, tal vez no quería que experimentara el rechazo. Ella nunca pensó que lo lograría”. Sin embargo, Barbra Streisand supo convertir esta parte negativa y triste de su vida en algo positivo, y agradece: “Hoy puedo mirar hacia atrás y decir ’gracias, mamá, porque si hubieras creído en mí, probablemente no habría llegado a ser lo que soy hoy, porque no habría tenido que buscar tu aprobación’”.

Ninguna de esas situaciones tan tristes afectó su determinación de convertirse en una estrella. Es posible que superar cada uno de esos conflictos le haya otorgado la fuerza necesaria para encontrar el amor verdadero y llegar a ser una de las mujeres más destacadas en la industria del entretenimiento. Sus logros son extraordinarios. Barbra es una cantante, actriz y directora estadounidense. Ha tenido una carrera que abarca más de seis décadas y ha tenido éxito en múltiples campos del entretenimiento. Es una de las pocas artistas que han sido galardonadas con un Emmy, un Grammy, un Óscar y un Tony. Todo conseguido a base de perseverancia y talento. Un talento que ha logrado brillar intensamente dejando atrás la indiferencia y el desprecio.

Imagen de portada barbrastreisabd / Instagram

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