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En Genial.guru te revelamos por qué la mayoría de los podólogos no recomiendan el uso continuado de las chanclas, y cómo pueden dañar a tus pies.
El uso de chanclas provoca que estiremos la fascia plantar, causando la inflamación de esta, y, provocando dolor debido al impacto constante de la planta de nuestro pie contra el suelo.
La suela de la chanclas no suele tener mucho grosor, generalmente son planas. La fina goma que compone la suela de este calzado es incapaz de amortiguar el impacto contra superficies duras, lo que provoca lesiones en los pies, las rodillas, la espalda o la cadera generalmente.
Cuando llevamos chanclas, la parte superior de nuestro pie está completamente expuesta al sol. Normalmente se nos olvida echarnos protector solar en el empeine antes de salir, lo que puede provocar quemaduras solares.
Esta tensión la producimos sin darnos cuenta cuando encojemos los dedos para sujetar la chancla mientras caminamos. El esfuerzo extra al caminar puede ocasionar tendinitis y otras molestias musculares en el pie.
Tener el pie completamente expuesto, hace que sea más fácil que le podamos causar algún daño, como golpes en las uñas o cortes. Son muchas las veces, sobre todo cuando estrenamos el calzado, que la chancla nos provoca ampollas o roces. Estas pequeñas heridas se pueden infectar, y convertirse en un problema mayor si no se curan adecuadamente.
Cuando llevamos chanclas, nuestros pies están prácticamente en contacto con el suelo, lo que hace que podamos contraer infecciones debido a la suciedad y las bacterias que se encuentren en las superficies que pisemos.
Limítate a utilizar las chanclas sólo en ocasiones determinadas, como acudir a la playa o piscina, salir de la ducha o realizar un trayecto muy corto. Si realizamos mucha actividad con chanclas, el calor, el roce de las sujeciones, y las posibles ampollas, podrán terminar creándonos dolor e infecciones.
Hay que fijarse en que sean de calidad, que estén fabricadas con buenos materiales, y que la goma amortigüe bien la pisada. Es mejor escoger las que llevan sujeciones al tobillo para evitar posibles torceduras. Si tienes opción, elige suela antideslizante para evitar posibles caídas y resbalones. También es importante que las revises de un año para otro, ya que pueden no estar en buenas condiciones y que te provoquen daños y molestias en los pies.
Las suelas anchas ayudan a que el pie amortigüe y no sufra tanto impacto. Para las mujeres son más beneficiosas si tienen un poco de alza, y no son totalmente planas (aproximadamente tres centímetros). Si buscas más comodidad, puedes escoger las que tienen suela ergonómica y mayor número de sujeciones.
No debes utilizarlas si tienes los pies planos, ya que el impacto será mayor. Además, el calor del suelo resentirá la planta entera de tu pie, provocándote dolor y molestias al caminar.
Como ya lo hemos mencionado, las chanclas vuelven los pies más susceptibles a cualquier infección u hongo. Y si ya tienes un pie lastimado o herido, ¿para qué arriesgarse más?
No utilices chanclas si vas a realizar alguna actividad o deporte. La poca sujeción y la exposición del pie, hacen que su uso sea peligroso para realizar ciertas prácticas. Limítate a usarlas cuando sea conveniente y no en situaciones que puedan dañar la salud de tus pies.
Los podólogos recomiendan hacer un uso ocasional y no diario de las chanclas, para evitar así estos posibles problemas. Y tú, ¿eres de los que no se quita este calzado durante todo el verano? ¡Cuéntanos!