Estás varado en el planeta Arrakis de “Dune”. ¿Podrás sobrevivir?

Curiosidades
hace 6 meses

Subes con esfuerzo por una empinada duna de arena, un pie delante del otro. No tienes aliento, estás agotado. Estás sudando demasiado, tu cuerpo comienza a apagarse. Sabes que no podrás aguantar mucho más tiempo.

Finalmente llegas a la cima de la duna. Frente a ti encuentras lo que no querías ver. Es tan horrible que tardas unos segundos en asimilarlo. Se extiende hasta el horizonte, es literalmente un mar... de interminables dunas de arena. Estás varado. Solo. Perdido. Lejos de la salvación, en el planeta Arrakis.

No hay nada más impresionante que los fantásticos mundos creados por la ciencia ficción, desde planetas de hielo hasta selvas exuberantes y luminiscentes. Si bien este planeta en particular solo existe en el espacio exterior literario y cinematográfico, Arrakis no es un lugar al que querrías llevar a tu familia de pícnic.

Para aquellos que no hayan visto la película Dune, que se estrenó en 2021, no se preocupen, no la “spoilearé”. Puede que tampoco conozcas la versión de 1984 ni la miniserie del año 2000, ni los muchos juegos de computadora, ni las seis novelas de su creador original, Frank Herbert. Sin embargo, de seguro sabes que gran parte de la acción de Dune transcurre en el planeta desértico de Arrakis. Allí no hay robots simpáticos, sino duras temperaturas y, en algún lugar bajo las dunas, gusanos de arena gigantes. Y cuando digo gigantes, quiero decir ridículamente gigantes. Pueden llegar a medir hasta 425 metros de largo, un tercio más que la criatura más grande de la Tierra, la ballena azul.

Los científicos querían saber si la gente podía sobrevivir en un planeta de interminables dunas de arena, pero, antes de hablar de lo que hicieron, averigüemos un poco más sobre este lugar. Arrakis ya está habitado por un pueblo conocido como los fremen. Son nativos del planeta y se han adaptado para sobrevivir a sus severos paisajes desérticos. Crearon un traje de cuerpo entero especialmente diseñado para preservar la humedad natural del cuerpo, como el sudor. Filtra las impurezas y las deposita en unos contenedores en forma de agua potable. Imagino que no tendrá un sabor increíble, pero al menos te mantendrá con vida. Un traje en buenas condiciones permite que el usuario sobreviva en el desierto abrasador durante semanas.

Si tú o yo apareciéramos en Arrakis (o a cualquier clima desértico), ¿qué pasaría? Todo depende de la temperatura. Obviamente, cuanto más calor haga, más duro será el impacto en el cuerpo. La primera etapa de la deshidratación es la sed, que tiene lugar después de haber perdido un 2 % del peso corporal. En ese momento, comenzarás a sentirte... no muy bien. El agua constituye entre el 60 y el 70 % del cuerpo humano. En un ambiente muy cálido, puedes perder hasta 1,5 o 3 litros de agua por hora. Empezarás a sudar menos y tu temperatura corporal aumentará. Tu sangre se volverá más espesa y te costará más mantener los niveles de oxígeno. Tu ritmo cardíaco también aumentará. Empezarás a sobrecalentarte como un auto viejo, lo que te cansará aún más y te traerá problemas para realizar cualquier tarea.

Una vez que hayas perdido el 4 % de tu peso corporal, aparecerán los desmayos. Llegados al 7 %, los órganos comenzarán a fallar. Ya te das una idea. Es una pena que no tengas uno de esos trajes. Por suerte, el cine no nos transporta físicamente a un lugar como este, así que podemos sentarnos cómodamente a comer palomitas y terminar una gran bebida. Ver películas ambientadas en el desierto siempre me da mucha sed.

Hay un grupo de científicos británicos del clima que deben ser fanáticos de Dune, porque decidieron explorar este planeta en su tiempo libre por diversión. Construyeron un modelo climático digital en 3D de Arrakis. En primer lugar, recopilaron todos los datos sobre el planeta que pudieron encontrar. Recurrieron al sitio web de los fanáticos de Dune y a la increíble Enciclopedia Dune, un libro con miles de referencias de múltiples fuentes que tardó ocho años en ser compilado.

Así, aprendieron que la atmósfera de Arrakis se compone de nitrógeno y oxígeno en cantidades suficientes como para que exista vida humana. Es un buen comienzo. La superficie del planeta se compone casi en su totalidad de desiertos secos. Sin embargo, también existen cadenas montañosas que albergan las limitadas formas de vida autóctonas, como los freman. Los gusanos de arena gigantes que habitan el planeta también contribuyen a su ecosistema único. Su funcionamiento interno es como el de un alto horno: producen un calor intenso y, a su vez, suministran oxígeno a un mundo casi sin plantas. Pero no te metas en su camino si salen a dar un paseo de domingo.

En las profundidades de las montañas hay reservas de agua. También hay pequeñas cantidades de agua en forma de vapor en la atmósfera. Esta agua se recolectada a través de trampas cazadoras de viento. Las regiones polares tienen un clima más suave y son más hospitalarias para los humanos si las comparas con los vastos y desolados páramos de dunas. Esas regiones hacen de Arrakis un planeta relativamente habitable. En teoría.

Para averiguar si su geografía y sus medioambientes eran físicamente posibles o simplemente un conjunto de ideas ficticias, los científicos tuvieron que recurrir a un modelo climático. Afortunadamente, esa tecnología ya existe. Se utiliza para predecir el tiempo y otros factores climáticos. Los científicos transmitieron al modelo todo lo que sabían sobre Arrakis, incluida la órbita del planeta y la composición de su atmósfera. De hecho, es similar a la de la Tierra, aunque con algo menos de dióxido de carbono. La mayor diferencia es que Arrakis tiene una concentración de ozono mucho mayor, un 0,5 % de su atmósfera, frente a un escaso 0,00006 % en la nuestra.

Hizo falta una supercomputadora gigante para procesar tantos datos complejos, e incluso así tardaron unas tres semanas en obtener los resultados. Pero la espera valió la pena.

Lo que descubrieron fue que, en los meses más cálidos de Arrakis, la temperatura alcanzaría unos 45 °C en los trópicos. Durante los meses más fríos, el clima no bajaría de los 15 °C. No es muy diferente a la Tierra.

A pesar de ello, las temperaturas más extremas tendrían lugar en las latitudes medias y en las regiones polares. Mientras que los veranos podrían alcanzar los 70 °C, cosa que coincide con el libro, los inviernos serían igual de extremos, pasando de −40 °C en las latitudes medias a −75 °C en los polos, temperaturas aún más frías que las de Alaska.

¿Cómo es posible? El modelo mostró que las regiones polares de Arrakis tienen una humedad atmosférica mucho mayor y una cobertura de nubes elevada, lo que aumentaría la temperatura, dado que el vapor de agua es considerado un gas de efecto invernadero.

El libro también menciona que hay casquetes polares en el hemisferio norte. A pesar de ello, el modelo reveló que las temperaturas del verano derretirían cualquier hielo polar. Además, no habría nevadas que reemplacen los casquetes de hielo en invierno. Así que olvídate de tener vacaciones de invierno con nieve.

Otra disparidad es que en Arrakis nunca llueve. Una vez más, el modelo dice lo contrario y demuestra que habría lluvia, aunque solo en pequeñas cantidades. La lluvia tendría lugar en verano y otoño, y se limitaría principalmente a las montañas y las mesetas. También habría nubosidad en las latitudes polares y en los trópicos.

Entonces, los científicos plantearon la pregunta que todos querían saber: ¿realmente podríamos sobrevivir en Arrakis?

En términos realistas, los trópicos serían el lugar más adecuado para nosotros. Sin embargo, en el mundo de Dune, la mayoría de las personas viven en las latitudes medias, donde tienen lugar las temperaturas más elevadas. No es lo más inteligente. Las temperaturas medias mensuales estarían entre los 50 y los 60 °C, algo letal para los humanos, incluso con los trajes especiales. Si bien el cuerpo se mantendría más fresco de acuerdo con el diseño del traje, la piel seguiría estando expuesta al sol y al calor. No solo parecerías una langosta, sino que además te freirías. Auch.

La vida fuera de los trópicos durante el invierno también sería imposible sin tecnología. Las ciudades serían azotadas por las condiciones extremas tanto en invierno como en verano, condiciones similares a regiones intensas de la Tierra, como Siberia, que tiene inviernos brutales. No son los mejores lugares para construir ciudades.

Sin embargo, nadie podría culpar a Frank Herbert, que falleció en 1986. Su primera novela de la saga de Dune se publicó en 1965, aunque ya había comenzado a pensar en ella a finales de los cincuenta. Había visitado las dunas de Oregón y quedó fascinado por su movimiento. Se dio cuenta de que, de no ser por algún tipo de vegetación o por las pasturas que el Departamento de Agricultura intentaba introducir, la arena podría desplazarse a distancias increíbles. Y con una fuerza como esa, podría tragarse carreteras, lagos y hasta ciudades enteras.

Todo esto ocurrió años antes de que un hombre llamado Syukuro Manabe publicara el primer modelo climático del mundo en 1967. En 2021 (el mismo año en que llegó a los 90), Manabe compartió el Premio Nobel de Física por “la modelización física del clima de la Tierra y la certeza en la predicción del calentamiento global”. Admirable.

Considerando todo esto, Frank Herbert no estaba muy equivocado en lo que respecta a su fascinante planeta de Arrakis. Si bien no es estrictamente preciso desde el punto de vista científico, Arrakis es un planeta realista y los humanos podrían vivir allí. Solo tendríamos que asegurarnos de usar una gruesa capa de protector solar en verano.

La novela Dune ha vendido millones de ejemplares, y es considerada una de las obras de ciencia ficción más influyentes de todos los tiempos. Su hijo Brian, que también es escritor, retomó la labor de su padre en 1999. Junto al autor Kevin J. Anderson, han escrito muchas más novelas del universo de Dune. Su fascinante legado sigue con vida.

Si planeas visitar Arrakis, por favor, no vayas en verano. Y asegúrate de llevar un traje especial. El agua es muy cara.

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