20+ Situaciones en que la gente comprende que no podrá seguir viviendo como si tuviera 18 años

Historias
hace 3 años

Todos pasamos por una etapa en la vida en que todavía nos vemos tan jóvenes que nos piden los documentos de identificación si queremos entrar a una discoteca, pero ya nos empiezan a doler las piernas y la espalda por las mañanas. Esa misma etapa en que los demás se dirigen a nosotros tanto con un “joven”, o “señorita”, como con un “señor” o “señora”. Precisamente a esa edad, empezamos a notar que nuestra mamá ya no nos limita el tiempo que pasamos en la computadora y comenzamos a sospechar que ya no somos unos niñitos.

Genial.guru recopiló las historias de la gente que acaba de notar estas diferencias. Y fácilmente nos podemos imaginar en esas situaciones.

  • Tengo 34, me siento y me veo joven, sin dudas. Hace pocos días estaba paseando con el perro por mi barrio, la calle estaba desierta y solo había dos jóvenes de 20 o 30 años al lado de la tienda de la esquina. Entonces, uno de los jóvenes tomó una botella de vidrio y la arrojó al contenedor de basura imitando la actitud de un basquetbolista profesional. Claro que no le atinó, ya que el contenedor estaba bastante lejos, y la botella se cayó al suelo y se rompió contra el asfalto. Reaccioné, aunque solo me dio tiempo de agarrar a mi perrito y alejarme un poco. El joven, viéndome enojada, se inclinó muy dramáticamente y me dijo: “¡Le suplico que me perdone, por favor! No se enoje: ahora lo recojo todo, se lo prometo”. Ya me estaba alejando cuando de pronto escuché cómo el otro chico le decía: “¿Es que estás loco? Mira cómo has espantado a la señora”. ¡Qué tristeza me dio! © simplesam / Pikabu

  • Ayer uno de mis compañeros de trabajo fue a ver al doctor, tenía dolores en la espalda y se lo comentó al médico. Y el doctor le respondió: “Y usted qué quiere, si ya se está haciendo viejo”. Por si acaso, mi colega acaba de cumplir 43 años. © madalik / Pikabu

  • Hoy comprendí aquello de “tengo 30 y me duele el cuello porque anoche dormí en una posición incómoda”, y ahora no me da gracia. Hoy he despertado con un dolor tremendo en la mano y con un dedo hinchado. Lo que decía: si estás en tus treinta, no puedes despreocuparte ni estando en la cama. Puede ser que duermas tranquilo y al despertar tengas que ir al hospital. Resultó que mientras dormía, de algún modo me hice una lesión y ahora tengo distensión ligamentosa, entre otras cosas.

  • Al sentarme, me crujió algo en la rodilla. Me estoy haciendo vieja. © ddreambloww / Twitter

  • Hace tres días me sucedió algo terrible. Pero comenzaré desde el inicio. Una de mis amigas, que es menor que yo, me comentó una vez que las chicas, después de terminar los estudios universitarios, empiezan a llevar una vida sedentaria en la oficina, y por esa razón tienden a ganar peso. Como ella teme mucho engordar, empezó a practicar deporte. Bueno, no era algo especial para mí, ya que yo llevo muchísimos años practicando deporte a diario: gimnasia, bailes deportivos, etc. Pero últimamente no he realizado mucha actividad física. Hace algún tiempo me puse a ver series, acompañándolas, claro, de cafecito y chocolatitos. Y hace tres días que me di cuenta de que ahora se me nota bien la barriga: me estoy haciendo panzona. ¡Qué horror! Ahora vuelvo a practicar deportes.
  • Esto me pasó ayer en una de las tiendas de mi barrio y me impresionó mucho. Yo nací en el año 1990, pero tengo un aspecto joven, por eso siempre me piden mi credencial cuando voy a bailar. Cuando me acerqué a la caja, como siempre saqué mi credencial y se la enseñé al cajero. El cajero me miró atentamente y entablamos un diálogo bastante curioso: “Si usted nació en el año 1990, ¿para qué me muestra su documento?”. “Bueno, siempre me lo piden: me veo muy joven y ya estoy acostumbrado”. El cajero: “Pues ya puede empezar a desacostumbrarse, ya es hora”. Pues ahora me siento algo triste. © Elves6666 / Pikabu

  • Yo también tengo una historia. Tengo 24 años. Una vez íbamos con mi novio a la tienda y nos encontramos con una señora que se dirigió a mi novio diciendo: “¡Hola, Paco! ¿Qué tal? ¿Esta es tu mamá?”. ¡Ella se refería a mí! No se imaginan cómo me sentí. ¿Saben cuántos años tiene mi novio? Pues 23. © yfpfhjdf / Pikabu

  • Muchos han notado que cuantos más años tienes, más rápido empieza a correr el tiempo. Todavía soy joven, pero tengo toda la sensación de que entre la Navidad y las vacaciones de verano hay solo un mes, como máximo. El verano pasa en un instante, y ahí te encuentras sacando de nuevo la chamarra de otoño. Unos momentos más y de nuevo estás en Navidad. ¡No me da tiempo ni de disfrutar la vida! © Escuchado por ahí / VK

  • Cuando mis antiguas amigas de la escuela empezaron a tener hijos, yo pensaba: “Dios mío, ¡pero si todavía son muy pequeñas!”. Cuando a mi amiga de la universidad sus padres le regalaron un coche, yo pensé: “¿Cómo es que va a conducir? ¡Si todavía es muy joven!”. Cuando mis padres iban a conocer a mi novio, tenía la idea de: “¡Dios mío! ¡Van a entender que nos hemos besado!”. Y aquí la noticia que me dejó sin aliento: mi hermana de 22 años quedó embarazada. Y yo a mis 25 sigo sintiéndome una niña de 15 años de edad, como máximo, que todavía ni piensa sobre la boda, los hijos, las hipotecas. © Escuchado por ahí / Vk

  • Yo también pertenezco al club de niñas mayores de 30 años. ¿Conducir un coche? Es demasiada responsabilidad. ¿Tener hijos? Todavía soy muy joven. Mis hermanos menores tampoco están lo suficientemente grandes para tener familia propia. Aunque de lo último sí que no estoy tan segura: mi hermano tiene 20 y quién sabe qué es lo que se le va a ocurrir. © Anastasia Stovpets / Vk

  • Tengo 33. Apenas me corto el cabello, me empiezan a pedir el documento de identidad en las tiendas. Mientras no me corte el cabello, se empieza a ver que tengo canas, además del anillo de matrimonio, y nadie me pide la credencial. ¡Qué triste! © s8ar0g / Pikabu

  • Ya hace muchos años que yo llevo diarios. Siempre con la idea de que algún día voy a leerlos nostálgicamente. En fin, cuando empiezo a leer, siento tanta vergüenza que inmediatamente dejo el diario tirado en algún lugar oculto, solo para no sonrojarme de la vergüenza que me da la estupidez de lo que escribí. Bueno, cabe esperar hasta la vejez, a ver si en esos tiempos me dará más nostalgia. O puede que no. © Escuchado por ahí / VK

  • Me sucedió cuando estaba en 4.° año de Economía y Finanzas. Estaba haciendo una práctica en una empresa y me pasaba todos los días rellenando documentos en Excel. Cuando me quejé a mi amiga comentándole lo raro que me parecía que la gente se pasara toda la vida así, ella, que llevaba para aquel entonces un año trabajando de contadora, me respondió que sí, que lo único que podía hacer era acostumbrarme, que así era la vida adulta. Ese día comprendí que solo me quedaba un año de libertad, que así era la vida de los adultos. ¡No se imaginan el fastidio que me dio! Por suerte tuve la oportunidad de encontrar un trabajo más interesante en otra esfera. Ella también, ahora se dedica a hacer vestidos, que le salen maravillosos.

  • Yo me di cuenta de que ya era adulto cuando me empezaron a doler las articulaciones: es posible que ahora sea para toda la vida; cuando empecé a apoyar a mis padres; cuando en McDonald´s en vez de un vaso grande de Coca-Cola (más bebida a menor precio), pedí uno pequeño (para no tomar tanta azúcar); cuando los vecinos de 15 años me empezaron a “ustedear”. © Sergio А. / Yandex.Q

  • Lo que yo he notado: a medida que pasan los años, empiezo a disfrutar más de las cosas simples, tales como dormir bien unas 8 horas por la noche, comerme un desayuno sabroso, pasar el día al aire fresco, cuando no me duele nada. © iamchildeajax / Twitter

  • ¿Cómo supe que ya soy mayorcito? Cuando mi mamá dejo de limitarme el tiempo que paso en la computadora, y se olvidó de amenazarme con castigos. Cuando dejó de prohibirme los dulces; cuando no tuve que comerme las galletitas que amo a escondidas. Cuando empecé a ganarme la vida estando en el primer año de la universidad. Cuando saqué mi licencia de conducir y me compré mi coche. Aunque debo confesar que hasta el día de hoy (tengo 24), a veces me siento inseguro de lo que hago; en esos momentos dejo de sentirme adulto. © Antón Shusherin / Yandex.Q

  • Un día mi amiga y yo salimos del cine y se nos acercó una chica que se dedicaba a promover los servicios de una compañía de turismo. Nos explicó que se estaba realizando el sorteo de un viaje. Solo teníamos que tomar un papelito y raspar una parte, como en la lotería instantánea. Y esa vez nos tocó un premio. Entonces la chica me dijo: “Tiene que venir con su hija y su esposo a la oficina para tramitarlo todo”. En ese momento me dije: “¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué hija, qué esposo, de qué habla?”. ¡Resultó que la chica había pensado que mi amiga y yo éramos madre e hija! Ella se dedicaba a promover viajes familiares. Yo tengo 26, aunque me veo más joven; mi amiga tiene 20, y por su aspecto se puede pensar que es una adolescente. Me pregunté ese día si me veía tan mal. Mi amiga me comentó que no me preocupara, que ella había ido al hospital uno de esos días y le preguntaron dónde estaban sus padres. En el hospital pensaron que ella tenía 14.

  • Un día comprendí que me estaba tomando la vida en serio. Durante mi tercer año de la universidad, al asistir a una de las clases de inglés, entendí que era necesario. Necesario en primer lugar para mí, y no para los profesores ni los padres. Otro día, cuando se suspendió la clase por ausencia de la profesora, todos se alegraron mucho y yo sentía lástima de no tener la oportunidad de aprovechar ese tiempo para aprender algo más. Hubo otras situaciones, pero esas fueron cruciales. © Alena / Yandex.Q

  • Mi hija de 5 meses empezó a despertarse por las noches y no nos dejaba dormir con sus gritos. Al sexto día del desastre, comprendí que no había camino de regreso. No podía deshacerme del problema así de fácil, simplemente no podía abandonarlo todo y dejar a mi esposa a solas con nuestra hija, que para aquel entonces no paraba de gritar. Ahora tenía que dar la cara, apoyar y ayudar a mi esposa, además de ganar dinero. Empecé a leer mucho sobre los bebés, sobre cómo hay que cuidarlos. Así que ya no me quedaba tiempo ni para los videojuegos ni para dormir todas las horas que quería. © Theodore Vassiliev / Yandex.Q

¿A ti te ha pasado algo similar? ¿Alguna de las historias se parece a la tuya?

Comentarios

Recibir notificaciones

Lecturas relacionadas