“Pasé de tener el mejor día de mi vida a vivir el peor”, padre cría a sus 4 hijos después de la trágica muerte de su esposa

Historias
hace 7 meses

Erica y su esposo, Carlos Morales, esperaban ansiosos y emocionados el nacimiento de cuatrillizos, tres niñas y un niño. Deseaban tanto ser padres que se habían sometido a un tratamiento de fertilidad y ahora el día estaba a punto de llegar. En ese momento no podían siquiera imaginar que tamaña alegría podría ser empañada en un segundo, y derrumbar todo para siempre. Aquí te contamos la historia de Carlos, a quien hasta el premio al mejor papá del mundo le quedaría muy pequeño.

Carlos Morales y su esposa Erica esperaban con alegría el momento en que darían la bienvenida a sus cuatrillizos. Antes de que Erica diera a luz, Carlos la besó y le volvió a repetir cuánto la amaba, creyendo que sería el comienzo de los momentos más felices de sus vidas.

Sin embargo, esta escena idílica se convirtió en una tragedia irreparable. Morales, en una entrevista cuenta que ese fue el último momento en el que vio con vida a su amada esposa: “el mejor día de mi vida se convirtió en el peor”.

El 15 de enero de 2015, Erica entró en trabajo de parto. Llevaba 7 meses de gestación y tenía 36 años. Los médicos optaron por realizar una cesárea para asegurar el nacimiento seguro de los bebés.

Su esposo relata: “Estábamos llenos de emoción por formar nuestra familia, pero luego todo se derrumbó”. Los cuatro bebés, tres niñas y un niño, llegaron al mundo sin complicaciones. Sin embargo, tras dar a luz Erica sufrió un shock hipovolémico, una situación de emergencia caracterizada por una pérdida masiva de sangre. Trágicamente, falleció cerca de las 2 de la madrugada del 16 de enero, antes de tener la oportunidad de sostener a sus hijos con sus propios brazos.

Una historia de amor sin límites

Carlos y Erica se encontraron por primera vez en un club nocturno ubicado en Scottsdale, Arizona, en el año 2006. En aquel entonces, Carlos apenas hablaba inglés y Erica no conocía ni una palabra de español. Él, entre risas, relató: “A pesar de la barrera del idioma, me atreví a invitarla a bailar y sorprendentemente aceptó”.

Sin embargo, más adelante Carlos descubrió que Erica había perdido el papel con el número de teléfono que le había dado aquella noche. Afortunadamente, el destino intervino y, gracias a amigos en común, Carlos y Erica se volvieron a encontrar. Esta vez, no se separaron más.

Al año siguiente se casaron en Las Vegas y pronto comenzaron a intentar tener un bebé. La tarea no fue sencilla: Erica tuvo un aborto espontáneo y después de eso decidieron someterse a un tratamiento de fertilidad. Fue así como Érica quedó embarazada. Pero, para sorpresa de ambos, ya la primera ecografía reveló que no solo esperaban un bebé, esperaban cuatro.

“El médico le aconsejó a Erica que se relajara”, comenta Carlos. “Y eso es exactamente lo que ella hizo”. Él se convirtió en su apoyo absoluto, y para dejar que ella descanse se encargó de las tareas del hogar. Además, la madre de Erica se mudó con ellos para brindarles su ayuda.

Los médicos supervisaron muy de cerca todo el embarazo, que transcurrió con absoluta normalidad hasta el 12 de enero, cuando ella fue hospitalizada por tener la presión arterial algo alta. Tres días después Erica le escribió a Carlos al trabajo para avisarle que los médicos planeaban inducir el parto. El momento había llegado.

Como típicos futuros padres felices, la pareja se tomó fotos antes de entrar a la sala de partos, filmaron videos y discutieron nombres. Se decidieron por Carlos Jr. para el niño y Tracey y Paisley para las dos niñas. Erica no terminaba de decidirse por el nombre de la otra bebé. “’Podemos pensarlo después de que nazca’”, recuerda Carlos que le dijo.

Al fin nacieron, para él fue el momento más feliz de su vida: “Me olvidé de lo difícil que podría ser criar a cuatro hijos”, dice. “Ver a Erica y a los bebés sanos era todo en lo que podía pensar. Estaba tan emocionado por nuestro futuro”. Erica, que estaba saliendo de un sueño inducido por la anestesia, apretó la mano de su marido. Todavía no podía hablar. Él se sentó junto a su cama, con sus bebés recién nacidos en la guardería un piso más arriba.

“El mejor día de mi vida se convirtió en el peor. Mis cuatro bebés vinieron al mundo y mi esposa murió. Todo estaba bien, hasta que repentinamente se puso muy mal. Las máquinas comenzaron a vibrar, entraron las enfermeras, llegó el doctor y me dijo que tenía que salir, que iban a practicarle una cirugía urgente porque estaba sangrando por dentro. A la una y media de la madrugada me pidieron que llamara a sus padres porque la situación no estaba muy bien y a los pocos minutos me dieron la noticia de que ella no había podido sobrevivir”.

“Erica escribió en su iPad metas que tenía para los niños, como que aprendieran inglés y español, que fueran al colegio y a la universidad, y yo voy a hacer todo lo posible para que sus deseos se hagan realidad”.

Sus cuatro motores

Carlos lloró cada día la pérdida de Érica. Pero no pudo darse el lujo de parar, sus cuatro niños lo necesitaban más que a nadie y él tenía que estar a la altura de las circunstancias siempre. Tomó clases de cuidados de bebés, aprendió cómo alimentarlos, bañarlos, administrar sus horas de sueño...

Los crio con ayuda de sus familiares y amigos, que hasta crearon una página de GoFundMe donde las personas pudieron donar y ayudar a que Carlos cumpla todos los deseos de Érica.

Emocionado, Carlos recuerda el momento en que cargó por primera vez a sus cuatro bebés, y ahora está seguro de que en aquel momento ella los estaba viendo. “Siempre recordaré su baile feliz, y sé que en ese preciso instante estaba bailando a mi lado”. El tiempo pasó y los niños fueron criados llenos de amor y ternura por su papá, que seguramente les contará sobre su mamá cada día de su vida.

Ser padre soltero es sin dudas una experiencia tan única como titánica. Es que socialmente estamos más acostumbrados a oír la frase “madre soltera” y a las mujeres que crían solas a sus hijos. Pero claro que existen padres que por diversas razones, tienen que hacer frente a la crianza de sus hijos solos, y lo hacen de maravillas.

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