Acepté tener un hijo por mi familia, pero no me pueden obligar a quererlo

Desde que nacemos, nos enseñan que mamá y papá nos amarán siempre, sin importar lo que hagamos. Pero ¿qué pasa cuando nuestros propios padres nos juzgan y nos critican por nuestras decisiones? ¿Dónde queda ese amor incondicional que nos prometieron? Eso fue lo que le ocurrió a una usuaria, así como a muchos otros más.
Muchas veces damos por sentado que los hijos deben cuidar de sus padres toda la vida, y pueden surgir discusiones cuando uno se niega a ser enfermero involuntario.
Cuando me gradué en la prepa, decidí irme a otra ciudad a estudiar la carrera. En mi ciudad no había tantas opciones para estudiar lo que quería, entonces conseguí una beca y me fui a las residencias de una universidad de otro estado. Para mis papás eso fue un golpe, porque son muy apegados a sus hijos; como mis hermanos mayores se estaban casando, ellos no querían que la pequeñita dejara el nido.
Empecé la carrera, visitaba mi ciudad durante el verano y mi mamá prácticamente no me decía ni hola, sino que me saludaba con “¿ya conociste a alguien?”, “¿qué tal los chavos por allá?”. Con el tiempo ya sabía esquivar esas preguntas, porque de verdad no me interesaba salir con vatos. Como al tercer semestre, ya descubrí por qué. Fue como encontrar una caja negra, sabes qué está ahí, pero su contenido es revelador, pero a la vez sabías de su existencia, solo faltaba mirar más adentro para descubrirlo.
Aunque muchos de mis amigos de mi ciudad ya sabían que era lesbiana y que tenía novia, todavía no me atrevía a contárselo a mis padres. Después de un año de relación, no me sentía lista para salir del clóset con mis papás, tenía miedo, y mi novia siempre fue más que comprensiva y paciente con eso. Resulta que ella tuvo una fea experiencia en la secundaria cuando la “outearon” unos compañeros, y quedó traumatizada, entonces comprendía totalmente mi angustia.
La salida del clóset es personal y toma su tiempo, porque es una decisión importante y es eso, una decisión de cada quien contárselo a las personas que quiera en un momento determinado. A mi novia le quitaron esa opción en su adolescencia; yo no tuve esa experiencia, pero tenía esa oportunidad con mi familia.
Empecé con pasos pequeños, primero les conté a mis hermanos y se lo tomaron superbién, sin problemas, algunos quedaron sorprendidos y otros ya se lo veían venir. Eso me hizo sentir animada y con esperanzas, por eso después de meditarlo mucho, estaba lista para tener esa plática con mis papás.
Ya me gradué, tengo una chamba y todo, vivo en un depa y mi novia y yo estamos planeando irnos a vivir juntas en algún momento. Ya prácticamente estoy metida en la vida familiar de mi novia, pero por mi lado no la puedo incluir en la mía al 100 %, porque mis papás me hablan como si nada hubiera pasado, es como si borraran por completo esa faceta de mí, me siento querida a medias, ¿entienden?
Eso sí, cuando trato de hablar de mi novia, fruncen el ceño un poquito, como si estuviera hablando de ese primo o tío que todos odian, y me dicen cosas como: “Después hablamos de eso”, “ahora no”, “no vuelvas a traer ese tema en la mesa” y cosas así. Entonces me quedo con la confusión de cuándo es el momento de hablar sobre este tema, simplemente lo evitan.
Han pasado varios meses así y me siento muy dividida, es algo que no es justo para mí ni para mi novia. Mis hermanos no tuvieron que pasar por esto cuando les presentaron sus parejas a mis padres, ¿por qué a mí? Es un dolor horrible, porque si bien mis papás siempre me han dicho que me aman, siento que solo aman las cosas que les gustan de mí y no a mí en mi totalidad, entonces no puedo compartir todo con ellos como quisiera. Ya no es lo mismo.
Las familias no han sido siempre de una sola forma, tal como lo han demostrado ciertos famosos que no fueron criados necesariamente por una mamá y un papá. También puedes checar cómo lucían algunas celebridades antes de cambiar de género.