10 Hechos poco conocidos de la historia de la moda que se pueden contar en lugar de chistes

Por más salvaje que haya sido la moda, tiende a volver. Por ejemplo, el vestido azul de Charlize Theron en Blancanieves y el cazador estaba cubierto de alas de escarabajo. Y no fue ninguna clase de truco loco de los diseñadores, sino una recreación de la tendencia de la moda de principios del siglo XIX.

Genial.guru decidió preparar a sus lectores para las nuevas sorpresas de la moda. Este artículo te contará a qué trucos descabellados solía recurrir la gente para mantenerse al día con las tendencias de la época.

En el siglo XIX, para estar al día con la moda, tenías que cojear

Alejandra de Dinamarca, esposa del príncipe de Gales, fue un ícono de la moda victoriana. Todas las damas copiaban sus atuendos. Las gargantillas, con las que escondía una cicatriz que tenía en el cuello, fueron adoptadas por todas las damas. Y cuando en 1867 el reumatismo se apoderó de ella, quedó coja, y entonces todas las mujeres fashionistas de repente comenzaron a pasear por las calles de Londres apoyadas en bastones y cojeando sin motivo. La moda de la cojera llegó a tal punto que algunos emprendedores comenzaron a vender zapatos con tacones hechos especialmente de diferentes alturas, para que fuera más cómodo recrear en ellos el andar de la princesa.

Las damas dejaron de cojear solo para empezar a caminar con pequeños pasos, a riesgo de caerse

De 1908 a 1914, las mujeres seguidoras de la moda comenzaron a vestirse con faldas ajustadas en la parte inferior. Se creía que la creación de un diseñador, cuyo nombre no se conoce exactamente, se inspiró en la primera mujer que voló en un avión: la estadounidense Edith Hart Berg. Para evitar que la falda se agitara con el viento, se la ató con una cuerda en los tobillos.

Esta falda era un invento peligroso: debido a su dobladillo estrecho, era difícil correr, caminar, entrar y salir del transporte, y era muy fácil caerse. Algunas mujeres, temiendo rasgar la fina tela mientras caminaban, se vendaban deliberadamente las piernas a la altura de las rodillas.

Y en los años 60 del siglo XX, los fabricantes de papel higiénico convencieron a las mujeres de que los vestidos de papel eran elegantes

La gente ya estaba comprando papel higiénico, toallas de papel, servilletas de papel. ¿Cómo conseguir que gastaran aún más dinero en papel que no necesitaban? ¡Creando una moda para la ropa de papel! Probablemente fue eso lo que pensaron en Scott Paper Company cuando en 1966 comenzaron a elaborar vestidos de papel, que vendían a 1,25 dólares cada uno.

Otros fabricantes siguieron su ejemplo y comenzaron a producir ropa de papel para niños, vestidos de noche y de novia, e incluso impermeables y bikinis que no podían usarse más de 2 o 3 veces. En el pico de la demanda, durante la década de 1960, Mars Hosiery producía 100 000 vestidos a la semana. Sin embargo, a pesar de que estas prendas se consideraban desechables, no eran del todo frágiles e incluso podían proteger a los usuarios de una lluvia ligera.

En la Europa del siglo XVIII, surgió la moda de los pararrayos

A mediados del siglo XVIII, Benjamin Franklin inventó el pararrayos. Y a finales de ese siglo, las damas y los caballeros de la alta sociedad comenzaron a usar sombreros y paraguas con pararrayos portátiles. Se adjuntaba una cinta de metal a los sombreros de las mujeres y a ella, una cadena de plata. Esta cadena se arrastraba detrás de la espalda de la mujer y tocaba el suelo. Después de ser alcanzada por un rayo, la electricidad tenía que pasar a lo largo de esta cadena hasta el suelo, lo que protegía a la dueña del tocado.

Los hombres, siguiendo la moda de los pararrayos, llevaban paraguas con una aguja larga, desde la que también se extendía hasta el suelo una cadena. Irónicamente, los pararrayos comenzaron a usarse regularmente en la construcción de los edificios recién en el siglo siguiente.

Las canas en la cabeza de las romanas simplemente se arrancaban, y los peinados se hacían con la ayuda de unas agujas especiales

En la antigua Roma, los peinados complejos eran populares entre las mujeres, ya que hablaban de su riqueza y de su posición: solo las mujeres patricias podían dedicar mucho tiempo a su creación. Los rizos naturales eran la suerte de los bárbaros. Las adornadoras esclavas, llamadas ornatrix, dedicaban mucho tiempo al cuidado del cabello de sus amas. El cabello se aclaraba con excrementos de paloma. Las sanguijuelas descompuestas se usaban para pintarlo de negro. Y para prevenir las canas, las ornatrix hacían máscaras con una mezcla de hierbas y lombrices de tierra. El problema de las primeras canas era más fácil de resolver: simplemente se arrancaban los cabellos sueltos.

Y en lugar de laca para el cabello, los peinados se fijaban con la ayuda de una aguja especial. Las coletas trenzadas se cosían juntas y se levantaban en peinados altos y elegantes con un lazo de lana.

Los dandis se ponían corsés, se metían en pantalones ajustados y gastaban una fortuna en su guardarropa

Las mujeres no son las únicas víctimas de la moda. En el siglo XVIII y a principios del XIX, algunos caballeros estaban tan preocupados por su apariencia que derrochaban fortunas en su guardarropa. Los dandis tenían unos cuellos de algodón o lino almidonado rígidos como el plástico y usaban corsé para parecer más delgados. Y debido a los pantalones estrechos, la parte inferior del cuerpo tenía la circulación sanguínea alterada, por lo que la cara y el cuello se hinchaban y los ojos se abultaban como los de un pez.

Un dandi del siglo XVIII describió sus pantalones de la siguiente manera: “Me envolvían mucho más fuerte que mi piel. Era imposible meterme en ellos por primera vez sin la ayuda del sastre que los hizo. E incluso con su ayuda, era terrible”. Ponerse unos pantalones así tomaba media hora, y los jóvenes no podían moverse con ellos mejor que los ancianos.

Uno de los dandis más famosos, George Brummell, decía que pasaba hasta 10 horas vistiéndose y que utilizaba los servicios de tres peluqueros al mismo tiempo: uno cortaba sus patillas, el otro, la nuca, y un tercero, los rizos de la frente.

Los hombres con cicatrices eran considerados candidatos idóneos para el papel de marido

Desde la década de 1830 hasta la de 1950, se puso de moda entre los alemanes y los austríacos tener las llamadas “cicatrices de duelo”. Tales “joyas” hablaban de que un hombre era un candidato adecuado para el papel de marido. El caso es que tales cicatrices se recibían durante la práctica de la esgrima académica, que solo podían permitirse las clases privilegiadas. Aunque las heridas recibidas no eran peligrosas, confirmaban la valentía de su dueño. Algunos hombres que practicaban esgrima incluso intentaban hacerse unas cicatrices falsas para lucir más imponentes.

En el siglo XVIII, los hombres usaban maquillaje y se hacían mascarillas por la noche

Si el dandi Brummell se esforzaba por verse elegante y no trataba de llamar demasiado la atención, sus predecesores no eran tan moderados en sus formas de expresión: en el siglo XVIII, muchos hombres usaban pelucas empolvadas, que estaban hechas de cabello humano, de caballo o de cabra, se vestían con tela batista, raso y seda de diferentes colores y usaban maquillaje.

Se blanqueaban el rostro, se aplicaban rubor en las mejillas y en los labios, y se oscurecían las cejas para lograr un mayor contraste. Además, los hombres de la alta sociedad de aquellos años se aplicaban mascarillas y cremas antipecas por la noche, usaban eau de parfum para la boca y otros productos para el cuidado personal.

En la década de 1920, las mujeres trataban de aplanar sus pechos

En la década de 1920, en Occidente aparecieron muchas mujeres cuyo comportamiento no se ajustaba a las normas sociales habituales. Eran las llamadas flappers. Estas chicas primero mostraron el coraje de invitar a los hombres a una cita, vestían informalmente —según los estándares de la época—, dejaban sus zapatos o abrigos desabrochados y usaban el pelo corto. Y en lugar de un corsé, comenzaron a usar un sostén que apretaba el pecho, lo que hacía que su figura pareciera más masculina. Otras mujeres siguieron su ejemplo y también comenzaron a usar este sostén para lucir planas.

En lugar de joyas, algunas mujeres seguidoras de la moda usaban prendas con piezas de escarabajos reales

En el siglo XIX, en Europa apareció la moda de bordar telas caras, que se importaban principalmente de la India, con alas de escarabajo dorado. Se creaban patrones completos con estas alas e hilos hechos de plata enchapados en oro en telas delgadas, que brillaban intensamente y relucían a la luz de las velas. La creación de estos conjuntos era un trabajo titánico: para un solo vestido, podían necesitarse más de 3000 alas.

En 2009, la joven diseñadora Holly Russell se inspiró en esta moda y cosió un vestido de gasa azul cubierto con alas de escarabajos xilófagos metálicos para Lady Gaga. La mujer tardó dos semanas en crearlo.

¿Qué imágenes de la moda de épocas pasadas te gustaría ver en tu vida actual? ¿Sigues las tendencias o no cambias tu estilo durante años?

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