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Qué es la lactancia prolongada y cómo he superado el tabú de hacerla

Hola, me llamo Montserrat y desde que me convertí en madre, experimenté la amarga sensación de que todo el mundo podía opinar sobre mi maternidad. Desde que nació mi bebé, todos los demás comenzaron a hablar sobre lo que yo debía o no hacer. Algunas personas con mejores intenciones que otras. Y aunque tanto a mi esposo como a mí nos ha quedado claro que solo nosotros dos tomamos las decisiones sobre cómo criar a nuestra hija, una de las cosas que más ha causado polémica entre nuestros conocidos es la lactancia prolongada.

Quiero compartir con los lectores de Genial.guru por qué he elegido lactar a mi hija (aun cuando ya ha pasado los dos años) y cuáles son los beneficios que he experimentado con la lactancia prolongada.

El inicio de mi lactancia

Según la OMS, lo más recomendable es que la lactancia materna sea exclusiva en los bebés hasta los seis meses de edad, momento en que se puede hacer una introducción de alimentos apropiados y seguros en la dieta del lactante y, a la par, mantenerla hasta los dos años o más. Sin embargo, en muchas sociedades la lactancia después de esta edad es mal vista pese a que la OMS recomienda mantenerla tanto tiempo como madre e hijo deseen.

Mi lactancia comenzó durante los primeros minutos de vida de mi hija y aunque el proceso fue doloroso en un inicio (la bajada de la leche sucedió hasta dos días después), para nosotras fue un vínculo que se dio de forma natural y sin mucho más esfuerzo. Para algunas madres no ocurre lo mismo; la falta de información o del apoyo del ambiente en el que viven pueden ser factores para que desmotiven y renuncien finalmente al proceso.

En mi caso, recibí apoyo de mi pareja y de mi familia más cercana, por lo que durante el primer año de mi hija la lactancia sucedió sin contratiempos. Pero una vez que rebasamos este periodo, me di cuenta de que los ojos volvían a estar sobre mí y la nueva pregunta quisquillosa era: “¿Y hasta cuándo piensas darle pecho?”.

Beneficios para bebé y madre

Según un estudio realizado por el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, la lactancia materna en niños mayores (con más de dos años de edad) no debe considerarse como algo que sucede fuera de la norma, sino más bien como un objetivo ideal.

Por supuesto, durante todo mi proceso de lactancia, me he mantenido informada sobre los beneficios que esta tendría para mi hija y para mí. En un inicio, sabía que cada vez que ella se alimentaba de mi pecho yo estaba aportándole un montón de nutrientes (un estudio dice que existe relación entre la concentración de proteínas en la leche y el crecimiento que duplica el peso del bebé) y reforzando su sistema inmunológico.

Al mismo tiempo, me enteré de los beneficios que también la lactancia tendría para mí, como la posibilidad de reducir significativamente el riesgo de cáncer de seno u ovario, e incluso correr menor riesgo de padecer diabetes tipo 2, evitar la artritis, y/o enfermedades cardiacas. ¡Sin contar el ahorro a nuestra economía familiar al no comprar fórmula!

Con esta información, pues, decidí continuar amamantando luego de que mi hija cumpliera un año, convencida de que haría mi mayor esfuerzo, pero también consciente de que quizás podría suceder un destete natural. Pero, si bien las tomas se fueron reduciendo, mi bebé no mostró ningún interés por dejar la leche materna ni mucho menos por romper ese lazo tan fuerte entre las dos.

Las llamadas crisis de lactancia

Por supuesto, aun cuando la lactancia en un inicio fue “sencilla” para mí, no todo ha sido color de rosa. Durante estos veintiocho meses de leche materna hemos atravesado las llamadas crisis de lactancia; mi bebé ha pasado por esos famosos “brotes de crecimiento” y yo he experimentado cansancio, dolor, y uno que otro episodio de agitación por amamantamiento. Algunas veces he pensado en destetar a mi hija, sobre todo cuando hay días en los que la crianza se vuelve cuesta arriba, pero luego pasa. Siempre pasa. Y después de unos días así, agitados o demandantes, volvemos a la normalidad de nuestras tomas nocturnas.

Si algo he aprendido con la maternidad es a tener paciencia. A no exigir más de mi hija y ni siquiera de mí misma. Soy consciente de las ventajas que he tenido para que la lactacia sea exitosa. Por ejemplo, poder hacer mi trabajo desde una computadora en casa (a diferencia de las madres que deben extraerse leche para salir a una oficina a trabajar), que mi esposo me apoye, que los profesionales de salud a los que acudimos (pediatra, ginecólogo, nutriólogo y similares) apoyan la lactancia materna.

Una lactancia sin prejuicios

Una de las frases que más oigo cuando digo que sigo lactando a mi hija a sus veintiocho meses, es “tu leche ya solo es agua”. Y esto, por supuesto, es totalmente falso. La leche materna no pierde sus propiedades con el tiempo. De hecho, la Asociación Española de Pediatría dice que, a partir de los doce meses de lactancia, la cantidad de grasa en la leche aumenta y se vuelve mucho más nutritiva para un bebé “mayor”, quien obtiene de ella 1/3 de sus necesidades calóricas y proteicas, así como las vitaminas y minerales. Y esto puede aumentar en los periodos de enfermedad. Entre otros beneficios, comprobados por estudios, se encuentran:

  • Protección inmunológica y menos probabilidad de infecciones en comparación con los niños que no son amamantados.

  • Se ha registrado una menor incidencia de algunos tipos de cáncer infantil.

  • Mayor desarrollo intelectual en el niño, de tal manera que, incluso, puede llevar a alcanzar un mayor nivel de estudios y de ingresos económicos en la vida adulta.

  • Mejor desarrollo emocional y psicosocial del niño.

  • Mejor relación entre el niño y los padres durante la adolescencia y una mejor salud mental en la vida adulta. Esto incluso se ha observado en casos de niños adoptados en los que se realizó lactancia inducida.

Recomendaciones de una madre lactante a otra

Cuando pienso en mi lactancia prolongada como una lactancia exitosa, sin duda también pienso en las oportunidades que tuve para que esta así lo fuera. Por esto, creo importante que otras madres que se encuentran por iniciar el camino o ya se encuentran en él, con incertidumbres o dudas, se sientan apoyadas.

Mis recomendaciones, muy personales, son:

  • Busca ayuda de una asesora de lactancia. Muchos de los casos de madres que tienen dificultades para seguir la lactancia es por falta de información, guía o soporte. Las asesoras de lactancia se encargan de guiarte hacia el camino más adecuado para que disfrutes de este proceso entre tu hijo y tú. En mi caso, me asesoré desde el embarazo.

  • Aliméntate bien. Come saludablemente y varias veces al día. Siempre busca ayuda profesional, pero aquí puedes consultar una guía muy básica.

  • Ayúdate del porteo. Portear a tu bebé no solo es una excelente oportunidad para establecer un apego seguro, sino que también ayuda a la lactancia de manera práctica y cómoda.

  • Intenta pasarlo bien mientras amamantas. Algunas veces, con mi hija, leemos algún libro mientras toma leche; aunque si ella va a tomar la siesta prefiero reducir estímulos en la habitación y acariciar sus manitas o pies. Disfruta de ese momento, quizá al día siguiente tu hijo o hija decida dejar de tomar el pecho.

  • Involucra a tu pareja. Aunque pareciera que la lactancia es exclusiva de las madres, los padres también pueden participar como apoyo. Si tienes actividades en el hogar que te ocupen y que podrían quitarte atención o tiempo con tu bebé, puedes llegar a acuerdos con tu pareja para que se encargue de ellas mientras tú te das un espacio para amamantar.

  • Sigue tu instinto. Nadie nunca sabrá qué es lo mejor para ti y tu hijo, solo tú. Tanto si decides lactar como si no.

Tómalo con calma y simpatía

Los bebés lactantes que ya caminan y corren pueden pasar menos horas dependiendo del pecho materno, pero siempre buscan una forma de conectarse con mamá... ¡incluso en los momentos más inoportunos! Mi hija a veces me buscaba cuando yo tenía que ir al baño. Algunas veces en sitios públicos, como en la sala del aeropuerto, llegaba y tiraba de mi blusa causándome un poco de vergüenza, pero... los niños crecen y cada etapa es divertida y memorable. Solo hay que tener mucha paciencia y tomarse las cosas con calma.

La lactancia materna es una fuente de beneficios potencial, tanto presente como futura. Sin embargo, lo más importante es que todas las madres y todas las familias se sientan incluidas y respetadas por las decisiones que toman en su crianza. El rechazo social a las que nos enfrentamos las mujeres cuando decidimos lactar después de los dos años de edad no solo es absurdo, sino que contradice todo lo que en un inicio se pretende ganar con la normalización de la lactancia materna.

¿Y tú optaste por la lactancia materna? ¿Ha sido disfrutable? ¿Considerarías mantenerla luego de que tu hijo o hija cumpla los dos años? ¿O, tal vez, hayas dado el pecho durante incluso más tiempo? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios.

Ilustrado por Elena Sorokina para Genial.guru
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