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15+ Historias sobre personas que primero pasaron vergüenza y luego lo convirtieron en motivo de risa

Seguramente muchos de nosotros tenemos esos momentos en los que el cerebro, en lugar de mostrarnos dulces sueños, de repente recuerda alguna situación embarazosa que sucedió hace como 10 años. Pero no vale la pena darle demasiada importancia a lo que puede convertirse fácilmente en una divertida historia que contar a los amigos. Lo principal es aprender a tomarse todo con sencillez y humor.

Genial.guru considera que nadie en esta vida está a salvo de pasar por momentos embarazosos. Pero es mejor tratarlos siempre con cierta autoironía, que es exactamente lo que hicieron los protagonistas de nuestra selección.

  • Ayer me quedé dormida en el autobús. Me pareció que había pasado mi parada y, por alguna razón, grité: “¡Ayuda!”. Y salí volando por la puerta delantera. Me di cuenta de que me había equivocado y aún me faltaba mucho viaje. Logré volver a subir al autobús saltando por la puerta trasera, y me senté en el mismo lugar. En el autobús había mucho silencio, hasta el conductor apagó la música. © Berezhanochka / Pikabu

  • Mi compañero finalmente accedió a ir a un oculista a hacerse unos lentes después de que recogió en el tren a un caniche y preguntó amablemente: “¿Quién dejó caer un suéter?”. El “suéter” estaba tan sorprendido que ni siquiera se movió. © Diplaktika / Pikabu

  • Hace tres o cuatro años, alquilamos un departamento de tres ambientes con tres colegas. Como mi habitación estaba adyacente al lugar de las reuniones (cocina) y trabajábamos por turnos, a menudo me despertaba por las risas incontrolables. Tenía que levantarme y llamar la atención sobre el comportamiento inapropiado.
    Pero un día los chicos perdieron la vergüenza completamente. Me desperté porque me estaban alumbrando con una linterna en la cara y me sacudían de los hombros, mientras que otro me daba unas bofetadas en las mejillas. Entrecerrando los ojos por la luz de la linterna y bastante asombrado por esa insolencia inaudita, dije algo como: “¡Se van a sus habitaciones ahora mismo! ¡Ya no les queda nada de vergüenza, canallas!”.
    Abrí los ojos y vi a los internos del departamento gastrointestinal del hospital que me miraban desde todos lados con los ojos como platos. “Es una reacción a la anestesia”, calmó la situación la cirujana. La operación para extirpar el apéndice había sido exitosa, solo que me había olvidado por completo de ella. © Aievs / Pikabu

  • Estaba viajando en un minibús de espaldas al conductor. Dos chicas guapas se sentaron frente a mí. Una sacó un chicle de su bolso, le dio uno a su amiga, luego se metió otro en la boca, y luego me tendió la mano. Yo me puse tímido y respondí: “No, no quiero”. Ella me miró: “Pasa el dinero por el pasaje al conductor, ¿quieres?”. © Cranol / Pikabu
  • Entré en el ascensor, un hombre subió conmigo. Le pregunté: “¿Qué piso?”. “19”. “Solo tenemos 17”, respondí. “Entonces no iré”, y salió. El lunes es un día duro. © Morouie / Twitter
  • Me desperté temprano a la mañana porque mi novio tocó mi mejilla con su dedo. Medio dormida, le pregunté qué quería de mí. En respuesta solo escuché un suave zumbido: “Nada”. Entonces ambos volvimos a quedarnos dormidos. Al despertar a la hora del almuerzo, decidí preguntarle qué había sido eso por la mañana. Él dijo: “Soñé que estaba manejando una motocicleta, y el motor zumbaba muy fuerte. Había tanto ruido que solo después de un rato, noté que la motocicleta no estaba andando, y que solo hacía ese sonido estúpidamente. La apagué y me bajé, pero todavía seguía haciendo ruido. Me desperté por ese ruido y me di cuenta de que eras tú roncando fuerte”. Ups. © veraseed / Pikabu
  • Por la mañana, estaba llegando tarde al trabajo; me vestía con una mano, y con la otra trataba de llamar a un taxi. “Llegará en 7 minutos”. De acuerdo, bajé despacio para no esperar afuera, ya que hacía frío. Estaba bajando las escaleras cuando un hombre que bajaba corriendo con un asiento para niños desde los pisos superiores me empujó el hombro con esa silla. Le dije algo como: “Ten cuidado”, y él simplemente siguió bajando, solo levantó la cabeza hacia mí.
    Estaba esperando el taxi. Hacía frío y llegaba tarde. Unos minutos después, lo vi doblando la esquina. Una vez dentro, me di cuenta de que el conductor era el sujeto que me había golpeado con la silla. Nos detuvimos en el semáforo más cercano y él dijo: “Perdón por haber tardado tanto tiempo, tomé la orden desde casa y luego tuve que calentar el auto”. Le dije: “Sí, me golpeaste en las escaleras”. El taxista se rio: “¿Ah, sí? Estaba oscuro, me pareció que era una especie de vagabundo”. Mi respuesta fue: “Sí que sabes cómo disculparte”. El hombre me miró, y el resto del camino pasó en silencio. © Royk / Pikabu
  • Una noche, estábamos con unas amigas en casa, buscando películas en Internet. Y luego escuchamos afuera de la ventana (primer piso) un espeluznante rugido, gemidos, algo aterrador e incomprensible. Nos asustamos, nos alejamos de la ventana, apagamos la luz, nos quedamos en silencio. Pero el rugido no cesaba. Llamamos a la policía. Resultó que se había abierto una nueva ventana en el navegador con un anuncio de un juego, donde gritaba un goblin malvado. Nos multaron por hacer una llamada falsa. © 63802 / Oídoporahí
  • Estaba en un restaurante con mi familia. Y me gustó mucho el camarero. Junto con el recibo, dejé mi número de teléfono, mi nombre y dibujé un corazón en una servilleta. Me dije que si yo también le había gustado, me llamaría. Y llamó. A mi padre, porque me confundí y escribí el número de mi papá automáticamente. ¡Daría cualquier cosa por ver la cara del camarero en ese momento! © Oídoporahí / Ideer

  • Estaba vendiendo un garaje. Mi estilo de vida: ayudar a los animales. Arreglé con un hombre para ir a las 3 de la tarde a ver el garaje. No guardé el número. Pasadas las tres, entró una llamada, no llegué a contestar, y volví a llamar. Me dijeron: “¡Señorita! Habíamos arreglado para esta hora”.
    Respondí: “Está bien. Paso a buscarte”.
    Lo fui a buscar. Fuimos al garaje. Lo abrí. El hombre se quedó ahí de pie. En silencio. Traté de subir al techo para asegurarme de que no goteara. Le pregunté: “Bueno, ¿qué te parece el garaje?”. El hombre: “Está bien”. Yo: “El precio es de tanto”. Él respondió: “Bueno, está bien. ¿Y qué pasa con los perros?”. Yo estaba perpleja.
    Y me dijo: “Me refiero a los perros del río. Hoy íbamos a discutir cómo los atraparíamos. Me confundiste con alguien”. Yo estaba en shock: “¡Amigo, te fui a buscar, te llevé a un garaje, y nunca se te ocurrió preguntar a dónde íbamos y por qué! ¿Mira si te llevaba a un bosque oscuro?”. Él respondió con calma: “Bueno, nunca se sabe, tal vez tengas un ritual así. Primero, mostrar el garaje, luego hablar de los perros”. © bibizjana / Pikabu

  • Estábamos jugando a las bolas de nieve con mi novio, y tiré accidentalmente una bola en la cara de una chica que pasaba. Todo estaría bien, pero se le despegó una ceja. Mi novio todavía no puede parar de reír. © Oídoporahí / Ideer

  • Una masajista infantil vino ayer a nuestra casa. Una buena mujer, ordenada. Una profesional en su campo. Pero no es el punto. Después del masaje, yo, con el niño en brazos, traté de encontrar dinero en el bolsillo de mi chaqueta. Saqué un billete de 100 y se lo entregué a la masajista. Y ella estaba de pie con una expresión perpleja. Yo: “Disculpa, no tengo uno más pequeño, ¿puedo pagar una semana por adelantado?”. Ella: “Sí, no hay problema, pero acabas de sacar el dinero de mi bolsillo”. © GoodPenguin / Pikabu

  • Hasta los 45 años, nadie le daba a mi madre su edad. Era delgada, atlética, estaba en forma, siempre bien arreglada, usaba vestidos cortos. Cuando tenía poco más de 30, vivíamos en un edificio grande con 3 entradas, nosotros estábamos en la 3.ª. Entonces, un día, se le acercó una mujer de la primera entrada y le ofreció presentarle a su hijo. Dijo que el joven acababa de volver del ejército y necesitaba una buena esposa. Mi mamá se sorprendió, dijo que su hija ya tenía 12 años y que tenía esposo. La señora no le creyó y se ofendió con mi madre, porque estaba segura de que le estaba mintiendo. Ella pensaba que yo (su hija) era su hermana, y nunca veía a papá: estaba constantemente en el trabajo.
    Entonces, más tarde su hijo vino a nuestra casa con flores y bombones. No vino solo, sino acompañado de su madre, que controlaba cada una de sus palabras y cada paso que daba. Mi mamá los invitó al departamento, nos sentamos todos a tomar el té, esperando a que papá volviera del trabajo. Cuando vino mi padre, mi madre les presentó a todos a su marido para aclarar las cosas. Pero hubo un gran escándalo: la señora acusó a mi madre de ser una cualquiera y dijo que ella había aceptado los regalos de su hijo como una muestra de consentimiento y disposición para darle amor. He aquí una historia. No recuerdo cómo terminó todo, pero mi madre lloró y mi padre se rio a carcajadas durante mucho tiempo. © Kotso / Pikabu

  • Hace unos años conocí a un vecino en mi casa de campo. Yo tenía entonces 35 años y mi vecino y su esposa, unos 50. Charlamos durante mucho tiempo alegremente en su casa y nos hicimos amigos. También me presentó brevemente a su esposa.
    Al día siguiente, decidí ir nuevamente a la casa de mi vecino por algo que no recuerdo. Fui a la puerta y presioné el timbre. Su esposa se acercó a abrir la puerta. Miré su rostro severo y serio, que ni siquiera permitía pensar en relaciones amistosas, quedé confundido y avergonzado, y solo pude preguntar: “Señora Pérez, ¿Alex está en casa?”. © kofa1432 / Pikabu

  • Llamé a mi papá para desearle un feliz cumpleaños: “Papá, felicitaciones, ¡te deseo todo lo mejor!”. Papá: “¡Gracias, hija! ¡No olvides felicitar a tu tío!”. Quedé perpleja: “¿Qué, él también cumple años hoy?”. Mi papá estaba en shock. Mi tío es el hermano de mi papá. ¡Hermano gemelo! ¡Santas vaquitas, yo ya tenía 20 años entonces! © ganseblumchen / Pikabu

  • Ayer estaba caminando con mis amigos. Pasó un coche y había un enorme ramo de flores en el asiento del pasajero. Yo dije: “¡Mira, qué ramo tan lindo! ¡Quisiera uno igual!”. Cuando el auto se acercó más, resultó que era una gran escoba. Fue un poco incómodo. © Oídoporahí / Ideer

¿Alguna vez has tenido momentos en los que te sentiste insoportablemente avergonzado e incómodo? De ser así, ¿cómo superaste esas situaciones?

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