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15 Personas que demostraron que los viajes en avión pueden ser cualquier cosa menos aburridos

Los viajes largos en un espacio reducido con desconocidos suelen dar lugar a situaciones imprevisibles. En ocasiones, por ejemplo, puedes tener muy mala suerte con los compañeros de viaje, por lo que los vuelos se terminan convirtiendo en un calvario. Otras veces, por el contrario, puedes conocer a gente fascinante o, incluso, encontrar el amor.

En Genial.guru nos encontramos con historias de personas sobre sus vuelos más memorables y queremos compartir contigo sus emotivas experiencias.

  • Volamos en avión con nuestro bebé de un año. Era un vuelo largo y todo era muy estresante. El bebé no paraba de llorar. Un hombre calvo de unos 30 años se acercó a nosotros, dijo que era un lama budista, tomó al bebé en brazos y empezó a cantar una especie de mantra en un tono bajo y tranquilo. El bebé se durmió en menos de dos minutos. Siguió durmiendo durante una hora. E incluso cuando se despertó, no volvió a llorar. ¡No sé cómo lo hizo! © Oído por ahí / VK
  • Cuando me senté en el asiento, me quedé dormida de cansancio. Cuando desperté estábamos en pleno vuelo. En ese momento, sentí que el aire estaba demasiado seco, o había un alérgeno cerca, pero mis ojos estaban repentinamente llorosos y mi nariz goteaba. Fui a lavarme la cara y cuando volví la comida ya estaba servida. Llamé al azafato y le dije que me había quedado sin mi porción. Me preguntó rápidamente qué menú prefería, se apresuró y me trajo una bandeja. Luego se quedó mirándome con compasión y dijo: “Ehh... No se ponga así, señora. Tenemos mucha comida, suficiente para todos”. © Ordanka / Pikabu
  • Había una señora interesante sentada a mi lado que estaba escuchando música con sus auriculares. Al parecer, las canciones le gustaron tanto que empezó a cantarlas en voz alta. La primera vez pensé que era una broma y que nos estaban grabando con una cámara oculta. Le pedí a la “cantante” que parara, ya que estaba intentando dormir. Pero me dijo que no había dicho nada. La situación se repitió tiempo después. Los pasajeros se quejaron, pero cuando la azafata le pidió que parara, volvió a decir que no entendía lo que le estaban pidiendo. Así que volamos durante otras tres horas con esta situación. Me consolé pensando que, generalmente, pagamos por escuchar música en vivo en los restaurantes, pero aquí nos “enriquecemos culturalmente” gratis. © Palata № 6 / VK
  • Hace unos años volvía de vacaciones y tengo terror a volar. En la mitad del vuelo, oí la voz del piloto: “Queridos pasajeros, les habla el capitán, bla-bla-bla, quiero hacer un anuncio”. En ese momento, mi corazón casi estalló, me aferré a mi asiento, preparándome para “fallo del motor/mantengan tranquilidad”, apenas pude contener el llanto. Resulta que un tipo había decidido usar a nuestro piloto para proponerle matrimonio a su “media naranja”. La joven chilló de felicidad, la gente aplaudió, y yo ahora odio volar aún más. © Oído por ahí / VK
  • Ocurrió cuando tenía unos 10 u 11 años. Me esperaba un vuelo de nueve horas. Mi asiento estaba en el centro. Una mujer mayor sentada junto a la ventanilla llevaba una especie de perfume con un olor muy penetrante, de los que dan dolor de cabeza en los primeros 10 minutos. Pero lo peor era que iba al baño cada dos horas y renovaba el aroma. Ese hedor, combinado con las turbulencias, fue suficiente para que acabara vomitando durante el vuelo. La experiencia me traumatizó tanto que durante años tuve que tomar pastillas contra el mareo. © DudeAbides29 / Reddit
  • Una vez, en un avión, una niña de unos 4 o 5 años se interesó mucho por mí. Me miraba por encima del respaldo del asiento todo el tiempo. Creo que le impresionó mi viejo y desgastado sombrero de vaquero. Escuché a su madre reprenderla y decirle que no era un verdadero vaquero, pero la niña me siguió observando de todos modos. Al final le hablé y le propuse que cuidara de mi lagartija (era un peluche que había comprado para mi sobrina). La niña se emocionó y jugueteó con él hasta el aterrizaje, y luego me lo devolvió con tristeza. Me puse el juguete en la oreja y le dije a la nena: “Oh, no, creo que quiere quedarse contigo. ¿No te molesta?”. La expresión de su rostro fue la principal recompensa para mí. © John Smith / Quora
  • Entro en la cabina, llego a mi fila y se produce un cambio... Una mujer mayor debía estar sentada cerca de la ventanilla, yo estaría en el medio de la fila y un chico del lado del pasillo. Vi que la mujer no estaba contenta con eso, se indignó y les dijo a las azafatas que quería sentarse al lado del pasillo. Luego añadió que podíamos tomar su asiento.
    Le pregunté al tipo: “¿Quién se sentará junto a la ventanilla?”.
    Él: “¡Me da igual!”.
    Yo: “Resolvamos esto como hombres...”.
    Así que jugamos a “piedra, papel o tijera”. Él perdió, yo me senté junto a la ventana. © Artur1807 / Pikabu
  • Estaba sentado en el pasillo esperando el despegue, había asientos vacíos cerca. De repente, oí una voz baja y ronca detrás de mí: “¿Le parece bien que me siente a su lado?”. Miré hacia arriba y vi a un tipo grande y robusto. Lo dejé pasar. Se sentó e inmediatamente se apoyó en los dos reposabrazos, sin dejar espacio para mí. De a poco empecé a irritarme por eso. Entonces, mientras despegábamos, decidí darle otra oportunidad y le dije: “Bonito día para volar, ¿eh?”. Se quedó callado y luego dijo: “Es mi segundo vuelo”. Y entonces caí en la cuenta: el señor no estaba siendo maleducado, solo estaba asustado y tenso. Terminé preguntándole cómo estaba, y al llegar me dio la mano y me agradeció que lo hubiera distraído de sus preocupaciones durante el vuelo. © Ian G. Heller / Quora
  • 12 horas de vuelo. Tenía un asiento en el centro y resultó estar roto. El tipo de al lado se quitó los zapatos, que apestaban horriblemente, y la mujer que estaba a mi izquierda derramó el jugo de naranja sobre mí. Además, el enchufe de los auriculares de la tableta de entretenimiento estaba roto. Bueno, al menos me dieron una bolsa de papitas gratis como compensación por el asiento roto. © 26pointMax / Reddit
  • Una vez vi a una mujer dar a luz justo delante de mí durante un vuelo. Todo salió bien y el bebé estaba sano. Excepto que cuando el avión aterrizó, a uno de los pasajeros no se le permitió bajar del avión, porque el registro decía que había 110 pasajeros, pero resultaron ser 111. © Palata № 6 / VK
  • Estaba en un avión con un joven muy guapo, nos sonreímos el uno al otro todo el vuelo. Luego tomamos el mismo autobús, mirándonos, después el mismo metro, el rumbo de los dos coincidía. Entonces él se acercó, se ofreció a ayudarme con mi bolso y me hizo una broma. Empecé a reírme y de repente salió una burbuja de mocos gigantesca de mi nariz... Pensé: “Bueno, ya está, por una vez se estaba creando algo que merece la pena, ¡¿y tenía que pasar esto?! Qué fiasco”. Roja como un tomate, agarré mi bolso, me di la vuelta en silencio y empecé a alejarme. ¡Pero él me siguió, me tocó el hombro y me tendió una servilleta! También me llamó para que nos viéramos. Así que ningún moco puede interponerse con el mismísimo amor. © Palata № 6 / VK
  • Una vez me senté justo al lado de dos niños en un avión. Un hermano y una hermana, de 7 y 5 años respectivamente. Los chicos estaban muy intranquilos y su padre decidió calmar a su hijo dándole un acordeón. ¡Un acordeón! ¡En un avión lleno de gente! ¡A un niño de 7 años! El chico, por supuesto, no sabía tocarlo en absoluto, y los sonidos salían de aquel instrumento como si el mismo diablo los creara. Pero eso no fue todo. Al oír esta “música”, su hermana se puso a cantar no menos “melodiosamente”. Un completo caos de notas en el dúo de acordeón y voz infantil. La azafata se lo llevó después de cinco minutos. © Oído por ahí / VK
  • Estaba volando en un avión. Había una mujer sentada a mi lado, escribiendo algo en un cuaderno de forma muy acelerada. Luego cerró los ojos y se puso a dormitar. Por curiosidad, miré el cuaderno para ver qué había escrito. Sinceramente, ¡ojalá no lo hubiera hecho! Porque escribía que estaba segura de que su madre había invocado a unos demonios, que se escondían en el avión entre los pasajeros y que, si no se quedaba quieta, la encontrarían. La frase “tengo miedo” aparecía constantemente ahí. Luego también yo me puse nerviosa todo el vuelo, daba cosa estar sentada a su lado. © Oído por ahí / VK
  • Estaba volando a otra ciudad con una chica a mi lado. Empezaron a servir la comida, yo tomé pollo con arroz, pero mi acompañante se negó. El vuelo duró mucho tiempo y luego tuvimos que aterrizar para recargar el combustible. Después del despegue, las azafatas empezaron a repartir otra vez las bandejas de comida. La chica, de nuevo, se negó a tomar su porción. Cuando empecé a comer, me di cuenta de que la joven miraba mi plato con ojos hambrientos. Al final del vuelo nos pusimos a hablar. Le pregunté: “Qué vuelo largo, ¿no? ¿Estás a dieta?”. Se sonrojó y dijo que no tenía dinero extra para comprar comida. Tendrías que haber visto sus ojos, llenos de dolor y decepción, cuando le dije que la comida estaba incluida en el precio del pasaje... © Trudowick / Pikabu
  • Estaba sentada junto a la ventanilla del avión. En los dos asientos contiguos, estaban una madre y su hija de 6 años. No se entrometían, todo estaba en calma. En el proceso, me quedé dormida. Cuando me desperté, giré la cabeza y me quedé realmente sorprendida, por no decir otra cosa: la niña estaba sentada tranquilamente en el asiento junto al pasillo, ya sea dibujando o leyendo, no lo recuerdo con exactitud, ¡y en el centro, su madre haciendo yoga! No tengo ni idea de cómo era capaz de retorcerse en ese asiento para poner las dos piernas en alto con una cara completamente impenetrable y apoyar los brazos en el respaldo de la parte delantera, pero el espectáculo era, como mínimo, impactante. © Palata № 6 / VK

¿A ti también te pasó algo inusual a bordo de un avión?

Imagen de portada Trudowick / Pikabu
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