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20+ Personas que solo se subieron a un taxi, pero vivieron una experiencia única

Los servicios de taxi han dejado de ser un lujo que pocos pueden permitirse. Miles de personas se suben a coches con inscripción de cuatro letras cada día para llegar a su destino de forma rápida y cómoda. Pero a menudo sucede que un traslado banal del punto A al punto B se convierte en un viaje épico que ni el conductor ni los pasajeros pueden olvidar.

Genial.guru le encantan las historias no convencionales, y leímos con interés las revelaciones de los taxistas y sus pasajeros sobre los viajes más memorables de sus vidas.

  • Llegué a mi ciudad natal temprano en la mañana y tomé un taxi en el aeropuerto. Intercambiamos algunas palabras con el taxista y luego viajamos en silencio durante más o menos media hora. Y de repente recordé que no le había dicho la dirección. ¡Me sentí completamente aterrada! ¿A dónde me está llevando? Le pregunté con voz ahogada por el miedo: “¿A dónde me llevas?”. Él: “Bueno, a tu casa. ¿A dónde si no?”. Yo: “¿Cómo sabes dónde vivo?”. Dijo la dirección de mis padres. Mi cerebro comenzó a hervir... Luego se volvió hacia mí y dijo: “Vamos, no tengas miedo, soy tu excompañero de clase, Alex Tomilin”. © Irina Kulikova / Facebook
  • Una vez llegó un taxista en una camioneta, pero no estaba solo. En la parte de atrás del maletero había dos grandes perros husky. Resultaron ser los perros del taxista. Así que recorrimos toda la ruta los cuatro: yo, el conductor y los perros, que, por cierto, resultaron ser muy educados.
  • Viajé con un taxista “maravilloso”, que en 20 minutos de viaje me dijo lo siguiente: “Dar a luz a los 14 años es normal, hasta es un poco tarde, se puede hacer incluso antes”; “hay que dar a luz en casa, en las maternidades solo dan a luz las mujeres fáciles y que no tienen marido”; “Los médicos obligan a las mujeres a esforzarse durante el parto, pero lo que hay que hacer es relajarse”. Sugirió hacer lo mismo para el estreñimiento.
    Y eso que al principio solo me preguntó si me gustaba la ciudad. © Zloi medik / Vk

“Encontré este taxi en Estambul, un Lamborghini Urus”.

“El caso cuando tus padres te lo dan todo, pero igual quieres intentar conseguir un trabajo”. © Toadstool913 / Reddit

  • Trabajaba como taxista. Un pasajero estaba hablando por teléfono, aparentemente con un servicio de atención al cliente: “Entregaron el paquete en la casa equivocada... No... No... Una casa blanca. Sí... Sí... ¿Acaso alguien más aquí pudo haber tratado de comprar alpacas vivas?”. © PonderQuestions / Reddit

  • Llamé a un taxi para ir al médico. Subí al auto y el conductor me dijo: “Qué raro, no te conozco”. Quedé con la pregunta muda impresa en el rostro. El taxista: “Vivo en este edificio, en el piso 12, desde 1975”. Yo: “Bueno, yo no vivo aquí desde 1975, por supuesto, pero soy tu vecina desde hace 8 años”. © PonderQuestions / Reddit

  • Iba con mi hija a su escuela de música. Llegó un taxi conducido por una mujer. Abrí la puerta trasera izquierda, subí a la niña, cerré la puerta. Di la vuelta al coche para subir del otro lado. Abrí la puerta trasera derecha y ¡el coche arrancó! Con mi hija adentro. Me aferré a la manija desde afuera, corriendo y gritando. No corrí mucho, unos diez metros. Entonces el taxi se detuvo. Subí. Y pasé todo el camino calmando a mi asustada hija. También le dije lo que pensaba a la conductora, sin insultos, pero con emoción. © VerPath / Pikabu

“Hoy me llevó un taxista bonito”.

  • Me lo contó un taxista amigo: un hombre iba tarde al trabajo, llamó un taxi. El auto llegado, el conductor le dijo algo al hombre, pero él no le prestó atención, abrió la puerta trasera del auto y se sentó. El conductor le gritó: “¿Por qué abriste la puerta?”. El pasajero no se inmutó: “Obviamente para subir al auto”. El sujeto tuvo que sujetar la puerta del taxi durante todo el viaje porque simplemente no cerraba. Seguramente recordará ese viaje por el resto de su vida. © Diksha / Quora

  • Llegamos a una ciudad por primera vez. Tomamos un taxi. Éramos 5 chicas de entre 22 y 27 años. El conductor tenía un aspecto aterrador, parecía un asesino en serie. Viajamos un largo rato. Se puso de noche. Nos llevó a un parque o una plaza oscura, detuvo el coche, salió y fue hacia el maletero. Al grito de “¡Fue por el arma!” salimos corriendo y nos dispersamos en diferentes direcciones. Como resultado, el conductor nos estuvo juntando durante mucho tiempo por todo el parque. Resultó que se había pinchado una rueda, y él mismo era un hombre normal. © Larisa Bashkina / Facebook

  • Trabajaba como taxista. Recordé a una mujer joven que me pidió que me detuviera cerca de una tienda. Ella y su amiga permanecieron allí durante media hora y regresaron al auto con una docena de globos inflados. Los globos llenaron todo el espacio del auto, a tal punto que hasta comencé a preguntarme cómo lograba seguir conduciendo. Cuando llegamos a su destino, les dije que nuestro servicio de taxi les permite a los pasajeros darles propina a los conductores. Nunca le había dicho eso a ningún pasajero, pero aquella situación me enfadó mucho. Ambas mujeres se rieron y bajaron del taxi con todos sus globos, y uno estalló junto a mi oreja. No dejaron ninguna propina. © Steven Papier / Quora

“Acabo de ver esto en un taxi. ¡Necesito estas pegatinas para poder colocarlas en lugares aleatorios!”.

  • Soy discapacitado desde que nací, no tengo brazos ni piernas (uso prótesis). Por la noche, llamé a un taxi con tarifa económica, aclarando que se detuviera en un lugar específico. Estaba allí, esperando. Pasó un taxi y se detuvo a unos 100 metros del punto indicado. Lo llamé con una cortés solicitud de que regresara al punto indicado. En respuesta, escuché una pregunta que, por un lado, era bastante lógica: “¿Acaso no tienes piernas para acercarte?”. Imagínate la sorpresa del pobrecito cuando escuchó como respuesta: “No, no tengo”. No hace falta decir que el viaje hasta mi casa se hizo en un silencio sepulcral. © proudman / Pikabu

  • Tenía unos 16 años. Estaba en la casa de mi tía y, por la noche, ella me metió en un taxi. Por el camino entablé una conversación con el conductor, le dije que era huérfana. Él me escuchaba y suspiraba con tristeza, y luego cambió abruptamente la ruta y condujo en una dirección completamente diferente. Ya empecé a despedirme de la vida, cuando dijo: “Listo, llegamos. Aquí es mi casa”. Una mujer con varios paquetes salió corriendo a recibirlo, él los puso en mi regazo y dijo: “A ver, pruébatelo”. Miré y dentro había un abrigo de piel, suéteres, camisetas. Era invierno, yo usaba zapatillas y chaqueta de cuero, porque acababa de salir del internado. Quería negarme, pero él tiró la bolsa en el maletero, me llevó al dormitorio de la universidad y me dejó su número de teléfono para que pudiera llamarlo si necesitaba algo. © “Oídoporahí” / Vk

  • Una vez me tocó una conductora rubia. El viaje era largo, de más de una hora, y durante ese tiempo ella violó al menos una docena de reglas, giró donde no debía, se salió al carril contrario 3 veces por mirar distraída a los lados, giró en sentido equivocado (aunque el navegador estaba funcionando), la radio estuvo sonando todo el camino, y yo estaba tan impactada de que ya tenía miedo de decirle algo. Bueno, como culminación, tras dejarme en mi destino, condujo de regreso por una calle de un solo sentido “contra la corriente”. © enottweet / Pikabu

“El techo del taxi en el que estoy viajando está cubierto con dinero de todo el mundo”.

  • Tengo una pequeña Yorkshire Terrier. Todavía era una cachorra del tamaño de una palma. Tenía que llevarla a vacunar, llamé a un taxi, avisé que iría con un perro. Llegó, subí, la cachorra estaba debajo de mi chaqueta. Viajamos, y de pronto algo le dio curiosidad, se movió y sacó el hocico. El conductor frenó bruscamente con horror y corrió fuera del auto con un grito. La cachorra y yo quedamos terriblemente asustadas. Y él se acercó cautelosamente al coche y preguntó con horror: “¿Qué te pasa? ¿Por qué una bestia salió de ti?”. En resumen, salí del auto, me negué a viajar con él por si acaso. Llamé a otro taxi. Por cierto, la “bestia” era del tamaño de una manzana pequeña. © Natalya Mazina / Facebook
  • Una vez, cerca de una prestigiosa universidad, a mi coche se subió una anciana. Un joven la había acompañado hasta el auto. Le pregunté quién era él y ella respondió que era uno de sus alumnos. Resultó que tenía 86 años y todavía enseñaba Informática. Charlamos durante 45 minutos y resultó ser muy inteligente. Cuando llegamos, me dio una propina de 5 USD. Dije que no era necesario, porque me había gustado nuestra conversación. Ella respondió: “No te pregunté si era necesario o no, solo te di el dinero”. He hecho más de 3 600 viajes y ese fue el mejor. © Arthur McBeth / Quora

“Varias veces he visto en Internet fotos de taxistas que compran comida sabrosa y productos de higiene para los pasajeros con su propio dinero, ganado con tanto esfuerzo. ¡Pero era la primera vez que lo veía con mis propios ojos! Taxista Elena, en un coche amarillo, realmente animaste a alguien después de un día difícil”.

  • En el 2005, en una estación de tren subí a un taxi que había aparecido en la plataforma. El viaje comenzó con el hecho de que el hombre condujo hasta la gasolinera más cercana y me pidió que pagara por la gasolina, ya que ese era su primer viaje y aún no tenía ni gasolina ni dinero. Seguimos. La música estaba a todo volumen, le pedí 4 veces que la bajara un poco, pero no reaccionaba. Le sacudí el hombro y le dije que moriría de migraña si la música seguía sonando así. “Oh, por supuesto, lo siento, es que soy casi sordo”. Entonces ya no pude aguantar y le pregunté: “¿Pero al menos ves?”. Bueno, llegamos al barrio de mi amigo, el taxista preguntó: “Bueno, ¿y ahora a dónde?”. El pobre no tenía mapa, pasamos otros 20 minutos buscando la casa necesaria, pero recordé el viaje por mucho más tiempo, sí. © Anna Dziuba / Facebook

  • Una noche llamé a un taxi para ir al trabajo. La suerte me sonrió. Y, además de un buen auto, era una conductora, lo que en la mayoría de los casos significa un viaje tranquilo y buena música. La chica se pasó del lugar indicado, pero aun así encontré el auto, aunque con cierta dificultad. Al parecer, ella estaba avergonzada, y luego de un par de minutos de viaje, me esperaba una confesión: “Sabes, eres mi primero”. Fue difícil, pero me las arreglé para contener la risa y le dije algo alentador. © Simplygreat / Pikabu

¿Qué historias poco comunes relacionadas con viajes en taxi te han sucedido a ti?

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